Luis Carlucho Martín
El 23 de octubre de 1907 el historiador Ricardo Smith confesó a su colega Francisco González Guinand que dentro de una banqueta de piano en casa de Doña María Josefina Gutiérrez, viuda del ingeniero Carlos Navas Spínola, en la actual capital carabobeña, estuvo guardado –desde su firma en 1811 y su traslado para evitar su destrucción por parte de las fuerzas realistas– el Acta original de la Independencia.
El cuento es creíble o no, pero la autenticidad del documento fue avalada por la Academia de la Historia el 5 de julio de 1911, una centuria después de su creación.

Un acta original, mimetizada con notas musicales libertarias, reposó casi 100 años esperando rescate. Tuvo resguardo en duplicado en El Publicista, que era una publicación del Congreso, y otro respaldo en “Documentos Oficiales Interesantes de Venezuela”, que se editaba en Londres. Ahora el original reposa en el salón elíptico del Palacio Legislativo en un arca de vidrio.
Jamás se podrá saber cuántas posaderas patriotas dieron calor paternal o maternal, cual pichones en su nido, a tan vital documento. Casi nada.
¿Usted, amigo lector, puede imaginarse una petulante conversación entre culos patriotas?
«Yo me senté en esa banqueta primero que tú». «Sí, pero lo hacías para tocar piano, en cambio yo lo hice para cuidar el Acta, porque yo sabía que allí se escondía de las manos e intenciones imperiales»… Jajaja jajaja.
Como fuere, la historiografía criolla respalda la versión de que aquellas damas resguardaron tan importante eslabón independentista aunque su objetivo, la libertad plena, aún esté lejísimo de lograrse…en deuda…

Una copia en el subsuelo caraqueño
Debajo del pedestal en el que se apoya la estatua ecuestre del Libertador, en la plaza Bolívar de Caracas, yace una cápsula contentiva del Acta de colocación de la piedra fundamental de la estatua ecuestre, una copia del decreto publicado el 18 de diciembre de 1873, en el que se ordena la construcción de la estatua, con la firma autógrafa del general Guzmán Blanco; una pieza de un «Venezolano» de plata; una pieza de 50 céntimos; una de 10 céntimos y una de 5 céntimos de «Venezolano». Las monedas que se encuentran bajo el pedestal de la estatua realmente son ensayos –el criminal dólar actual ni sonaba por estos lados en aquellos remotos días–. Además, la cápsula contiene una medalla con el busto del Libertador, una reliquia conmemorativa que se distribuyó en el acto de la inauguración de la significativa estatua; dos medallas del Capitolio de Venezuela; los tres tomos de la «Historia de Venezuela», por Baralt y Díaz; un ejemplar de la «Geografía de Venezuela», por Agustín Codazzi; un tomo de las «Leyes y Decretos de los Congresos de Venezuela desde 1830 a 1850»; cinco tomos de la recopilación de leyes y decretos publicados por el General Guzmán Blanco en 1873; mensaje y documento de la cuenta presentada por el Presidente al Congreso en 1874; un ejemplar del primer censo a la República en 1874; una fotografía, un retrato en litografía y varias litografías alegóricas del general Guzmán Blanco; un plano topográfico de la ciudad de Caracas; ejemplares de las Constituciones de 1857, 1858, 1864 y 1874; una copia del Acta de Independencia del 5 de julio de 1811; ejemplares de los periódicos del 10 de octubre de 1874: «La Gaceta Oficial», «La Opinión Nacional», el «Diario de Avisos» y una colección de periódicos de varias ciudades del interior.
Así que, ciudadanos, estemos mosca en cuál banqueta nos sentamos y dónde pisamos. Recuerde que puede haber mucho pasado, mucha historia y, con ella, muchos fantasmas bajo nuestros c…uerpos!!!
El Pepazo






