lunes, septiembre 21, 2026
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Maracaibo doce meses después del rescate…

 

La mañana estaba fresca, una rareza maracaibera, y en El Bohemio el café olía a rescate urbano. Hasta el vetusto ventilador parecía haber dejado de chirriar. Sin ningún tipo de apuro, Anacleto acomodó su silla al lado de la mía y me saludó con un gesto, colocando sobre esta su sombrero raído. Acomodó el portafolio sobre la mesa, sorbió un trago del café que le acababa de servir Carmen, miró a su entorno, sonrió, y dijo: «Buenos días, camaritas. Hoy hablaremos nuevamente, tal y como lo hicimos hace ya casi un año, de esos momentos fructíferos en que una ciudad encuentra su rumbo, y de quien la lleva por el camino correcto. Pero no hablaremos del milagro silencioso que vivió Maracaibo entre 2000 y 2008 bajo la batuta de Gian Carlo Di Martino, sino del que está viviendo ahora. Estemos claros: no es un huracán, sino una brisa estratégica que está reavivando calles olvidadas, sectores desasistidos y confianza en los corazones de la ciudadanía.»

Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que los problemas urbanos no se resuelven de la noche a la mañana, y sacó un lote de fotos del vetusto portafolio. «No vamos a conversar sobre la gestión pasada… no, ya eso lo hicimos, y comparar aquello con lo actual demuestra una recuperación integral de la capital y municipio zuliano. Pero la ciudad ahora cuenta con una buena cantidad de plazas, tras once meses de trabajo, una vialidad mejorada y una dedicada atención a las comunidades más necesitadas. No ha sido un maquillaje, ha sido un rescate de memoria. No ha sido una simple inversión cosmética: son obras que nos devuelven memoria y orgullo a los maracaiberos. El comentario general que se escucha en la calle y entre los jóvenes es que Maracaibo se ve más limpia, más bella y más pujante. ¿Quién lo ha logrado? Él.»

El coronel retirado, saboreando su café, y con su voz grave, recordó: «Antes, esas plazas eran un nido de maleantes.»

«¡Exacto!» asintió Anacleto. «Y las han transformado en sitios públicos dignos de reconocer, un polo cultural en medio de la ciudad, como lo es el Parque Ana María Campos.» Hizo una pausa dramática y levantó su voz: «Pero no faltan quienes, habiendo participado en las guarimbas, en la tala de árboles de la ciudad, en el derrape de escombros, en la quema de basura en las calles y en la creación de focos de suciedad, ahora quieren ofrecerse como los salvadores. Gente como los Guanipas, los Toledos, los Ramírez, los Rosales… y pare de contar. Son los menos indicados para criticar lo que se hace.»

La estudiante de sociología, con cierta ingenuidad, preguntó: «¿Esos no son los que se habían ido?»

Anacleto encendió un cigarrillo, la llama titiló frente a sus lentes de carey. «¡Exactamente! Los que luego dejaron el pelero y a muchos de sus seguidores tras las rejas; los mismos que crearon las matrices para que la gente emigrara por el Darién. «Tequeño Crudo» ganó una elección a la gobernación del Estado y no se juramentó porque no tenía con quien gobernar… le dio miedo. La detuvieron por actos de corrupción en la gestión anterior de la Alcaldía de Maracaibo, destapados por su propio hermano. Dice el refrán: «familia que roba unida, permanece unida… hasta para ir a prisión».»

El boticario, que había estado escuchando con atención, preguntó: «¿Y la gestión anterior?»

«Buena pregunta» respondió Anacleto. «La gestión del alcalde no ha sido perfecta, es cierto… pero la alcaldía no tiene recursos humanos ni económicos para abordar todas las necesidades de una capital que había sido abandonada a su suerte, para echarle la culpa de todos sus males a los gobiernos regional y nacional. Repito… Gian Carlo no ha sido perfecto en su gestión, pero le ha echado una y parte de la otra tratando de cubrir tantos frentes como sean posibles. Y comparado con lo que había antes…»

