El Bohemio estaba más lleno que de costumbre. No era un domingo cualquiera, porque la noticia de que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, había regresado de la India con acuerdos que esquivaban el cerco financiero de Washington había corrido como pólvora. Carmen apenas daba abasto con los cafés. En la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegado un mapa del mundo con flechas que unían Caracas con Nueva Delhi, Pekín y Moscú. El ventilador giraba con esa lentitud que precede a las revelaciones.

El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor. Traía una pregunta que le nacía de la curiosidad bien informada. «Anacleto, esto es increíble. Delcy Rodríguez cerró acuerdos con la India que esquivan el cerco financiero de Washington. “Reliance Industries” y “ONGC Videsh” van a reactivar campos en la Faja y el pago no va a cuentas controladas por la OFAC, sino directamente al Banco Central de Venezuela. ¿Cómo es posible que Washington no haya podido detener esto?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las grandes jugadas no se explican con prisas. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, eso ya es noticia vieja. Lo que usted acaba de describir no fue un acuerdo comercial, fue una “declaración de independencia energética”. La India es el tercer mayor consumidor de petróleo del mundo, pero además tiene ojivas disuasivas. Por eso no tiene complejos en hacer negocios soberanos si el precio y el suministro le convienen. Y Washington, por más que intente, no puede perseguir a todos los compradores del planeta. Eso, camaritas, es la diferencia entre un imperio en decadencia y un mundo multipolar en construcción. Ah… y es parte fundacional de los BRICS+»
El coronel retirado, con la mirada de quien ha estudiado geopolítica desde las trincheras, se inclinó sobre el mapa. «Anacleto, ¿y el esquema de pago? Dicen que es «anti-OFAC». ¿Eso es cierto?»
«Es cierto, coronel.» respondió Anacleto, con esa firmeza que da el conocer la verdad. «Y es la jugada más inteligente que ha hecho Venezuela en años. El crudo venezolano que viaje a las refinerías de la India se pagará directamente en mecanismos financieros que ingresan a las arcas del Banco Central de Venezuela, utilizando canales alternativos al sistema bancario occidental. Nada va a cuentas controladas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos o la OFAC. Es comercio multipolar puro y duro. Y lo más importante, camaritas: es una señal para el mundo de que el cerco financiero de Washington tiene grietas.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó un informe de la consultora Capital Economics. «Y no es solo la India. Hay más acuerdos pendientes con China, Rusia, Irán. Venezuela está reconfigurando su mapa de aliados comerciales.» Sacó una hoja con notas y continuó: «El 80% del crudo venezolano ya tenía como destino China. Ahora la India se suma con acuerdos que incluyen canje de crudo por combustibles y diluentes, inversión en infraestructura gasífera y la reactivación total de la empresa mixta Petroindovenezolana. Y todo esto, camaritas, mientras Washington sigue creyendo que con sanciones puede controlar y tutelar el flujo de petróleo global.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y los cipayos apátridas? ¿Los que piden sanciones? ¿Los que se alegran de que el país se hunda? ¿Qué dicen ellos de esto?»
La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café. No era una carcajada alegre. Era de esas que sueltan los viejos cuando ven a un niño preguntar por qué el agua moja. «Boticario, los cipayos apátridas, esos que han pedido sanciones durante años, que han aplaudido el bloqueo, que han celebrado cada medida que asfixia a su propio pueblo, hoy están en silencio. Porque los acuerdos con la India les demuestran que el mundo no se detiene cuando Washington aprieta el cerco; que hay otros mercados, otras rutas, otros socios dispuestos a hacer negocios sin pedirle permiso al «felon convicted». Y eso, camaritas, es lo que más les duele: que su narrativa de «aislamiento total» se derrumba frente a la realidad de los hechos.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados bloqueos, añadió: «Y hay un detalle que no podemos pasar por alto. La doctora Delcy Rodríguez no fue a la India a mendigar. Fue a negociar. Y lo hizo desde una posición de fortaleza: Venezuela tiene la mayor reserva de petróleo del mundo y la India necesita energía para su brutal aparato industrial. El interés es mutuo. Y cuando el interés es mutuo, camaritas, las sanciones se vuelven un estorbo, no un impedimento. Como dice el refrán: «Cuando el río suena, piedras trae». Y este río, camaritas, está trayendo acuerdos que Washington no puede detener.»
La estudiante de sociología, con su voz medida, preguntó: «Anacleto, ¿y la deuda con China? ¿Cómo encaja todo esto con los préstamos de Pekín?»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. Sabía que la pregunta era importante por la relación de Venezuela con el Dragón. «Mi niña, ahí está la jugada maestra. Venezuela está moviendo su ajedrez petrolero para tratar de mejorar las condiciones de su convenio “petróleo por préstamos” con China. No rompe con Pekín, lo renegocia. Busca que cierto porcentaje del petróleo extraído regrese a su dueño para ser comercializado en otros mercados a mejor precio. Es decir, camaritas, Venezuela está diversificando su dependencia. No rompe con China, pero le quita el monopolio de la compra. Y con la India como nuevo socio, Caracas tiene más margen de maniobra para negociar, para exigir, para no ser rehén de una sola potencia.»
La profesora, con esa lucidez helada que la caracteriza, cerró su cuaderno. «Y mientras tanto, Washington sigue atrapado en su propia contradicción. Por un lado, quiere el petróleo venezolano para aliviar la presión en los mercados energéticos globales. Por otro, no quiere que Venezuela se beneficie de su propio recurso. La licencia amplia que emitió el Departamento del Tesoro en marzo de 2026, permitiendo a PDVSA vender petróleo directamente a compañías estadounidenses, es una confesión de fracaso. El mismo gobierno que construyó años de sanciones para ahogar a Venezuela, ahora necesita abrir ese grifo para aliviar la presión en los mercados. Es el boomerang de la arrogancia.»
Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar, como siempre. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara soltó: «Henry Kissinger dijo que «el petróleo no es una mercancía, es un arma estratégica». Y en esta partida, camaritas, Venezuela está aprendiendo a usar su arma. No para dañar, sino para sobrevivir. Los acuerdos con la India, la renegociación de la deuda con China, los convenios con Rusia e Irán, todo eso es parte de una misma estrategia: diversificar para no depender. Y eso, camaritas, es lo que más teme el imperio: que los países que antes eran colonias energéticas aprendan a jugar su propio partido.»
Dio un sorbo de café y continuó: «Friedrich Nietzsche escribió que «lo que no me mata, me hace más fuerte». Venezuela ha sido golpeada por sanciones, bloqueos, amenazas y hasta una invasión para secuestrar a la pareja presidencial. Pero no ha muerto. Y ahora, con acuerdos como el de la India, está demostrando que el petróleo venezolano sigue siendo un activo estratégico global. No porque Washington lo quiera, sino porque el mundo lo necesita.»
El pichón de periodista, con el ceño fruncido, preguntó: «Pero Anacleto, ¿y el costo humano? Porque las sanciones han afectado a la gente. ¿Eso no se resuelve con acuerdos comerciales?»
Anacleto lo miró con una mezcla de ternura y dureza. «Camarita, el costo humano es real. No se puede negar. Las sanciones han matado, han empobrecido, han forzado a millones a emigrar. Y eso, camaritas, es responsabilidad directa de quienes las pidieron, de quienes las aplaudieron, de quienes celebraron cada medida que asfixiaba al pueblo venezolano. Los cipayos apátridas, los que se fueron a Miami a vivir del dolor ajeno, los que llaman «liberación» a lo que es un estrangulamiento económico, esos son los que tienen que responder por las consecuencias humanitarias del bloqueo.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas hipocresías, sentenció: «Y mientras ellos hablaban de «transición» y «democracia», la doctora Delcy Rodríguez estaba en la India cerrando acuerdos que traerán inversión, empleo y divisas al país. No es perfecto, no es suficiente, pero es gestión. Y la gestión, camaritas, es lo que separa a los que gobiernan de los que solo critican.»
Anacleto se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello y soltó:
«George Orwell escribió que «la libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír». Y la verdad, camaritas, es que Venezuela no está sola, no está aislada, no está en el rincón del mundo esperando que Washington decida su destino. Está moviendo fichas en un tablero global, con socios que no le piden permiso al imperio para hacer negocios. La India, China, Rusia, Irán, todos están sentados en la misma mesa. Y la pregunta, camaritas, no es si Washington va a aceptar esta nueva realidad. La pregunta es si Washington va a entender que el mundo ya no espera su permiso para moverse.»
Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus apagones, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuánto tiempo más podrá Washington seguir negando la evidencia de que el petróleo venezolano no es suyo, ni su decisión controlarlo, mientras el mundo sigue comprando sin pedir permiso?
La India: el socio estratégico que Washington no pudo vetar – La visita de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a la India en junio de 2026 no fue un acto protocolario, sino una jugada geopolítica de alto calibre. Los acuerdos con Reliance Industries y ONGC Videsh incluyen la reactivación de campos en la Faja del Orinoco y la cuenca de Maracaibo, con un esquema de pago que elude el control de la OFAC. El crudo venezolano se pagará directamente en mecanismos financieros que ingresan a las arcas del Banco Central de Venezuela, utilizando canales alternativos al sistema bancario occidental. El economista indio Amit Bhaduri ha señalado que «la India no puede permitirse el lujo de ignorar a ningún proveedor de energía importante, especialmente cuando los precios son competitivos y las condiciones de pago flexibles». La India es el tercer mayor consumidor de petróleo del mundo y no tiene complejos en hacer negocios soberanos si el precio y el suministro le convienen.
La renegociación de la deuda con China: el arte de diversificar la dependencia – Venezuela mantiene una deuda estimada en más de 60.000 millones de dólares con China, respaldada por entregas de petróleo. Sin embargo, el gobierno de Delcy Rodríguez ha iniciado conversaciones para renegociar las condiciones de esos préstamos, buscando que cierto porcentaje del crudo extraído regrese a su dueño para ser comercializado en otros mercados a mejor precio. No se trata de romper con Pekín, sino de diversificar la dependencia. El analista chino Wang Hui ha escrito que «el sistema de deuda por recursos no puede ser eterno si no hay espacio para que el país deudor respire». Venezuela está buscando ese espacio. La jugada en el tablero asiático no es un desafío directo a China, sino un reacomodo pragmático en un mundo que ya no es unipolar.
El costo humano del bloqueo: la responsabilidad de los que pidieron sanciones – Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han tenido un costo humano devastador: más de 100.000 muertes atribuibles al bloqueo, crisis de medicamentos e insumos médicos, destrucción de la industria nacional, y la migración forzada de más de 7 millones de venezolanos. Quienes pidieron esas sanciones, los cipayos apátridas que celebraron el estrangulamiento económico de su propio país, tienen una responsabilidad directa en estas consecuencias. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió que «la solidaridad es horizontal e implica respeto; la caridad es vertical y humilla». Los que pidieron sanciones no ejercieron solidaridad, ejercieron una caridad que humillaba y destruía. La doctora Delcy Rodríguez no está exenta de críticas, pero al menos está tratando de resolver los problemas con gestión, no con más bloqueos.
El Pepazo







