jueves, mayo 21, 2026
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El precio de la paciencia…

Luis Semprún Jurado

El Bohemio estaba más lleno que nunca. Era un miércoles cualquiera, pero la noticia del secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores seguía dando la vuelta al mundo y todos querían entender. Carmen apenas daba abasto con los cafés. En la mesa del rincón, Anacleto no tenía periódicos desplegados. Tenía una libreta de tinta verde con anotaciones que parecían el mapa de un campo de batalla.

El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor. Traía una pregunta que le pesaba en la boca. «Anacleto, todo el mundo habla de traición. Que si Delcy entregó a Maduro, que si los Rodríguez negociaron con los gringos, que si el chavismo se fracturó. ¿Qué crees que es verdad y qué es cuento?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las preguntas grandes no se responden con la calentura del momento. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del ventilador. «Camarita, lo primero que hay que desmontar es la narrativa emocional de la traición. Aquí hay demasiada gente analizando esto como si fuera una serie de Netflix y no una operación geopolítica Esa narrativa no surge espontáneamente, no es inocente. Es una herramienta clásica del enemigo cuando no puede destruirte por la fuerza. Entonces ejecuta algo aparentemente más sutil: trata de dividirte desde adentro.»

El viejo periodista soltó una risa seca. «Hoy cualquiera se cree estratega militar con dos videos de TikTok y tres hilos de X.»

La profesora intervino mientras cerraba un libro. «La indignación instantánea es el combustible favorito de la guerra cognitiva.»

«Y el rumor», añadió el boticario desde otra mesa, «es el petróleo del algoritmo.»

Anacleto encendió un cigarrillo. «Miren… aquí hay algo que debemos entender antes de seguir. El problema no es solamente qué ocurrió. El problema es cómo nos obligan a interpretarlo. Porque desde el primer minuto apareció la maquinaria emocional: “traición”, “entrega”, “negociación secreta”, “vendidos”. Todo rápido; todo histérico; todo diseñado para que nadie piense.»

El coronel retirado, que seguía el análisis con la mirada de quien ha estudiado estrategia militar, se inclinó sobre la mesa«¿Usted cree ahora que la captura de Maduro fue una jugada calculada?»

«Hay momentos en la historia, coronel, donde lo que parece una derrota es en realidad una jugada que se tenía en cuenta como hipótesis posible dentro de un conflicto. Una retirada que esconde una victoria futura, no instantánea, porque la historia corre en tiempo real y no en dos horas como las películas de acción.» Soltó otra bocanada de humo y continuó: «Para analizar la realidad de forma racional, debemos entender eso primero. De lo contrario, no comprenderemos absolutamente nada de lo que está pasando hoy en el tablero geopolítico mundial.» Tomó un sorbo de café. «Estados Unidos lleva más de veinte años intentando quebrar al chavismo por distintas vías: sanciones, bloqueo financiero, aislamiento diplomático, guerra mediática, intentos de golpe, operaciones clandestinas, mercenarios y saboteos económicos. Y aun así, el Estado venezolano siguió en pie. Golpeado, sí; deteriorado, también. Pero en pie.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó un mapa de las reservas petroleras del mundo. «Venezuela tiene la mayor reserva de petróleo del planeta. Eso no es un dato menor, es el eje central de todo el conflicto. Estados Unidos, incluso siendo enemigo político, siempre necesitó ese petróleo. Chávez le vendía petróleo a Estados Unidos.» hizo una pausa para mirarnos, como esperando una reacción y siguió:  «Venezuela siempre hizo negocios petroleros con Estados Unidos. Porque la economía no se cambia de un día para el otro.»

«Cierto», dijo el coronel retirado. «Pero ahora, disimuladamente buscaban control energético, control territorial y control político. El petróleo sigue siendo el gran fantasma detrás de toda esta historia. Y eso no cambió porque ahora “hablen bonito” de democracia y derechos humanos.»

«Exacto, camaritas» dijo Anacleto, señalando el mapa con la colilla humeante. «China y Rusia aún hoy hacen negocios macroeconómicos con Estados Unidos y la Unión Europea. Son enemigos, sí, pero cooperan económicamente también. No hay contradicción, ahí hay realismo político. Las grandes potencias no funcionan con ideología pura, funcionan con intereses. Eso es la geopolítica real, no una película donde hay buenos y malos absolutos.»

