jueves, septiembre 10, 2026
spot_imgspot_img

Los 5 más populares de esta semana

spot_img

Artículos relacionados

La lección que nadie quiere escuchar: La Real Politik y el arte de sobrevivir…

 

El ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que precede a las revelaciones. No era una mañana cualquiera, hacía un calor insoportable. Sobre la mesa del rincón, Anacleto no tenía periódicos desplegados ni mapas estratégicos. Tenía una libreta de tinta verde con anotaciones que parecían el mapa de un campo de batalla. Desde sus respectivas mesas y a su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, el sindicalista, un obrero, Carmen, la estudiante de sociología y el pichón de periodista esperaban ansiosos. En mesas cercanas, varios desconocidos escuchaban con atención. Observé con curiosidad el rictus que se formaba en la cara de mi amigo al otear la sala, simulando una sonrisa, y le hice una seña.

El pichón de periodista, como se ha convertido en costumbre, fue el primero en hablar. «Anacleto, esto es un caos. El secuestro de Maduro, el acuerdo con Estados Unidos, las versiones de traición, la Real Politik… ¿Qué pasó realmente el 3 de enero? ¿Y por qué hay quienes hablan de entreguismo mientras otros hablan de estrategia?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las preguntas grandes no se responden con prisas, sino con el peso de la historia. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, como he dicho en otras ocasiones, no espere de mí una verdad absoluta, sino sólo mi punto de vista. El 3 de enero no fue una derrota…, fue una “transición de fase”. No es lo mismo perder una batalla que perder la guerra. Y lo que ocurrió ese día, camarita, fue la aplicación más cruda de la Real Politik: el arte de sobrevivir cuando el enemigo es más fuerte.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó desde su mesa un informe sobre el conflicto. «Anacleto, hay quienes dicen que Venezuela debió responder militarmente. Que las fuerzas armadas estaban preparadas, que los sistemas de defensa podían haber derribado aviones. ¿Por qué no se hizo?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Mi estimada profesora, la pregunta correcta no es por qué no se hizo. La pregunta correcta es qué hubiera pasado si se hacía. Si hubiésemos planteado una batalla, a un enemigo con tanta superioridad militar y tecnológica, las pérdidas y la destrucción en nuestra patria hubiesen sido descomunales. Lo primero que hubieran destruido eran las plantas eléctricas y de agua potable, las telecomunicaciones, gran parte de nuestro ejército, la economía, y asesinado a gran parte de la población. ¿Es eso lo que hubieran preferido? ¿Una guerra civil sumamente desigual? ¿Un baño de sangre?»

El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «Pero Anacleto, ¿y la dignidad? ¿No valía la pena resistir aunque fuera una derrota segura?»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la dignidad no se mide en muertos. «Coronel, el honor herido o la soberbia jamás deben nublar el juicio de un líder para arrastrar a su gente a una matanza o a una derrota inevitable. Sun Tzu dijo que no se debe pelear una guerra que se sabe que no se puede ganar. Y Venezuela, camaritas, no podía ganar una guerra contra Estados Unidos en su propio “patio trasero”. No tenía la capacidad, ni la tecnología, ni los aliados para hacerlo.»

Un desconocido de una mesa cercana, un hombre de unos sesenta años con el pelo cano y una libreta en la mano, intervino con voz firme y un dejo de escepticismo. «Pero señor Anacleto, ¿y la traición? ¿No es cierto que Delcy, Jorge y Diosdado entregaron a Maduro a cambio de quedarse en el poder?»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Camarita, la tesis de la traición se cae por su propio peso. ¿Por qué? Porque Maduro respalda lo que se está haciendo, desde la cárcel en Nueva York; el hijo de Maduro también lo respalda; la cúpula está unida. El Partido Socialista Unido de Venezuela está unido. Si hubiera sido una traición, camaritas, Maduro habría salido a gritar ‘traidores’. En cambio, lo que vimos fue una «V» de victoria y un mensaje de unidad. No salió diciendo traidores, me engañaron. Tuvo las cámaras para hacerlo. Sin embargo, en el momento que vio una cámara, ya lo tenía pensado: «V» de victoria, fuerza, venceremos. Eso no es una traición. Es una estrategia de supervivencia.»

Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y el acuerdo con Estados Unidos. Dicen que es una entrega.»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Carmen, el acuerdo habla de 25 años como período de la concesión, y no CIEN años como han especulado los heraldos negros. Además, la inversión para poner a punto la producción corre por cuenta de los inversores. Se habla de una inversión inicial de unos 100 mil millones de dólares. Al empezar a producir, al país le tocarán: 16% de regalías y 34% de ISR, que generarán un aproximado de 209.000 millones de dólares en esos 25 años. El barril de petróleo le dejará al país un aproximado de 19 dólares netos de ganancia» Hizo una pausa, se acomodó los lentes de carey, echó una ojeada a todos en El Bohemio y soltó: «Esos miles de millones de barriles no le producen nada al pueblo en la actualidad. ¿Por qué le voy a impedir al pueblo venezolano que viva bien y posiblemente en pocos años, si esto se logra, sea uno de los pueblos más prósperos de Latinoamérica?»

El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y la tan cacareada ‘Soberanía’? ¿No se pierde?»

Anacleto lo miró fijamente. «Camarita, la soberanía no es un ídolo de oro que se pone en un altar para admirarlo. Es la herramienta que usas para que tu gente no pase hambre. Delcy lo explicó bien: nosotros ponemos el petróleo, ellos la tecnología. ¿Dónde está la entrega si la propiedad sigue siendo nuestra y el bienestar llega a la mesa de los camaritas? La soberanía, camarita, no se pierde cuando se negocia. Se pierde cuando tu gente se muere de hambre mientras tú mantienes la espalda recta por puro orgullo.» Hizo una pausa para beber algo de café, caló su cigarrillo y luego de exhalar el humo hacia las aspa del ventilador, masculló: «Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos mientras utiliza el capital y la tecnología estadounidenses para recuperar el desarrollo de su industria petrolera. El petróleo bajo tierra solo nos será útil si lo extraemos para convertirlo en bienestar para todos los venezolanos. Pero las ilegítimas y unilaterales sanciones, guerras y bloqueos nos han impedido lograrlo. No es una entrega, camarita. Es una negociación de igual a igual en un contexto de asimetría de poder.»

El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, golpeó la mesa con el puño. «Todo esto es muy bonito, Anacleto, pero ¿qué tiene que ver conmigo? ¿Con mi mujer que tiene que comprar el pan y la leche?»

Anacleto caminó hacia la barra  y se giró lentamente, y lo miró con esa mezcla de paciencia y dureza que le caracterizaba. «Camarita, la cadena llega a su bolsillo de esta manera: Arabia Saudita produce menos petróleo, el barril sube; las navieras evitan el Mar Rojo, los fletes suben; Venezuela vende más crudo por canales que no pasan por el sistema financiero del dólar. El petróleo, camarita, es un látigo invisible que te azota el bolsillo todos los días. Y este acuerdo, para bien o para mal, va a cambiar la forma en que ese látigo se mueve. Venezuela va a hacer lo que tenga que hacer porque así funciona la política para sobrevivir. Y está bien, porque la responsabilidad del gobierno es que tiene a 35 millones de personas en su espalda.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados conflictos, intervino. «Anacleto, y la comparación con Irán. ¿Por qué Irán pudo resistir y Venezuela no?»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que las geografías son destinos. «Camarita, Venezuela no es Irán. Venezuela tiene al monstruo enfrente, Irán lo tiene a miles de kilómetros; Irán tenía 50 años preparándose para esta guerra, Venezuela apenas si empieza a armarse; Irán tiene el estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el-Mandeb, dos arterias del comercio mundial. ¿Qué va a tapar Venezuela? ¿El estrecho de Panamá y le va a declarar la guerra a Panamá? Irán también ha resistido más allá de los misiles, porque si no tuviera la capacidad de taponar esos estrechos, se le complicaría muchísimo más. Venezuela no tiene esa palanca. Y sin palanca, la resistencia es más cara.»

El obrero, que había estado escuchando con atención, levantó la mano. «Anacleto, y Cuba. ¿Por qué Cuba resiste y Venezuela no?»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Camarita, siento un gran amor y respeto por la revolución cubana, pero  si un cubano me dice: «¿Cómo puede ser que Maduro está preso y ustedes se entregaron?» Yo le respondo: «Bueno, pero entonces, ¿por qué Guantánamo está abierta en Cuba todavía? ¿Por qué hay una embajada norteamericana en Cuba todavía? Si yo tengo que pensar que 200 aeronaves en el cielo cubano podrían ser contrarrestadas, voy a ser sincero, dudo que Cuba tenga capacidad, después de un bloqueo de 60 años, para contrarrestar 50 aviones norteamericanos.»

