- Publicidad -
Google search engine
Inicio Destacados DOBLETE SÍSMICO: Sabremos pararnos de la nada para dejar de sobrevivir…

DOBLETE SÍSMICO: Sabremos pararnos de la nada para dejar de sobrevivir…

0
- Publicidad -
Google search engine

 

Luis Carlucho Martín

Apenas van 10 días del doble terremoto de San Juan. Y, a pesar de que un montón de expertos dicen que se veía venir, nadie pudo vaticinar sus asesinas dimensiones ni mucho menos sus consecuencias, mismas que han dejado un surco indeleble en lo individual y en lo colectivo.
En medio de tanta tragedia, tanto dolor y tanta voluntad, cada día vemos nuevos eventos que impactan y no dejan de sorprender…
Pero ahí vamos, entre un montón de héroes anónimos y mascotas, haciendo nueva piel y entendiendo que –cero eufemismos ni recursos literarios, ni mucho menos los odiosos y muy politizados eslogans– solo el pueblo salva al pueblo.
En este inmenso duelo ya se acabó la negación, estamos pasando la aceptación y, con frustración e impotencia –la inevitable miseria humana sigue mostrándose en diversos pasajes y conductas ante las cámaras–, hay que hallar fortaleza porque corresponde el paso a la reconstrucción desde lo moral, desde lo íntimo y desde lo colectivo. Paralelamente, desde lo económico y lo social. Experiencias ajenas hay por montón, pero fórmulas mágicas no existen.


Ahí vamos, con nuestro temple de puro ADN venezolano, con la entreayuda característica y con la asunción de que tu problema es mío, transitamos, lento –sin maquinarias pesadas, ni instrumentos de búsqueda modernos, a pura mano, sudor y lágrimas, empíricamente, con la convicción de que pa lante es pa allá– hacia un presente que ya es mañana porque el pasado nos golpeó duro y, sin negarlo, no lo queremos.
¿Quién no ha humedecido sus ojos en estas dos semanas, así no tenga fallecido ni afectado directo en su familia? Es que somos una gigante y resistente familia, carajo.
A quién no le afectó la muerte de los chamitos Criollitos de Venezuela, y de las familias de los peloteros profesionales, y la desaparición del capitán de la selección de volibol, y de los futbolistas, y de la taekwondista, y de las niñas de la gimnasia, y de Pedro, Ana, Antonio, María y de todos…porque no tenemos muertos de primera ni de segunda. Todos nos duelen. ¿O no?
Y aunque es un transitar rudo y sin prisa, vamos por lo nuevo que nos ofrecerá el destino. Ahora más que nunca, desde cada amasijo, desde cada huella del desastre, se alzan voces de un pueblo que no se amilana, que no se arrodilla, que no se rinde cuando la causa única se entiende como parte de un todo. Cuando deberes y derechos se desnudan en acciones. Haz lo tuyo que yo hago lo mío. Hey, pero hazlo porque todos somos necesarios. Debo, pero me debes y te reclamo. Y no te temo. Y te lo exijo. Ese es el grito ensordecedor en cada escena de terror desde el más profundo de los silencios. Por supuesto, se agradece cada abrazo y cada apoyo, venga de donde venga. Pero hay heridas y cicatrices que se profundizan ante cada inacción, ante cada petición no cubierta, ante cada necesidad no satisfecha, ante cada derecho vulnerado y no cumplido. Al respecto, hay selfies que quedaron en el sumario histórico. Nadie podrá negar lo que hizo ni lo que dejó de hacer.
De ello hay constancia, pruebas.


La acción ante el pueblo, para el pueblo y por el pueblo, se antepone a discursos y promesas…El que hizo, hizo. Y ahora es que queda por hacer.
La gente es sabia y ha sido testigo y protagonista de su propio renacer.
Con innegable solidaridad mundial y con espontánea resiliencia popular, entre héroes anónimos y mascotas bondadosas, nos seguimos rescatando, seguimos apareciendo cual piezas extraviadas de un rompecabezas que entre todos seguimos amalgamamos, a manera de nuevo mapa, cargado de ovarios y bolas, para gritarle a la comunidad internacional, al más fuerte de los cataclismos y a nosotros mismos –a todos los sectores– aquí está Venezuela; así se rediseña un país: con indoblegable carácter, sin miedo de ningún tipo –solo el instintivo– sabremos pararnos de la nada para dejar de sobrevivir e iniciar de una vez, como merecemos, la búsqueda de la plenitud con justa distribución y aprovechamiento de todas nuestras riquezas naturales. Porque así como mis muertos son tuyos, y viceversa, las bondades de esta generosa patria, no son individuales ni de unos pocos, son de todos. Este doble terremoto movió las capas del alma, del justo y honesto reclamo, del sentimiento y del derecho, que va de lo individual a lo colectivo. En esa andamos.

El Pepazo

- Publicidad -
Google search engine

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here