El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y Delcy? Dicen que ella está negociando con los gringos, que les está vendiendo el petróleo a precio de ganga…»

La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café, pero no era una carcajada alegre. Era de esas que sueltan los viejos cuando ven a un niño confundir la táctica con la traición. «Camarita, cuando aparece Delcy Rodríguez negociando o vendiendo petróleo a Estados Unidos, automáticamente se activa la narrativa de la traición. Pero eso es desconocer completamente cómo funciona el poder.» Se acomodó sus lentes de carey y… «Delcy no es una figura electa por voto popular, es una funcionaria designada dentro de una estructura política consolidada, así lo dicta la Constitución venezolana. Estamos hablando de dirigentes que se conocen hace décadas, que atravesaron golpes de Estado, saboteos, sanciones, intentos de asesinato. Creer, sin pruebas concretas, que todo eso se rompe de un día para otro es caer exactamente en la trampa narrativa del adversario.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados golpes de Estado, intervino desde la barra. «Y entonces aparece la pregunta clave: ¿por qué Maduro no ordenó derribar los aviones? ¿Por qué no hubo una respuesta militar masiva? Eso es lo que la gente comenta y se pregunta. ¿No estamos armados hasta los dientes?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Sun Tzu lo dice con claridad: «Lo supremo en el arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». ¿Qué pasa si el enemigo quiere una guerra total? ¿Qué pasa si está buscando la excusa perfecta para invadir, destruir y tomar control?» Paseó su mirada entre la gente como buscando respuestas. «Si respondes militarmente en ese escenario, le das exactamente lo que quiere: generar caos, destrucción, anarquía, desastre irreparable. En cambio, si te retiras, si absorbes el golpe, si evitas la escalada, le niegas el terreno donde es superior. Eso es inteligencia estratégica y de supervivencia.»

El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, preguntó: «¿Y entonces Maduro se entregó para evitar una masacre? ¿Eso es creíble?»

Anacleto lo miró fijamente, con esa mirada de quien ha visto demasiadas guerras para creer en los finales felices de Hollywood. «Analicemos, camarita: La estructura del partido que gobierna sigue intacta; la Fuerza Armada sigue cohesionada; el gobierno sigue en bloque. Venezuela pierde en cuanto a la narrativa mediática, porque a los ojos del espectador emocional o que desconoce la política real, queda como un actor que no respondió. Pero en la lógica de los acontecimientos, era absurdo hacerlo, porque la destrucción, el caos y la pérdida absoluta del Estado habrían sido inevitables.» Frunció el ceño y dijo  «El fin último y esencial es la permanencia del Estado. Si no, hoy estaríamos hablando de la destrucción total de la infraestructura civil y energética de Venezuela, de la muerte de cientos de miles de civiles, de la entrada de grupos paramilitares de exterminio. Si nos quejamos por el racionamiento eléctrico, ¿qué decir si nos destruyen el Guri?»

El coronel retirado asintió, con la experiencia de quien sabe que las guerras no se ganan con heroísmos suicidas. «En el ejército hay una regla: no pelees una batalla que sabes que vas a perder. Repliega, reagrupa, y espera el momento. Eso no es cobardía, es estrategia.»

La profesora, con esa lucidez helada que la caracteriza, cerró su cuaderno. «Lo que estamos viendo no es el final de una historia, es el inicio de una nueva fase. Una fase donde la batalla no es solo militar, sino narrativa, diplomática, psicológica, y donde el oponente débil sigue jugando, sigue resistiendo, sigue acumulando, porque entiende algo fundamental: no necesita ganar por nocaut.» levantó la voz como para que todos en el Café oyeran  «Le alcanza con no perder; le alcanza con seguir en pie mientras el otro se desgasta. Y en ese desgaste, en esa decadencia progresiva del hegemón, está la verdadera oportunidad.»

Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar, como siempre. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa como un ritual y expresó: «Maquiavelo lo explicaba: el poder necesita parecer virtuoso, incluso cuando actúa como una bestia. Pero cuando la bestia se muestra abiertamente, cuando ya no puede disimular, empieza su decadencia. Y eso es exactamente lo que estamos viendo. Estados Unidos sigue siendo poderoso, pero cada vez le cuesta más sostener su narrativa. Cada vez necesita recurrir más a la fuerza bruta. Y eso, camaritas, no es señal de fortaleza. Es señal de debilidad estructural.» Dio un sorbo de café y continuó: «Mientras tanto, Venezuela, el supuesto actor débil, sigue en pie. Su estructura política no colapsó; su aparato militar sigue intacto; su cohesión interna, a pesar de todos los intentos de fragmentación, se mantiene. Sí…el hegemón tiene el trofeo mediático, el titular, la imagen, pero el oponente débil conserva el Estado. Y en la política real, conservar el Estado es ganar, porque la guerra no se define en un momento, se define en el tiempo.»

