miércoles, septiembre 9, 2026
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La mujer de la Rosa Vieja que dio origen a la tradición de bañar con ron a san Benito

Una antigua historia de Cabimas cuenta que una mujer de La Rosa Vieja, en los primeros años de la industria petrolera, ofreció aguardiente a San Benito durante una procesión. Aquel gesto, sencillo y espontáneo, habría quedado ligado para siempre a una de las tradiciones más particulares del Zulia: bañar al Santo Negro con ron mientras los chimbangueles llenan las calles de música.

Por El Pepazo

Hay tradiciones que nacen en una iglesia.

Otras comienzan en una plaza, en una casa o en una calle.

Y algunas parecen surgir de un momento tan sencillo que nadie imagina que, con el paso de los años, terminarán formando parte de la identidad de un pueblo.

En Cabimas existe una historia de esas.

Está relacionada con San Benito de Palermo, con los chimbangueles, con la antigua zona de La Rosa Vieja y con una mujer cuyo nombre quedó perdido entre las versiones que durante décadas fueron pasando de boca en boca.

La historia dice que aquella mujer trabajaba en uno de los establecimientos nocturnos que existieron en La Rosa Vieja durante los primeros años de la expansión petrolera.

Y que un día de diciembre, cuando la procesión de San Benito atravesaba el sector, los devotos llegaron hasta su casa.

Ella quiso ofrecerle algo al santo.

Pero tenía muy poco.

Lo que había disponible era aguardiente.

Y entonces ocurrió el gesto que, según esta tradición, terminaría convirtiéndose en costumbre.

El día que el Santo Negro llegó a La Rosa Vieja

Para entender la historia hay que imaginar la antigua Cabimas.

La ciudad que conocemos hoy creció aceleradamente con la explotación petrolera. La Rosa fue uno de los sectores vinculados a esa transformación y, con el desarrollo de la actividad petrolera, también aparecieron espacios de entretenimiento para los trabajadores.

La zona llegó a tener bares y prostíbulos, y posteriormente, según las crónicas locales, esos establecimientos fueron trasladados hacia otro sector conocido como La Nueva Rosa. Con el tiempo, el lugar original pasó a ser conocido como La Rosa Vieja.

Era una Cabimas distinta.

Una ciudad petrolera en crecimiento, con trabajadores provenientes de diferentes lugares, comercios, bares, música y una vida nocturna que también formó parte de su historia social.

Y por esas mismas calles transitaba la imagen de San Benito.

Una ofrenda que nadie esperaba

Según la historia recogida en la crónica original, durante una procesión de San Benito los chimbangueleros pasaron por La Rosa Vieja y tocaron las puertas de algunas viviendas para solicitar una ofrenda al santo.

En una de aquellas casas vivía una mujer que, de acuerdo con la tradición, se dedicaba a la prostitución.

No tenía flores ni otro tipo de ofrenda.

Lo que tenía era aguardiente.

Y decidió ofrecérselo a San Benito.

La historia sostiene que el líquido fue utilizado para bañar la imagen.

Lo que pudo haber sido simplemente un gesto espontáneo terminó adquiriendo, con el paso del tiempo, una dimensión mucho mayor.

La costumbre quedó incorporada a la celebración.

Y hoy, durante las procesiones, los devotos siguen bañando la imagen con ron.

¿Realmente comenzó así la tradición?

Aquí aparece una de las partes más interesantes de esta historia.

No existe una única explicación sobre el origen de la costumbre de bañar a San Benito con ron.

La historia de la mujer de La Rosa Vieja pertenece a la tradición oral y no debe presentarse como un hecho histórico definitivamente demostrado.

Existen otras versiones populares.

Una de ellas relaciona el origen de la celebración de Cabimas con el famoso reventón del Barroso II, ocurrido en diciembre de 1922.

Según esa tradición, mientras los trabajadores intentaban controlar el gigantesco flujo de petróleo, un grupo de devotos habría llevado los chimbangueles hasta las cercanías del pozo para pedir la intervención de San Benito. El relato popular sostiene que poco después el flujo cesó. Esta versión aparece recogida en crónicas sobre la festividad de Cabimas.

Otra versión, recogida en materiales dedicados específicamente al culto cabimense, relaciona el baño del santo con la historia de un devoto que habría prometido ofrecerle licor si conseguía librarse de su afición a la bebida.

Por eso, más que afirmar que existe una única explicación, resulta más interesante decir:

Cabimas conserva varias historias sobre cómo se construyó esta particular forma de venerar a San Benito.

El petróleo y San Benito: una coincidencia que marcó a Cabimas

La relación entre San Benito y la historia petrolera de Cabimas es particularmente llamativa.

El Barroso II se convirtió en uno de los acontecimientos petroleros más recordados de Venezuela.

La crónica que originó esta investigación señala que el famoso reventón comenzó el 14 de diciembre de 1922 y que durante varios días el chorro de petróleo se elevó sobre el campo petrolero de La Rosa. La tradición religiosa atribuye a la intervención de San Benito el final de aquel episodio.

La versión popular cuenta que los tambores de los chimbangueles llegaron hasta el lugar y que, después de sus toques y ruegos, el petróleo dejó de brotar.

Para un historiador, hay que separar dos cosas:

El reventón petrolero es un hecho histórico.

El milagro atribuido a San Benito pertenece a la tradición religiosa y popular.

Pero ambas historias quedaron unidas en la memoria de Cabimas.

