Luis Carlucho Martín
Cuando el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, dio la orden a su fuerza aérea, de bombardear Japón para, supuestamente, poner fin a la Segunda Guerra Mundial, en el fondo se respiraba un sentimiento de venganza por el ataque nipón contra Pearl Harbor cuatro años antes.
Según se supo, la idea gringa era causar tal impacto entre las fuerzas bélicas japonesas que tuvieran que rendirse, tal como sucedió. Los norteamericanos, de acuerdo con lo que cuenta la historia, lanzaron desde el Enola Gay, al mando del coronel Paul Tibbets, la bomba de uranio sobre Hiroshima, y desde el Bockscar, al mando del mayor Charles Sweeney, la bomba de plutonio, el 6 de agosto y el 9 de agosto de 1945, respectivamente, porque con tan rápido ataque los enemigos serían sorprendidos y evitarían un procedimiento más tedioso y largo, por tierra, que pusiera en riesgo más vidas.
¡Qué orden tan humanista! Las dos explosiones causaron, de manera inmediata, apenas 246 mil víctimas; 166 mil en Hiroshima y el resto en Nagasaki; sin contar las consecuencias traducidas en más de dos décadas de muchos casos de leucemia y distintos tipos de cáncer causados por la radiación. Todas las víctimas fatales fueron de un solo lado. Ahí acertó la orden estadounidense: arrasaron con todo, como fueron, son y serán.
Tristemente, en Catia –y en otros tantos sitios de la ciudad, me han dicho– lo constaté “con mis propios ojos”, como dice la gente cuando sustituye “te lo juro por Dios”, justamente detrás de la Escuela Normal «Miguel Antonio Caro», se está gestando una zona de altísimo riesgo, aunque se supone que sin planificar venganza contra nada ni contra nadie; solo se está poniendo a tono.

Con tanta locura que nos ha caído, de orden natural, hay que prepararse ¡pa’ lo que sea, carajo!
Los consejos comunales del sector, llamados colectivos, a vox populi y con anuencia de todo el mundo, montaron un centro de acopio y venta ilegal de gasolina que sirve a todo el que pague en dólares o su equivalente según el ascendente e inconstante tasa de cambio que fija el BCV, a veces, o a un dólar más criminal aún, que roza los mil bolívares.
Allí, entre el acceso hacia Los Frailes y la salida desde Cútira para la avenida Sucre, está ese sitio que pone en riesgo muchas vidas.
Pero los colectivos son dueños, amos y señores de esa y otras zonas. Además de la mafia que representa el negocio de la gasolina en todo el sector, cobran multas –tipo peaje– a todos los trabajadores informales que se rebuscan en los alrededores de la Estación «Gato Negro», del Metro de Caracas.
En vista de tanto poder, de tanta impunidad y de tanta dejadez –acaso por intereses “de más arriba”– civiles en carros y motos, agentes uniformados en motos, patrullas de distintos cuerpos de seguridad y cualquiera que tenga el billete y no quiera hacer cola en las estaciones de servicios debidamente autorizadas, surten combustibles en sitios de alta vulnerabilidad como ese.
A menos de 500 metros está la famosísima estación de servicios La Continental, en plena avenida Sucre, frente a la entrada del Parque del Oeste, antiguo Jóvito Villalba, ahora Alí Primera. Estoy dando todos los datos porque fui con un mototaxista en emergencia de combustible y me llevó a esa zona de guerra. CDSM.
Cuidado con el riesgoso procedimiento: Pagas en un mesón de madera dispuesto bajo un improvisado techo de zinc. Los tipos tienen punto y pagomóvil. Te dan un ticket y hay varios expendedores, casi todos menores de edad, que salen con garrafas o con botellones –que normalmente son para agua potable– o cualquier recipiente de plástico, contentivo de la cantidad de litros que ya cancelaste. Lo colocan a los vehículos con un embudo o a pulso puro. El combustible reposa en un galpón gigante que no cuenta con las mínimas medidas de seguridad. Gases acumulados y otros factores de riesgo.
El día que un fumador –que abundan entre los clientes– cause el anunciado desastre no habrá freno posible.