El pichón de periodista, con el ceño fruncido, preguntó: «Entonces, ¿quién ganó realmente esta jugada?»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que las respuestas simples son para los ingenuos. «Camarita, en geopolítica no hay ganadores absolutos. Pero hay algo claro: mientras más inversiones entren a suelo venezolano, más poder de negociación tiene el chavismo, porque controla el territorio. Sí… controla la mayoría de gobernadores, alcaldías, la Asamblea Nacional y las Fuerzas Armadas… y tiene un pueblo unido que le respalda. Y hay un detalle que muchos olvidan: Venezuela no tiene un arma estratégica como el estrecho de Ormuz. El derribo de aviones estadounidenses le hubiera dado la excusa perfecta al imperio para un bombardeo masivo que hubiera dejado al país entero sin agua potable, gasolina, energía eléctrica y millones de desplazados. Justo en un momento donde Venezuela se viene recuperando de una hipercrisis de años, que los gringos causaron.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello. «Rómulo Gallegos escribió que «la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre». Y en el corazón de Washington, camaritas, sigue latiendo la barbarie de la Doctrina Monroe. Pero el patio trasero se cansó de ser patio. Y ahora, cuando el imperio muestra los dientes, lo único que revela es que ya no tiene argumentos.»

El coronel retirado murmuró: «Todo imperio entra en decadencia el día que empieza a confundir miedo con respeto.»

Anacleto dio una última calada a su cigarrillo y lo aplastó en el cenicero. «Eduardo Galeano decía que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto». Washington nunca entendió la diferencia. Por eso hoy está solo, gritando órdenes que nadie obedece. La pregunta, camaritas, no es si Estados Unidos va a perder influencia en la región. La pregunta es: ¿cuánto tiempo le queda antes de que el último de sus aliados prefiera hacer negocios con el dragón que aguantar las amenazas del imperio?»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave, definitivo. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus apagones, su calor y su terquedad infinita. Adentro, sobre la mesa del rincón, la libreta de tinta verde quedó abierta en una página en blanco. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Y si el precio de la paciencia, camaritas, fuera más alto que el de la guerra?

La estrategia del oponente débil: – Sun Tzu lo advirtió hace más de dos milenios: «Lo supremo en el arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». La captura de Nicolás Maduro debe leerse bajo esta lógica, no desde el lamento emocional. Estados Unidos quería una guerra total, porque necesitaba la excusa perfecta para bombardear refinerías, destruir infraestructura, generar caos y ocupar el país. La respuesta militar venezolana le habría dado exactamente lo que buscaba. En cambio, la decisión de absorber el golpe, evitar la escalada y preservar el Estado, le ha negado al imperio su escenario ideal. Como escribió Maquiavelo en «El Príncipe» : «Un príncipe debe ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos». Aquí, la astucia del zorro consistió en no caer en la trampa de la guerra abierta.

Realismo político: por qué vender petróleo al enemigo no es traición – Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del planeta. Estados Unidos consume el 26% de la producción petrolera mundial. China e India, con poblaciones mucho mayores, consumen menos. La inteligencia artificial, declarada por Washington como «arma de interés nacional» en 2025, consume niveles altísimos de energía. Las grandes potencias no funcionan con ideología pura, funcionan con intereses. China y Rusia comercian con Estados Unidos y la Unión Europea a pesar de ser rivales geopolíticos. No hay contradicción: eso es realismo político. El historiador Paul Kennedy observó que los imperios declinan cuando el costo de mantener su hegemonía supera los beneficios de ejercerla. La narrativa de la «traición» es una herramienta clásica del enemigo cuando no puede destruir por la fuerza y busca dividir desde adentro.

El tiempo como arma: la paciencia estratégica del chavismo – El chavismo resistió golpes de Estado, sanciones, bloqueos económicos, guerra mediática, intentos de magnicidio, incursiones de mercenarios, aislamiento internacional, crisis hiperinflacionaria y ahora la captura de su líder. Y no solo sobrevivió, sino que sigue siendo un actor relevante. Venezuela logró superar la asfixia de las sanciones, se industrializó, produce el 100% de sus alimentos y más del 85% de sus medicamentos, con cifras del FMI y la CEPAL que la ubican como el país de mayor crecimiento económico en la región. Los procesos geopolíticos no se resuelven en dos horas. Son décadas de acumulación, de retrocesos, de avances y de reacomodos. La paciencia es un arma, el tiempo es un arma. Como sentenció el filósofo chino Lao Tsé: «El agua es la sustancia más blanda y flexible, pero puede penetrar la roca más dura». Venezuela está siendo agua… y el imperio, roca.

El Pepazo

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