Y esa unión explica, en buena medida, por qué San Benito tiene una presencia tan especial en esta ciudad.

Cuando los chimbangueles anuncian que llegó San Benito

La celebración cabimense no puede entenderse sin los chimbangueles.

Los tambores no son simplemente acompañamiento musical.

Forman parte esencial del ritual.

Durante las procesiones, los devotos acompañan la imagen al ritmo de los tambores, bailan, hacen promesas, agradecen favores y expresan su fe.

La propia Diócesis de Cabimas documenta que los devotos celebran la memoria mensual de San Benito al son de los chimbangueles y que su fiesta principal se celebra el 27 de diciembre.

Y en Cabimas la tradición adquirió una dimensión extraordinaria.

En la actualidad, San Benito es celebrado con procesiones multitudinarias que recorren diferentes sectores de la ciudad.

La Rosa Vieja: mucho más que el lugar de una leyenda

Para los jóvenes que hoy recorren Cabimas puede resultar difícil imaginar lo que representaba La Rosa Vieja décadas atrás.

El sector forma parte de una historia mucho más amplia.

Primero estuvo relacionado con el antiguo asentamiento conocido como Santa Rosalía de Lima, que con el tiempo pasó a llamarse La Rosa.

Después llegó la transformación petrolera.

Y con ella llegaron nuevas actividades económicas y sociales.

La Rosa se convirtió en uno de los espacios donde se mezclaron la vida petrolera, el comercio, la diversión nocturna y las tradiciones religiosas.

Por eso la historia de aquella mujer no puede entenderse únicamente como una anécdota curiosa.

Forma parte de la historia social de una ciudad que cambió radicalmente durante el siglo XX.

¿Por qué San Benito es tan querido en el Zulia?

San Benito de Palermo llegó a convertirse en una de las figuras religiosas más importantes del occidente venezolano.

Su devoción tiene una larga presencia en la cuenca del Lago de Maracaibo y se celebra especialmente en el Zulia mediante manifestaciones musicales y procesiones.

La tradición de los chimbangueles se encuentra documentada en diferentes poblaciones del Sur del Lago y también en Cabimas, Lagunillas, Los Puertos de Altagracia, Sinamaica y El Moján, entre otras localidades.

En Cabimas, además, existe una particularidad:

San Benito sale en procesión dos veces durante el ciclo festivo: el 27 de diciembre y el 6 de enero.

Esa doble celebración está vinculada a la historia y a la identidad de diferentes sectores de la ciudad.

Una tradición que mezcla fe, música e historia

Quizás lo más fascinante de esta historia no sea determinar si aquella mujer realmente fue quien inició la costumbre.

Lo verdaderamente interesante es observar cómo una comunidad construye su propia memoria.

Una mujer anónima.

Una procesión.

Una botella de aguardiente.

Un santo.

Un grupo de chimbangueles.

Y una ciudad petrolera que comenzaba a transformarse.

Todos esos elementos terminaron mezclándose hasta formar una tradición que todavía puede observarse en las calles de Cabimas.

¿Y qué pasó con aquella mujer?

Ese es precisamente uno de los grandes misterios de la historia.

Su nombre no aparece establecido en las fuentes que hemos podido consultar.

La crónica que conserva el relato habla de una mujer de La Rosa Vieja, pero no permite identificarla documentalmente con certeza.

Y quizá por eso su figura terminó convirtiéndose en un personaje anónimo de la memoria popular.

No sabemos exactamente quién fue.

No sabemos qué ocurrió con ella después.

Pero la tradición conserva su gesto.

Y cada vez que los devotos bañan a San Benito con ron, esa vieja historia vuelve a aparecer.

¿Mito, tradición o historia?

Probablemente sea una combinación de las tres dimensiones.

La existencia de San Benito y su culto forman parte de la historia religiosa.

La presencia de los chimbangueles constituye una tradición cultural viva.

El Barroso II pertenece a la historia petrolera documentada.

Y la mujer que ofreció aguardiente forma parte de una tradición oral cuya autenticidad histórica no hemos podido verificar de manera independiente.

Precisamente por eso merece ser contada con respeto.

No como una verdad absoluta.

Sino como una historia que Cabimas decidió conservar.

La historia que quedó en las calles

Quizás aquella mujer jamás imaginó que su gesto sería recordado décadas después.

Tal vez simplemente quiso hacer una ofrenda.

Tal vez fue una promesa.

Tal vez fue una costumbre que ya existía y que ella simplemente continuó.

No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que San Benito sigue recorriendo las calles de Cabimas al ritmo de los chimbangueles, y que el baño de ron continúa siendo una de las expresiones más reconocibles de esa celebración.

Y ahí está la verdadera fuerza de las historias populares:

no siempre sobreviven porque alguien las escribió.

A veces sobreviven porque un pueblo decidió no olvidarlas.

¿CONOCÍAS ESTA HISTORIA?

¿En tu familia te contaron alguna versión sobre el origen del baño de ron a San Benito?

¿Conoces otra historia de La Rosa Vieja, Cabimas o el Zulia que haya pasado de generación en generación?

Cuéntanos en los comentarios.

La próxima historia de nuestra colección “Historias de Maracaibo que el Zulia no olvidó” podría salir precisamente de un recuerdo de nuestros lectores.

El Pepazo.com

Historias de amor, tragedias, personajes, leyendas y tradiciones que quedaron en la memoria popular.

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