Anacleto dejó a propósito la frase en el aire, se acercó a la mesa, levantó su pocillo para darle un sorbo al café y con añoranza dijo: «Repito lo dicho hace doce meses atrás: el solo recordar a la Maracaibo limpia y bella de épocas de feria y navidades, de su gestión, se me ponen los pelos de punta. ¡Qué tiempos aquellos! porque sus proyectos hablaban por él… eran más fuertes que los rumores.» Miró a los presentes, su ceño ligeramente fruncido. «Camaritas, no lo enaltezcan como un santo que no es; tampoco escondan su eficacia bajo la bandera partidista. Es un alcalde serio, eficiente y faro de renacimiento urbano. Comparado con anteriores, su gestión es un oasis de sentido en medio del polvo político.» Apagando su cigarrillo con gesto conclusivo aclaró: «¿Será que, siendo cónsul en Milán, aprendió de ciudades que funcionan y de calles que respiran? Imagino que en esta nueva gestión vuelve a gobernar, primero cobijando plazas, calles y estadios… luego se definirá el credo. Eso es lo que hace a un buen alcalde, y a un buen proyecto municipal.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, añadió: «¿Descontentos? Claro que habrá descontentos, sobre todo aquellos que tiran la piedra y esconden la mano, y ahora, luego del pasado funesto que tienen, quieren presentarse como los «ángeles salvadores» con su cantaleta de «yo no fui». Los reclamos de «Pura pintura, y en Teotiste de Gallegos las aguas negras nos tienen inundados», “los reclamos de los marabinos hacia el gobierno local dan cuenta de la grave situación de abandono en que se encuentra la capital zuliana, golpeada por la carencia de servicios de calidad y dirigida por una gestión enfocada únicamente en trabajos puntuales de pintura en zonas específicas” lo que causan es risa. Es posible que haya problemas sin resolver aún, porque una ciudad como Maracaibo, heredada con tantos problemas urbanos, no es fácil.»

Anacleto ajustó sus lentes y continuó: «Sin duda alguna, las preguntas clave que nos hicimos los analistas políticos fueron: ¿Puede un hombre que gobernó Maracaibo en la era de la bonanza petrolera resolver los problemas de una Maracaibo en ruinas? ¿Servirán sus exitosas recetas del 2000-2008 para lograr el milagro de volver a hacer de nuestra metrópoli «la ciudad más bella que existe en el Continente»? Sí. Analizar el regreso de Di Martino a la alcaldía de Maracaibo, con su experiencia consular en Italia y el respaldo del Polo Patriótico, ofrece un terreno fértil para una evaluación estratégica, sobre todo luego de gobiernos «familiares, partidistas e improvisados» desde Manuel Rosales hasta Adrián Romero Martínez. Manuel abandonó su gestión cuando se convirtió en prófugo de la justicia en el 2009 (voló al Perú y Daniel Ponne culminó su mandato), y Adrián Romero termina la gestión de Rafael Ramírez, reo de la justicia por corrupción y hoy libre por la Amnistía. Es un secreto a voces: los servicios municipales de Maracaibo eran un desastre y la recolección de la basura, como en tiempos de Eveling, tenía a la ciudad como un chiquero. Pero eso ha cambiado radicalmente bajo el eslogan “Eficiencia o nada”»

El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, intervino: «Pero Anacleto, ¿y la supuesta desconexión con la realidad actual? Dicen que Milán no es Maracaibo.»

Anacleto respondió, con un tono casi pedagógico «Habrá quien presente como desventaja una supuesta desconexión con la realidad actual de Maracaibo: la ciudad ha sufrido un deterioro significativo en infraestructura, servicios básicos y calidad de vida desde su última gestión. La experiencia en Milán, una ciudad desarrollada, podría no haberlo preparado para la complejidad de gestionar una urbe con colapsos recurrentes de servicios. Pero no olvidemos que es «maracucho rajao», a pesar de ser hijo de migrantes italianos, y que su familia la tiene aquí, lo que lo mantuvo en un ir y venir perenne. Su paso por el consulado de Milán pudo haberle dado una perspectiva diferente sobre gestión urbana, servicios públicos y cooperación internacional, ofreciendo modelos de ciudades europeas que podrían aplicarse en Maracaibo y profundidad en su visión urbana. Su permanencia al frente de la Alcaldía, pese a tentaciones mayores, reflejó compromiso con la ciudad. Ya no es un muchacho. Su madurez no solo es de edad, sino también política, lo que hace posible una gobernanza responsable. La situación actual de Maracaibo hace que su regreso sea un caso de estudio muy interesante.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados gobiernos pasar, intervino: «Anacleto, y la campaña silenciosa. Dicen que el PSUV está activando sus estructuras.»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Mientras la ciudad celebra sus plazas recuperadas y sus calles asfaltadas, en el quinto piso de la Alcaldía de Maracaibo se mueven hilos que no se ven a simple vista. Una extensa nota de voz, atribuida a Gian Carlo Di Martino a todo su tren de directores, reveló algo que, para los analistas atentos, no es ninguna sorpresa: el PSUV ha dado la orden de activar las estructuras del partido en todo el estado. Sancochos comuneros, asambleas en las comunas, reuniones con las bases. La maquinaria se está engrasando. ¿Es una señal de que se preparan para unas eventuales elecciones? Sin duda. A este partido se le podrá acusar de muchas cosas, pero nunca de no estar organizados. ¿Y si es el «italiano» quien se está preparando para competir electoralmente? Tampoco sorprendería. A pesar de las diferencias que se tengan con él, hay que reconocer que tiene olfato político. Y en el audio, es evidente cómo Di Martino menciona a Luis Caldera con aprecio como «nuestro gobernador». Aunque el tono ha bajado, los palangristas siguen en su intención de hacernos creer en una  confrontación entre el italiano y el tawala. Eso no es novedad. Lo que es noticia es que, a pesar de las diferencias, ambos están remando en la misma dirección cuando se trata de sacar a Maracaibo del hoyo. Y eso, camaritas, es lo que importa.»

Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y los «bichos». Dicen que han vuelto.»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al éxito. «Los «bichos» han vuelto. Los mismos que talaron árboles, quemaron basura y crearon focos de suciedad durante las guarimbas, ahora quieren ofrecerse como los salvadores de la ciudad. Los Guanipas, los Toledos, los Rosales, los Ramírez, los que huyeron cuando las cosas se pusieron difíciles, los que dejaron a sus seguidores tras las rejas, los que crearon las matrices para que la gente emigrara. Esos son los que ahora critican cada bolsa de basura en la calle, cada bache en la vía, cada plaza que no está perfecta. Y la pregunta que flota en el aire de El Bohemio es inevitable: ¿Con qué autoridad moral? Es como si el pirómano volviera a la escena del incendio a ofrecerse como bombero. Peor: es como si el pirómano volviera a la escena del incendio a criticar al bombero porque el agua le mojó los zapatos.»

El obrero, que había estado escuchando con atención, levantó la mano. «Anacleto, ¿y los problemas que aún quedan? Las aguas negras, la basura, los servicios.»

Anacleto golpeó suavemente la mesa con el índice «Y mientras tanto, hay problemas reales sin resolver. Las aguas negras en Teotiste de Gallegos, la recolección de basura que aún no es perfecta, los servicios públicos que todavía fallan. Nadie lo niega. Pero una ciudad que fue abandonada durante años no se arregla en once meses. Y los que la abandonaron no tienen derecho a exigir que se arregle de la noche a la mañana. La gestión de Di Martino no es perfecta. Pero es la única que ha demostrado, con obras, que Maracaibo puede volver a brillar. Y eso, camaritas, es más de lo que hicieron los que ahora critican desde la comodidad de sus exilios dorados.»

Se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara. «La ciudad sigue adelante. Las plazas se llenan de niños, los parques se llenan de jóvenes, las calles se llenan de carros. La vida vuelve a latir en Maracaibo. Y los que se fueron, los que traicionaron, los que crearon el caos, ahora miran desde lejos, con envidia, cómo la ciudad que abandonaron empieza a sanar. No los escuchen. La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al éxito.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello, y soltó: «Gabriel García Márquez escribió que «la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla». Y Maracaibo, camaritas, está empezando a recordar cómo era cuando estaba viva. Las plazas recuperadas, las calles asfaltadas, los parques llenos de gente. Eso no es maquillaje, es memoria, es rescate, es el regreso de una ciudad que se niega a morir. Y mientras haya alguien dispuesto a trabajar por ella, Maracaibo seguirá latiendo.»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, la ciudad, muy distinta a la de aquellos años, intentaba recordar su momento de brillo. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Volverá Maracaibo a ser «la ciudad más bella que existe en el Continente», o los «bichitos» que la abandonaron lograrán impedirlo con su cantaleta de siempre?

La eficacia de la gestión Di Martino: obras que hablan más que los rumores – Tras doce meses de gestión, la Alcaldía de Maracaibo ha ejecutado un plan de recuperación urbana sin precedentes en la última década. Plazas recuperadas, vialidad mejorada, atención a comunidades vulnerables. El hoy Parque Ana María Campos, era antes un nido de maleantes; hoy es un polo cultural. El urbanista venezolano Marco Negrón ha señalado que «la recuperación de espacios públicos es la primera señal de que una ciudad está sanando». No es maquillaje: es rescate de memoria y orgullo. Y aunque quedan problemas por resolver, la dirección es la correcta.

La campaña silenciosa del PSUV: cuando la maquinaria se engrasa para lo que viene – La nota de voz, supuestamente filtrada desde el quinto piso de la Alcaldía, revela que el PSUV ha activado sus estructuras en todo el Zulia. Sancochos comuneros, asambleas, reuniones. El analista político venezolano Luis Vicente León ha señalado que «la activación de las estructuras del partido es la señal más clara de que se preparan para elecciones». ¿Está Di Martino preparándose para competir? Tiene olfato político. El fracaso de las actividades en las comunas del Zulia sugiere que la maquinaria necesita aceite. Pero el que subestime al PSUV en organización, lo hace bajo su propio riesgo.

El regreso de los «bichos»: cuando los que causaron el caos quieren ser los salvadores – Los mismos que talaron árboles, quemaron basura y crearon focos de suciedad durante las guarimbas, ahora critican cada bolsa de basura en la calle. Los Guanipas, los Toledos, los Rosales, los Ramírez, los que huyeron cuando las cosas se pusieron difíciles. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió que «la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos». Pero la memoria de la ciudad no olvida. Y los que abandonaron Maracaibo no tienen derecho a exigir que se arregle sin ellos. La ciudad sigue adelante, con o sin los «bichitos». Y eso, eso es la mejor noticia.

El Pepazo

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