martes, junio 16, 2026
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FIEBRE MUNDIAL: El día que dije «ahora sí puedo morir tranquilo…»

 

Marea celeste y blanca en Kansas donde miles de hinchas argentinos coparon el Mill Creek Park para realizar un multitudinario banderazo. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial

Tras su tercera Copa conquistada en la tanda de penaltis frente a Francia en el pasado Mundial de Qatar-2022, este martes debuta la Argentina de Leo Messi contra Argelia en el Kansas City Stadium, a las 7 de la noche, hora de Venezuela

Neuquén (Dimas J. Medina) Veinte años esperamos la mayoría de los hinchas venezolanos -y zulianos por supuesto- para disfrutar otra nueva emoción deportiva, solo comparada con la que vivimos a finales de enero de 2017, cuando las Águilas del Zulia alzaron su sexto título en nuestra pelota profesional.

Con un Messi cobrando aquel expectativo penalty en el último suspiro de su vida, Argentina nos dió el domingo 18 de diciembre de 2022 a todos los suramericanos, pero sobre todo, a sus fervientes coterráneos, la mayor satisfacción en los últimos años.

Desde que Brasil logró su quinta copa en el Campeonato Mundial celebrado en Japón y Korea, pasaron 20 años para volver a vivir, con sufrimientos incluidos, aquella nueva emoción que nos otorgó a todos los suramericanos, la Argentina de Messi y su pandilla.

Aquel domingo 18 de diciembre, mucha alegría invadió mi vida o lo que me queda de ella. Para aquel entonces, me preparaba para viajar por primera vez, a Argentina, para reencontrarme con mi hijo Dimita. Para aquellos días, este hospitalario país disfrutaba, lloraba y cantaba por su tricampeonato albiceleste.

El martes 27 de diciembre, día de San Benito allá en mi Cabimas natal, volamos desde el aeropuerto internacional «La Chinita» de Maracaibo al suelo de «Ché» Guevara, de Evita Perón, de Carlos Monzón, de Jorge Luis Borges y de Carlos Gardel, para acobijar tantas emociones y para conocer a mi nieto Gabito, argentino como Messi.

Nuestro arribo a este país coincidió con la celebración que una semana después, aún mantenían los argentinos por el triunfo de su albiceleste.

Era la misma alegría de toda Suramérica. Y en el aeropuerto de Neuquén también observé la alegría de mi hijo Dimita y de mi nieto Gabito, quienes al igual que la mayoría de todos venezolanos, algún día, disfrutaremos también, observar a nuestra Vinotinto en un Campeonato Mundial y, ojalá sea dentro de cuatro años, en la celebración del centenario de evento, de la que Argentina será coanfitriona.

Con bombos, banderas y cantos, el público nacional mudó la pasión futbolera al corazón de Estados Unidos en la previa del primer partido de la selección. Foto: Juano Tesone/ Enviado especial

Aquel triunfo de la albiceleste me retrotrajo también, la copa que logró Argentina en su patio en 1978. De aquel primer campeonato, rescaté el rostro alegre de mi papá «Monche» y de mi abuelo Dimas conectado al televisor, observando la primera copa que alzaba Mario Alberto Kempes y sus compañeros.

Y al extrapolar aquel recuerdo con la alegría de Dimita y Gabito, también llegaron los recuerdos de la copa alzada por Maradona en México en 1986.

El Mundial organizado por los aztecas, lo recuerdo como si fuera hoy, ya que durante aquel domingo de finales de junio de 1986, mis hoy fallecidos hermanos Domingo y «Foncho», coincidimos en un agasajo ofrecido a un pequeño grupo de periodistas de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, celebrado en una rural localidad de Lagunillas, a donde acudimos invitados por un periodista, amigo de nuestra familia en el barrio R-10 de Cabimas, Edwin Granderson (qepd).

Durante el agasajo, donde disfrutamos la final de aquel campeonato mundial de fútbol con un Maradona en la cúspide de su carrera, vinieron después las emociones de Brasil en Estados Unidos en 1994 y Japón y Korea 2002.

Y por estupideces que por varios años nos llevaron a odiar a Argentina, hoy he comprendido que la vida nos ofrece las emociones que purifican xenofobia, ira o cualquier tipo de sentimientos inhumanos.

Por eso, ante una Francia que quedó con una tremenda deuda ante sus connacionales, aquel domingo 18 de diciembre, con una fiesta que inmediatamente explotó en toda la calle número uno de nuestra urbanización «Prados del Este o Villa Deportiva de Barinas», grité a todo pulmón, «no joda, ahora sí puedo morir tranquilo…»

 

El Pepazo

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