Por Hebert Colina M. | El Pepazo
Las grandes glorias deportivas merecen algo más que aplausos, placas conmemorativas y homenajes ocasionales. Merecen reconocimientos capaces de trascender generaciones y, sobre todo, merecen recibirlos mientras todavía pueden compartir la emoción con su pueblo.
Ese es el caso de Betulio González, el legendario boxeador zuliano que conquistó tres veces el campeonato mundial del peso mosca y llevó el nombre de Venezuela a los escenarios más exigentes del pugilismo internacional.
Para una figura de semejante dimensión histórica, una estatua en Maracaibo no sería un lujo ni un reconocimiento exagerado. Sería un acto de justicia deportiva, una expresión de gratitud y una manera de preservar su legado.
A Betulio hay que honrarlo con hechos. Y hay que hacerlo en vida.
El tricampeón que hizo historia en el boxeo mundial
Betulio González construyó una trayectoria marcada por el talento, la disciplina, la resistencia y una extraordinaria capacidad para regresar a la cima.
Su historia mundialista incluye combates memorables frente a rivales de enorme calidad, entre ellos el filipino Erbito Salavarría, el mexicano Miguel Canto y el azteca Guty Espadas.
Su enfrentamiento con Salavarría, disputado en Maracaibo el 20 de noviembre de 1971, terminó en empate y estuvo rodeado de controversia por la sustancia de «La Botgellita». Luego de haberse llevado pruebas, el CMB lo declara oficialmente ganador y campeòn en diciembre de ese año.
Volvió a coronarse frente a Miguel Canto en 1973 y alcanzó su tercer campeonato mundial al superar a Guty Espadas en 1978.
Tres coronas mundiales en una misma división representan una hazaña que pocos deportistas pueden exhibir.
Betulio no fue un campeón pasajero. Fue un protagonista de una época de grandes boxeadores, capaz de enfrentar adversidades, superar derrotas y mantenerse durante años entre los principales exponentes del peso mosca.
Una carrera de sacrificio, técnica y valentía
El nombre de Betulio González está asociado a una de las trayectorias más importantes del boxeo venezolano.
Su estilo combinaba inteligencia, velocidad, capacidad ofensiva y una resistencia que le permitió protagonizar enfrentamientos de enorme exigencia.
El uppercut fue una de sus armas características. Su capacidad para desenvolverse en combates prolongados también contribuyó a consolidar su reputación internacional.
En su extensa carrera enfrentó a numerosos adversarios de primer nivel, entre ellos campeones mundiales y aspirantes que pusieron a prueba su preparación.
Su legado no se explica únicamente por las victorias. También se construyó con las derrotas, los combates polémicos y la determinación de continuar compitiendo.
Porque una gran leyenda no es aquella que nunca cae, sino la que encuentra la manera de levantarse.
El Alejandro Borges y sus primeros pasos profesionales
Existe un escenario deportivo de Maracaibo que tiene un significado especial dentro de la historia de Betulio González: el estadio Alejandro Borges.
La trayectoria histórica del tricampeón sitúa su debut profesional el 24 de abril de 1968, cuando tenía apenas 18 años. La vinculación de aquel comienzo en el «Alejandro Borges» forma parte del relato deportivo zuliano y merece ser preservada.
Ese vínculo convierte al emblemático parque marabino en una opción especialmente significativa para levantar una estatua dedicada al campeón.
El «Alejandro Borges» representa también una parte fundamental de la memoria deportiva de la ciudad, por sus vínculos con figuras como Luis Aparicio Montiel, el único venezolano exaltado al Salón de la Fama del Béisbol de Cooperstown.
Reconocer allí a Betulio González permitiría reunir, desde disciplinas distintas, historias extraordinarias de atletas que proyectaron el nombre del Zulia en el mundo.
Una estatua para Betulio, un patrimonio para Maracaibo
Una estatua dedicada al tricampeón mundial no debería concebirse únicamente como una obra ornamental.
Podría convertirse en un espacio de memoria deportiva acompañado de información sobre su carrera, fotografías históricas y referencias a sus tres conquistas mundiales.
Niños, jóvenes, deportistas y visitantes tendrían la oportunidad de conocer la historia de aquel zuliano que alcanzó la gloria internacional mediante su talento y esfuerzo.
Sería una forma de enseñar que el deporte también construye identidad, transmite valores y permite a una comunidad reconocer a quienes han contribuido a su prestigio.
Y sería, especialmente, una oportunidad para que el propio Betulio González contemple el homenaje de su ciudad.
Luis Aparicio y Betulio González: dos legados extraordinarios
El deporte zuliano cuenta con protagonistas que han alcanzado reconocimiento mundial.
Luis Aparicio Montiel representa una de las mayores glorias del béisbol venezolano. Betulio González ocupa un lugar igualmente destacado en la historia del boxeo nacional.
Sus disciplinas fueron diferentes, pero ambos compartieron una condición fundamental: llevaron el nombre de Maracaibo, del Zulia y de Venezuela a escenarios internacionales de enorme prestigio.
No se trata de comparar sus carreras ni de establecer jerarquías entre deportes.
Se trata de reconocer que sus historias merecen permanecer presentes en la memoria colectiva de la ciudad.
Una Maracaibo que honra a sus grandes deportistas también enseña a sus nuevas generaciones a valorar el esfuerzo, la constancia y el sentido de pertenencia.
El homenaje debe llegar mientras pueda disfrutarlo
Los homenajes póstumos tienen un significado especial, pero existe una emoción incomparable en reconocer a una gloria deportiva mientras todavía puede recibir el cariño de su gente.
Betulio González entregó buena parte de su vida al boxeo. Representó al Zulia y a Venezuela, enfrentó a grandes campeones y conquistó tres veces el título mundial.
Su trayectoria ya pertenece a la historia.
Lo que corresponde ahora es transformar la admiración en un reconocimiento permanente.
Por eso, la propuesta es clara: que Maracaibo impulse la construcción de una estatua dedicada a Betulio González, preferiblemente en un espacio de profundo significado deportivo como el estadio Alejandro Borges.
Que sus admiradores puedan visitarla.
Que las nuevas generaciones conozcan su historia.
Que los zulianos puedan contarles a sus hijos y nietos quién fue aquel campeón que llevó el nombre de su tierra a la cima del mundo.
Y que Betulio pueda junto a su familia, develarla, contemplarla y recibir personalmente el homenaje que merece.
Betulio González no necesita una estatua para convertirse en leyenda. Ya lo es.
La estatua sería para que Maracaibo, el Zulia, Venezuela y el mundo nunca olviden su grandeza. Y, sobre todo, para que el propio tricampeón pueda admirarla en vida.
El Pepazo | Opinión y memoria deportiva zuliana







