
Luis Carlucho Martín
La Asociación de Fútbol del Distrito Capital acaba de anotarse un merecido golazo en el marco de la Copa del Mundo 2026: Justo reconocimiento a Ramón Iriarte, un hijo de gato que sí cazó ratones…
(Sucedió el pasado junio, momentos antes del doblete sísmico, por eso le dimos un tiempo de reposo a tan importante noticia que no pierde vigencia y hoy compartimos con algarabía debido a lo que representa para la historia del deporte nacional la figura de Ramón, quien no solo ha sabido sobrellevar y cargar con la presión anímica del nombre de su padre, el inigualable Don Brígido Iriarte, sino que ha sido un ganador, desde edades tempranas en el atletismo y en el propio balompié).
Compitió y le ganó a una pléyade de estrellas del atletismo nacional identificados como Los Superdotados. Y casi paralelamente, con 17 años de edad, inició en el fútbol nacional, a partir de 1967, con el Deportivo Galicia, donde marcó huella inmediata con velocidad, dribles y goles que lo catapultaron a la selección nacional dirigida por el profesor Rafael Franco.

“Leyenda viva del fútbol venezolano y orgullo de la capital por su brillante y ejemplar trayectoria como jugador profesional (1966-1979), vistiendo con honor las camisetas del Deportivo Galicia y el Deportivo Italia, y llevando el nombre de Venezuela a la Copa Libertadores y a las eliminatorias del Mundial de México 70 con la vinotinto y la sub-20. Su legado trasciende hoy en las canchas de Baruta a través de la Escuela de Fútbol que lleva su nombre, consolidándose como un ejemplo eterno de disciplina, talento y pasión para las nuevas generaciones de deportistas caraqueños. Un campeón en la cancha, un maestro para la vida”, reza la placa que le otorgó AsoFútbolDC, fechada el 21 de junio pasado.
ADN y ritmo de deportista
Ser hijo de Brígido Iriarte, vivir por más de 20 años en las instalaciones del otrora estadio Nacional –ahora epónimo de su legendario padre– junto a su mamá, Doña Aída Navarro y sus hermanos Alicia (+), Romelia, Ramón, Rafael “Fito” y Daniel, parece haber influido en aquel chamito inquieto que liberaba energías en la pista de atletismo y en la cancha de fútbol.
Su historial parece confirmarlo. “Rápidamente me adapté a ese duro fútbol en el que yo era el más joven. En una temporada anoté 21 goles con el Galicia”, dice muy orgulloso Iriarte al recibir el premio que quizás sea insuficiente para un atleta que además acumula tantos logros en el atletismo y 3 goles con la casaca vinotinto, de a uno contra Bolivia, Colombia y Argentina.
Entre sus curiosas hazañas se sabe que Ramón Iriarte, por sus condiciones innatas y porque el destino lo requirió hubo de jugar las 11 posiciones; en un par de ocasiones defendió la portería a nivel profesional. Mutó, con singular éxito, de excelso goleador a cancerbero, quien en sus días mozos compartió la indumentaria deportiva con la fe y ejerció como como monaguillo.

Posiblemente sus imparables dribles y su maña en los quites, en los certeros pases y en sus goles –así como sus marcas y registros en el pentatlón nacional, su especialidad– estén influidos por los notorios cambios de ritmo presentes en los boleros y guarachas con los que su papá, Don Brígido, amenizaba el ambiente familiar y el de sus incontables amistades, donde además tuvieron cabida los exponentes de Only You, The Great Pretender y el mismísimo Daniel Santos: una diversidad de géneros y tiempos musicales que alimentaron la malicia futbolera necesaria entre quienes son comprobados virtuosos de tan difícil disciplina.
Mística y pasión
“Haber formado parte de la selección nacional para mí es un orgullo porque nosotros no ganábamos dinero en esos juegos. En aquella época siempre éramos la selección que llegaba a las competencias internacionales con menos recursos. Pero el amor de representar y escuchar el Gloria al Bravo Pueblo es una sensación que no tiene comparación no hay palabras que puedan describir eso…es un verdadero orgullo”, expuso Iriarte en una entrevista realizada en 2018 por Fioravante De Simone, publicada en el portal Venezuela Fútbol.

Otro de sus orgullos es haberse enfrentado, de tú a tú y sin complejos a figuras como los campeones mundiales del 70, Pelé y Gérson, o a la leyenda de Uruguay, Pedro Virgilio Rocha, ícono del Peñarol.
Con ellos y con tantos otros, Ramón Iriarte acumula minutos de bagaje futbolero que resume en infinidad de anécdotas y que supo asimilar para dejar toda su calidad en cada partido que le correspondió disputar.
Más que patear, enseñar
Algunas lesiones y agotamiento ante los rigores del deporte de alto rendimiento practicado desde tan tempranas edades lo apartaron definitivamente como activo cuando apenas tenía 28 años.
Por fortuna, por empeño y por pasión se dedicó desde hace mucho tiempo a multiplicar sus saberes de fútbol en academias, escuelas de formación y en algunas instituciones del Estado. Gracias Ramón, por tanto.
PD: Más allá del agradecimiento expresado por este guerrero de las canchas y las pistas de atletismo por el reconocimiento de AsoFútbol DC, hoy Ramón está aquejado seriamente de salud, y requiere de mayor atención y apoyo.
En tal sentido, próximamente publicaremos una semblanza redactada hace varias lunas como petición para que sea tomado en cuenta para ingresar al nicho de los ejemplares Premio YMCA, y, por qué no, tomado en cuenta para ingresar al Salón de la Fama del Deporte Nacional.
El Pepazo





