- Publicidad -
Google search engine
Inicio Ciudad Hace 44 años el asfalto apagó el sueño a dos estudiantes de...

Hace 44 años el asfalto apagó el sueño a dos estudiantes de medicina de LUZ

0
Wilfredo Reyes y su novia Marilin del Valle Sangronis.
- Publicidad -
Google search engine

 

Neuquén (Dimas J. Medina) El 13 de octubre de 1982, cayó miércoles y aquel día, a eso de las 5 y media de la madrugada, dos jóvenes estudiantes de Medicina de la Universidad del Zulia, perdieron la vida de manera inesperada, por culpa de un irresponsable loco del volante que los arrolló en una parada de autobús.

Aquel trágico suceso ocurrió en el sector El Dividive de Cabimas, en la avenida intercomunal, en el tramo que va desde el barrio R-10 hasta el sector de Puerto Azúl.

En aquella oscura parada de autobús, diagonal al semáforo donde un ebrio conductor, luego de colisionar por detrás a otros vehículos que esperaban el cambio de luces en el dispositivo luminoso que regula la circulación, terminó estrellando su infernal automóvil contra aquellas personas que esperaban el transporte universitario.

La horrible tragedia acabó de manera instantánea con la vida de dos compañeros de estudios, que dejaron huellas durante nuestro glorioso tránsito por el recordado liceo «Alfredo Jahn».

A pesar del tiempo, aquellos compañeros que partieron temprano de este mundo de manera inesperada, siguen presentes en nuestros recuerdos y corazones, porque como lo definió el célebre escritor inglés Terry Practchett, «nadie muere realmente mientras su nombre siga siendo pronunciado».

Y tan presente en nuestras memorias y en nuestros corazones quedó marcado aquel trágico suceso, que pareciera que fuera ayer cuando aquel duelo desgarró nuestros sentimientos.

Cuando recordamos aquella tragedia, nos invade también los recuerdos de la epoca, como la canción de moda de «El Puma» José Luis Rodríguez, «Dueño de nada».

Era aquel octubre de 1982, cuando también cantábamos «El novio pollero», de Cecilia Todd o el «Pico y pala», de Adrenalina Caribe.

Igualmente fue a aquella hermosa y dorada época, cuando Ali Primera nos hacía delirar con su nostálgico poema «Con el sol a medio cielo», mientras Soledad Bravo «mataba la liga» al lado del maestro Willie Colon con su sabroso disco «Caribe».

Y en esa plenitud de sueños, noviazgos, ideales e irreverencias, también fuimos testigos, por ejemplo, en el debate de ideas que comenzábamos a lidiar en nuestra Alma Mater, de esa constante lucha del combate por venir.

Eran los días de aquella siempre fracturada izquierda, que frente a Rafael Caldera y Jaime Lusinchi, intentaban abrirse paso, sin éxito por supuesto, los candidatos presidenciales de la juventud universitaria: Teodoro Petkoff, por el MAS y el MIR y José Vicente, por el PCV, MEP y Nueva Alternativa.

Y a pesar de nuestra precoz percepción sobre el acontecer diario en nuestro país, habíamos superado, sin embargo, aquella etapa de muchachos liceistas.

Y aún así, seguía presente y vivo, el bullanguero recuerdo de las aulas en nuestro liceo.

Y cuando supimos al amanecer de aquel miércoles 13 de octubre de 1982, la noticia que estremeció nuestras almas, nos acordamos de nuestras de travesuras en el liceo «Alfredo Jahn».

Y con aquellas travesuras se hizo presente desde entonces y para siempre, el rostro alegre y jodedor de quien se despedía de nosotros.

Y a pesar de la madurez que comenzaba a conferirle su querida novia Marilin del Valle Sangronis, estudiante al igual que él de la carrera de Medicina, Wilfredo Reyes no murió; cambió simplemente de plano terrenal.

Y hoy, 44 años después de aquella tragedia, su luz, su jodedera y su estirpe de galán, permanecen en el recuerdo eterno de Elvis Sánchez, de Yoleida Cuhna, de Luis Morillo, Jorge Torres, de Yamelis Arteaga, de las hermanas Rosario (Marilu, Marisol y Mariela), de Alexander Torres, de Francisco Morillo, de José Gregorio Romero, de David Rodríguez, Elio Colina, de Alcy Narváez, de Dámaris Domínguez, de Elena Fuenmayor, de José Reyes, de Gilbert Yajure, de Richard Arias, de Salvador Gil, de Leonardo Romero y de todos los panas que coincidimos como estudiantes de bachillerato en el Jahn.

De manera pues, que no hay muerte donde existe el recuerdo, porque mientras sigamos recordando a nuestro hermano Wilfredo Reyes, no se habrá ido del todo de nuestros corazones y de nuestras memorias.

Por eso, la joven historia de Wilfredo Reyes y su novia Marilin del Valle Sangronis seguirá viva en nuestra memoria.

Paz a sus almas.

El Pepazo

- Publicidad -
Google search engine

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here