Se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara y fuerte agregó. «Simón Bolívar dijo que «la soberanía es la autoridad suprema de un pueblo para regirse por sí mismo». Y eso, camaritas, es lo que está en juego. No el control de una cuenta bancaria. La soberanía de un pueblo que ha decidido resistir sin inmolarse. No es la primera vez que esto sucede. Chávez se entregó dos veces. Si Chávez hubiera salido a matarse con la gente, no hubiera existido el chavismo, no hubiera existido el chavismo como tal.»

Dio un sorbo de café y continuó: «Rómulo Gallegos escribió que «la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre». Y la barbarie de la crítica ciega, camaritas, está en el corazón de quienes prefieren la pureza de la derrota a la complejidad de la supervivencia. Los contextos cambiaron, el mundo cambió, el mundo está en guerra, todo ha cambiado. La foto de antes no es la foto de ahora. Chávez tenía cartas de negociación porque las inversiones estaban dentro. Maduro no las tuvo porque se fueron todas por culpa del pedófilo. Ahora vamos a tener cartas de negociación, vamos a tener 209.000 millones en 25 años de ingreso, vamos a tener inversiones de 100.000 millones de dólares con tecnología y pozos nuevos.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello. «Alí Primera cantó con ironía «Ahora que el petróleo es nuestro, viva la soberanía, ¿Qué tal, señor presidente, si se convierte en comía?«, cuando CAP “nacionalizó” el petróleo. Han pasado largos años. Pero ahora, eso, camaritas, es lo que está haciendo este gobierno. Usar el petróleo no como un discurso, sino como una herramienta para que el pueblo pueda vivir. No para comprar la libertad, sino para construir la vida. ¿Es perfecto el acuerdo? No. Pero la alternativa, camaritas, era la guerra. Y en la guerra, nadie gana. Solo sobreviven los que supieron negociar.»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con su sol ardiendo, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuánto tiempo más pasará antes de que entendamos que la política no es una cuestión de pureza, sino de supervivencia?

El arte de la guerra: cuando la resistencia es no pelear – Si hubiésemos planteado una batalla, a un enemigo con tanta superioridad militar y tecnológica, las pérdidas y la destrucción en nuestra patria hubiesen sido descomunales. Lo primero que hubieran destruido eran las plantas eléctricas y de agua potable, las telecomunicaciones, gran parte de nuestro ejército, la economía, y asesinado a gran parte de la población. Sun Tzu escribió que «la suprema excelencia consiste en someter al enemigo sin luchar». Venezuela no luchó militarmente, pero sobrevivió. Esa es la lección que la crítica ciega no quiere ver.

Las cifras del acuerdo: entre la realidad y la propaganda – El acuerdo habla de 25 años como período de la concesión, y no CIEN años como han especulado los heraldos negros. La “puesta en marcha”  corre por cuenta de los inversores, con una inversión inicial de 100 mil millones de dólares. El barril de petróleo le dejará al país un aproximado de 19 dólares netos de ganancia. El economista venezolano Asdrúbal Oliveros ha señalado que «la diferencia entre la cifra anunciada y la cifra real es la diferencia entre la propaganda y la realidad». Venezuela está utilizando menos del 2% de sus reservas totales para este acuerdo, un porcentaje mínimo que permite la entrada de inversión sin comprometer el futuro energético del país.

La Real Politik como método: sobrevivir para seguir resistiendo – No es la primera vez que esto sucede. Chávez se entregó dos veces. Si Chávez hubiera salido a matarse con la gente, no hubiera existido el chavismo. Maquiavelo escribió que «el príncipe debe ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos». Venezuela ha sido zorro al negociar y león al resistir. Los contextos cambiaron, el mundo cambió, el mundo está en guerra, todo ha cambiado. La foto de antes no es la foto de ahora. La supervivencia, camaritas, es la forma más alta de la resistencia. Y Venezuela, contra todo pronóstico, sigue en pie.

 

 

El Pepazo

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La verificación CAPTCHA del usuario ha fallado. ¡Ponte en contacto con nosotros!

Noticias Populares