El 14 de diciembre de 1922, un pozo ubicado en el campo La Rosa, en Cabimas, lanzó un gigantesco chorro de petróleo que alcanzó unos 40 metros de altura. Durante días, el crudo brotó sin control y convirtió a un pequeño poblado de pescadores en protagonista de una noticia que recorrió el mundo.
Por El Pepazo
Cabimas era otra antes del petróleo.
A comienzos del siglo XX, la población de la Costa Oriental del Lago todavía conservaba buena parte de la vida de un pueblo ligado al lago, la pesca, pequeñas actividades comerciales y caminos difíciles.
Los vehículos eran escasos.
Las comunicaciones eran limitadas.
Y nadie podía imaginar que, debajo de aquella tierra, existía una riqueza capaz de transformar para siempre no solamente a Cabimas, sino también a Venezuela.
Entonces llegó El Barroso II.
Y nada volvió a ser igual.
La perforación que cambiaría la historia
El Barroso II, también identificado como R-4, formaba parte de los trabajos exploratorios realizados por la Venezuelan Oil Concessions (VOC) en el área de La Rosa.
La compañía había perforado anteriormente otros pozos en la zona. Algunos habían resultado secos y otros habían ofrecido resultados considerados poco alentadores.
En mayo de 1922 comenzaron las operaciones en el Barroso II.
La tecnología utilizada era rudimentaria comparada con la industria petrolera actual.
Se empleaban taladros de percusión y estructuras de madera construidas en el propio lugar.
La perforación avanzaba en un territorio que todavía estaba lejos de parecerse al enorme complejo petrolero que posteriormente surgiría alrededor del Lago de Maracaibo.
Pero el pozo tenía algo que nadie podía ver:
una enorme presión acumulándose en sus profundidades.
Cinco meses de espera
Durante la perforación ocurrió un problema que terminaría teniendo consecuencias extraordinarias.
Un elemento del sistema de perforación quedó atascado y las operaciones tuvieron que detenerse.
Pasaron aproximadamente cinco meses antes de que pudiera solucionarse el problema y continuar los trabajos.
Mientras tanto, el pozo permanecía allí.
Debajo de la tierra, la presión seguía acumulándose.
Finalmente, llegó el momento de retirar el elemento que había quedado atascado.
Era el 14 de diciembre de 1922.
Y Cabimas estaba a punto de presenciar algo que nadie había previsto.
La tierra tembló y comenzó el reventón
Cuando el pozo quedó nuevamente abierto, la presión acumulada se liberó violentamente.
El Barroso II reventó.
En cuestión de segundos, el petróleo salió disparado hacia el cielo.
La columna alcanzó aproximadamente 40 metros de altura.
El crudo comenzó a caer alrededor del pozo y sobre el terreno cercano.
El espectáculo era tan extraordinario que podía observarse desde Maracaibo, a unos 45 kilómetros de distancia, según las fuentes históricas que describen el acontecimiento.
Para quienes estaban allí, no era simplemente el descubrimiento de otro pozo.
Era una fuerza de la naturaleza que los trabajadores debían aprender a controlar.
Cabimas comenzó a llenarse de petróleo
El problema era enorme.
La industria petrolera venezolana todavía estaba en una etapa temprana y no existían los equipos suficientes para controlar, almacenar y transportar semejante cantidad de crudo.
Un testimonio publicado décadas después recuerda que los trabajadores tuvieron que construir muros y zanjas para intentar contener el petróleo.
Incluso se habilitaron depósitos improvisados en depresiones naturales del terreno.
También fue necesario tender tuberías, instalar bombas y construir infraestructura provisional para poder manejar la producción.
Mientras los trabajadores intentaban controlar el pozo, el petróleo seguía saliendo.
La estimación alcanzó una cifra que parecía imposible:
100.000 barriles de petróleo por día.
No llovía agua
Para los habitantes de aquella Cabimas ocurrió algo difícil de imaginar hoy.
El petróleo que salía del pozo terminaba cayendo alrededor de la zona.
Los techos y patios de las viviendas podían quedar cubiertos por el crudo.
La población observaba cómo aquel líquido negro se convertía de repente en parte de su vida cotidiana.
Cabimas había comenzado a entrar en una nueva época.
La época del petróleo.
La noticia cruzó las fronteras
La magnitud del Barroso II hizo que el acontecimiento trascendiera rápidamente.
El reventón apareció en publicaciones y periódicos internacionales porque demostraba algo que hasta entonces no se había dimensionado completamente:
Venezuela tenía un potencial petrolero extraordinario.
El descubrimiento del campo La Rosa abrió el camino para una intensa campaña de perforaciones en la Costa Oriental del Lago.
Lo que había comenzado como una operación exploratoria terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos fundamentales de la historia petrolera venezolana.
El país que comenzó a cambiar
El Barroso II no fue importante únicamente para Cabimas.
Su impacto se extendió por todo el país.
La explotación petrolera comenzó a crecer rápidamente.
Nuevas compañías llegaron a la región.
Se construyeron campamentos.
Se abrieron caminos.
Llegaron trabajadores procedentes de distintos lugares.
Y alrededor de los campos petroleros comenzaron a crecer nuevos sectores de Cabimas.
El antiguo poblado empezó a transformarse en una ciudad petrolera.
La actividad alrededor de La Rosa fue tan intensa que posteriormente la región se llenó de pozos y estructuras de perforación.
Nació una nueva Cabimas
El petróleo modificó incluso la geografía humana de la ciudad.
Alrededor de los campos petroleros surgieron nuevos sectores y campamentos.
La expansión de la actividad petrolera contribuyó al crecimiento de lugares como La Gloria, Santa Clara, Santa Cruz y Gasplant, entre otros.