Hiroshima fue con uranio. Nagasaki fue, más fuerte, con plutonio. Catia pudiera ser más suave, pero de pronósticos reservados gracias a la capacidad de combustión de la nafta, el tolueno, butenos y los agentes oxigenados más el tetraetilo de plomo de esa maldita gasolina.
Soy acérrimo enemigo de la teoría de la culpabilidad, porque siempre he creído en la prevención y en la propuesta de soluciones ante cualquier tema polémico, amenaza o problemas reales. Antes de culpar debemos ir a la raíz y sugerir para evitar y mejorar. Pero no dejan.
En el caso de Japón, de bolas que los culpables y asesinos fueron los gringos. En Catia a quién coño culparán, porque nadie va a solucionar, prohibir, ni normar la ilegal situación aquí expuesta. Ojo pelao, pues.
Un paréntesis
Para que funcione legal y operativamente una estación de servicio (bomba de gasolina) en Venezuela, se requiere cumplir con un conjunto de permisos legales, ambientales, de seguridad y contratos comerciales con el Estado a través del Ministerio del Poder Popular de Petróleo y Petróleos de Venezuela (PDVSA)
Permisos Legales y Ministeriales
Permiso de Expendio: Otorgado por el Ministerio de Petróleo, que declara la actividad como servicio público y autoriza la venta al detal de combustibles.
Contrato con PDVSA: Suscribir los acuerdos comerciales de suministro y consignación de combustible, ya sea bajo modalidad subsidiada o internacional.
Registro Mercantil: La empresa operadora debe estar legalmente constituida con un objeto social exclusivo o compatible con la comercialización de hidrocarburos y derivados.
Requisitos de Infraestructura y Seguridad
Inspección de Cuerpos de Bomberos: Certificación de cumplimiento de normas contra incendios, sistemas de rociadores, extintores adecuados y distancia de seguridad perimetral.
Permisos Ambientales: Aprobación de impacto ambiental por parte del ministerio con competencia en ambiente para el manejo de tanques subterráneos y prevención de filtraciones.
Normas COVENIN: Adaptación de tanques, tuberías, pistolas y dispensadores a los estándares técnicos y de metrología legal.
Obligaciones Fiscales y Tributarias
Registro SENIAT: Actualización del RIF como contribuyente ordinario y adecuación de sistemas de facturación fiscal especiales para estaciones de servicio.
Todo eso lo dice la Inteligencia Artificial, a la que consulté en vista de tanta Brutalidad Original porque los malvivientes que distribuyen el combustible en el sitio descrito no cumplen con ninguna de esas normas.
Varios ojalá
1.- Ojalá yo me equivoque y eso nunca se prenda en candela. Ojalá, ¡Dios mío!
2.- Ojalá la sabia naturaleza y las funestas acciones no se unan en contra de la población de Catia…y otros sitios con el mismo mal.
3.- Ojalá que las malas noticias nos dejen quietos.
4.- Ojalá no me vean como enemigo y asuman las sugerencias.
5.- Ojalá, si me ven como enemigo o chismoso, sepan que me sabe a mierda, porque más importante es tratar de prevenir y salvar vidas.
6.- Ojalá los irresponsables, responsables de la situación, valoren más la vida que un billete verde
7.- Ojalá les caiga la justicia a los expendedores de ese combustible ilegal y les apliquen supervisión con rigurosidad para ver si cumplen algunas de las normas descritas y exigidas en el intertítulo: “Un paréntesis”.
8.- Ojalá que esos carajitos expendedores, que chambean por rebusque sin cumplir normas de protección, no se vean afectados en su salud por el contacto diario con la gasolina y sus dañinos vapores.
9.- Ojalá que cuando explote la vaina –repito, ojalá nunca se llegue al desastre– no haya clases en la Escuela Normal “Miguel Antonio Caro”, porque serían los niños-alumnos, personal docente y directivo, además del personal obrero, la mayoría de las víctimas.
10.- Ojalá esto sea solo parte de una pesadilla que ya no sucede porque se normalizó la situación de la gasolina en un país que posee las mayores reservas de petróleo del planeta.
11.- Ojalá. ¡He dicho, nojoda!
El Pepazo











