Por Luis Carlucho Martín
Amigo lector, acompáñeme en este relato deportivo que persigue concienciar en torno a incomprensibles e incongruentes realidades que sufren –y por las que pierden– los verdaderos protagonistas: los atletas.
Recientemente circuló una información según la cual el tenis de mesa –luego de un tiempo largo– volvía al concierto internacional en su máximo nivel. Venezuela estaría en el Mundial Adulto de Londres ante otras 63 selecciones en el marco del 100 aniversario de la Federación Internacional. Noticia que complace al mundo deportivo en general. Pero la misma nota, entre análisis y explicaciones, llamaba a la reflexión en torno a la estructura y el andamiaje millonario en el que se ha convertido esa disciplina deportiva en el país y su poca o nula efectividad hacia los compromisos del más exigente nivel de la alta competencia.
Que inviertan en deporte no es criticable. Es más, se aplaude. Lo terrible es que no se supervise y, por ende, no se den los resultados óptimos. Y, acaso lo peor, es que surjan pugnas internas que terminan perjudicando, visible y quizás irreversiblemente, a los más vulnerables de esa sucesión de eslabones: los atletas.
Sucede que la selección femenina máxima, integrada por Camila Obando, Roxy González, Dakota Ferrer y Cristina Gómez, ganó su cupo para participar en el Mundial que se juega en Copper Box Arena y en el OVO Arena Wembley, desde el pasado 28 de abril hasta el venidero 10 de mayo. Y como nadie informa nada –y menos cuando no conviene– surge la investigación por las vías normales y las paranormales y zuás, ¡oh sorpresa!… las chicas criollas se quedaron vestidas y alborotadas: no las llevaron a la máxima competición del orbe. Vaya usted a saber por qué. ¿Qué alegarán los federativos? ¿Falta de recursos? ¿O, posiblemente saberse, desde el nivel competitivo, con pocas opciones –lo cual contradice su propaganda triunfalista desplegada través de múltiples redes sociales? Y lo más insólito es que, mientras las raquetas criollas no verán acción en el Mundial, se confirma la participación de los federativos venezolanos en el Congreso Mundial. O sea, las mujeres se sudan, se esfuerzan y se ganan su cupo, pero quien viaja al evento y se lleva la gloria de cobrar sus viáticos completicos es, o son, los federativos. ¡Incomprensible e injustificable!
Pero nadie dice nada. ¿Será que hay temor de denunciar ante posibles represalias? ¿Acaso hay peor castigo que negarles a las atletas su participación en el mundial, ganada en buena lid?
Esa zancadilla podría frustrar y detener el avance de una generación que tiene derechos e ilusiona como pasaba en los lejanos días de Elizabeth Popper, Fabiola Ramos, Luisana Pérez, Andreína Arvelo, Hugo Tirado o Francisco López, o más recientemente con César Castillo. O entrenadores como Marcos Herrera, Miguel González o Pancho Seijas. O dirigentes como Papelón Borges…entre otros. Y no es quedarse viendo por el retrovisor, pero tampoco se puede negar la historia y mucho menos dejar de comparar, aunque a muchos no les agrade.
Rescatamos este extracto de la nota referida inicialmente: “…cuántos entrenadores nivel 3 de ITTF hay ahora mismo en el país. Hoy por hoy la ITTF tiene al criollo Francisco “Pancho” Seijas –estuvo como head coach en Chile y ahora trabaja en el mundo de manera independiente– como el instructor que da la máxima nivelación para América –nivel 3–. ¿Qué ha sucedido con la formación en este país? ¿Acaso puede haber avance técnico de los atletas sin buenos entrenadores?”
Alguien debería investigar y hacer del conocimiento público, de manera oficial, qué se esconde tras este artero backhand –golpe de revés que, en este caso específico, genera tremendo revés deportivo y sicológico– con el cual se desnuda un ilógico enfrentamiento entre los intereses de los atletas y los de los federativos y otras autoridades del deporte…
Pudiera responder y aclarar ante la opinión pública el señor Danir Balbás, presidente de Fevetenis de mesa; o su vicepresidente, Alexis Tovar; o en su defecto, el secretario general, Betulio Hernández. Alguien debe decir algo. Y, a mis colegas periodistas –nada de youtubers, influencers peorros, ni tarifados–, por favor, ojo avizor con este y otros casos. Basta de elogiar logros “tapa amarilla” y quedarse en nimiedades. Basta de lisonjas y complacencias. No se trata de ser inquisidores sino de ir tras la verdad. Ojalá el fulano Congreso Mundial llene de nuevas ideas, conocimientos, planes y sistemas modernos de entrenamientos al federativo y que se vuelva multiplicador a favor de la causa tricolor. Si se unen esos esfuerzos y se reivindica a los atletas, sin dudas, el malintencionado revés, aquí ilustrado, podría tornarse en un golpe certero y muchos puntos a favor para que logre significativos y tangibles avances nuestro vulnerado tenis de mesa.
En lo más coloquial de esta fascinante disciplina, de darse esas condiciones se pudiera propinar un ejemplarizante “zapatero” a la dirigencia ineficaz y, muy posiblemente, se marcaría una nueva ruta para otras disciplinas deportivas.
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