Cabimas comenzó a recibir personas que llegaban buscando trabajo y oportunidades.
El pueblo de pescadores empezó a convertirse en una ciudad marcada por el petróleo.
Las calles, los barrios y hasta algunos nombres urbanos terminaron relacionados con aquella época.
El comienzo de una gigantesca historia petrolera
El verdadero significado del Barroso II se entiende mejor cuando se observa lo que ocurrió después.
Las perforaciones continuaron.
La actividad se extendió por otros sectores de la Costa Oriental del Lago.
Se desarrollaron áreas como Tía Juana, Lagunillas y Bachaquero.
Todo ese conjunto terminó formando parte del enorme Campo Costanero Bolívar, una de las grandes acumulaciones petroleras conocidas en el mundo.
Lo que había comenzado con un pozo que lanzaba petróleo sin control terminó convirtiéndose en el inicio de una extraordinaria expansión industrial.
Y entonces apareció San Benito en la memoria popular
Pero la historia del Barroso II tiene además una dimensión que pertenece al imaginario popular de Cabimas.
Existe una conocida tradición según la cual los habitantes, preocupados por aquel gigantesco chorro de petróleo, acudieron a San Benito de Palermo.
La versión popular cuenta que los chimbangueles acompañaron las peticiones al santo y que finalmente el reventón pudo ser controlado.
Para el periodismo histórico hay que hacer una distinción:
el reventón del Barroso II está ampliamente documentado; la intervención milagrosa de San Benito pertenece a la tradición religiosa y oral de Cabimas.
Ambas historias, sin embargo, quedaron unidas en la memoria colectiva de la ciudad.
Y esa combinación explica parte de la enorme importancia que San Benito adquirió en la cultura cabimense.
Una ciudad entre petróleo, tambores y fe
Resulta fascinante pensar en aquella Cabimas.
Por un lado:
el petróleo.
Torres, taladros, tuberías, trabajadores y campos petroleros.
Por otro:
los chimbangueles.
Tambores, procesiones, promesas y devoción.
Dos mundos aparentemente diferentes que terminaron formando parte de la misma identidad.
Por eso la historia del Barroso II no puede contarse únicamente como una historia empresarial.
También es una historia humana.
Es la historia de cómo una ciudad cambió su manera de vivir.
¿Dónde estuvo el Barroso II?
El lugar asociado al histórico pozo se encuentra actualmente en el área de Gasplant, parroquia La Rosa, en Cabimas, en las cercanías de la actual Avenida Intercomunal.
Durante décadas, el sitio cayó en el olvido.
Posteriormente fue localizado y convertido en un espacio conmemorativo.
La Plaza El Barroso fue inaugurada en 1980 como homenaje a aquel acontecimiento que transformó la historia petrolera de Cabimas.
Hoy existe allí un monumento que recuerda el pozo y la importancia que tuvo para la ciudad.
El pozo que terminó convertido en memoria
El Barroso II no estuvo eternamente produciendo.
Como ocurre con los campos petroleros, su producción declinó con el tiempo y el lugar terminó perdiendo protagonismo.
Pero su historia no desapareció.
Quedó en los libros.
Quedó en fotografías.
Quedó en las crónicas.
Y, sobre todo, quedó en la memoria de Cabimas.
Cada generación ha recibido una versión de aquella historia.
Los abuelos la contaron a sus hijos.
Los hijos a sus nietos.
Y hoy las nuevas generaciones pueden conocerla a través de documentos, fotografías y relatos históricos.
El día que Venezuela mostró lo que tenía debajo de sus tierras
Antes del Barroso II, Venezuela ya conocía el petróleo y existían actividades de explotación en distintas zonas del país.
Pero aquel reventón mostró a una escala extraordinaria el potencial de la Costa Oriental del Lago.
El acontecimiento ayudó a desencadenar una expansión petrolera que transformaría la economía, la sociedad y la geografía venezolana durante las décadas siguientes.
En pocos años, Venezuela pasaría a ocupar un lugar central en el mercado mundial del petróleo. Para 1929 ya era el principal exportador mundial.
Y en el centro de aquella transformación estaba una ciudad zuliana:
Cabimas.
Cabimas nunca volvió a ser la misma
Quizás esa sea la verdadera historia del Barroso II.
No solamente la de un chorro de petróleo de 40 metros.
No solamente la de 100.000 barriles diarios.
No solamente la de un pozo que apareció en las primeras páginas de los periódicos.
Es la historia de una ciudad que pasó de ser una población ligada al lago a convertirse en uno de los símbolos de la Venezuela petrolera.
Y todo comenzó con un reventón que nadie estaba preparado para controlar.
El Barroso II sigue contando su historia
Casi un siglo después, el nombre continúa formando parte de la identidad de Cabimas.
Para algunos representa el comienzo de la gran industria petrolera.
Para otros recuerda una época de trabajo y crecimiento.
Para muchos cabimenses también está unido a la historia de San Benito y los chimbangueles.
Pero para todos representa un momento decisivo:
el día en que Cabimas mostró al mundo que debajo de sus tierras había petróleo en cantidades extraordinarias.
Y por eso, cuando se habla de la historia petrolera de Venezuela, es imposible olvidar aquel nombre:
Barroso II.
¿Qué recuerdan tus padres o abuelos sobre el Barroso II y la antigua Cabimas?
¿Conoces alguna historia familiar relacionada con los primeros años del petróleo en el Zulia?
Cuéntanos en los comentarios.
Esta historia forma parte de “Historias de Maracaibo que el Zulia no olvidó”, la colección de El Pepazo dedicada a recuperar historias, personajes, tragedias, leyendas y acontecimientos que forman parte de nuestra memoria popular.
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