lunes, octubre 5, 2026
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«La Rebeldía Tributaria» se sirve de la ciudad, pero no quiere pagar impuestos

Una ciudad no se sostiene solamente con buenas intenciones

Maracaibo es una ciudad que todos utilizamos, disfrutamos y necesitamos. Sus calles, avenidas, espacios públicos, mercados, comercios, servicios, infraestructura y actividad económica forman parte de una misma dinámica urbana.

Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:

¿Quién paga la ciudad que todos utilizamos?

Detrás de cada calle que debe mantenerse, de cada espacio público que necesita recuperación, de cada servicio municipal que debe funcionar y de cada obra que se ejecuta, existen recursos económicos.

Una alcaldía no funciona únicamente con voluntad política. Necesita ingresos para poder planificar, ejecutar, mantener y responder a las necesidades de sus ciudadanos.

Y dentro de esos ingresos, los tributos municipales representan una fuente fundamental para la gestión local.

Por eso, hablar de impuestos no debería reducirse a una discusión sobre cuánto debe pagar un comerciante, una empresa o un ciudadano. Debemos hablar de algo mucho más profundo: cultura tributaria, corresponsabilidad y compromiso con la ciudad.

1. La ciudad como sistema: los servicios necesitan recursos

Una ciudad puede compararse con un gran sistema en permanente funcionamiento.

Las vías se deterioran y necesitan mantenimiento. Los espacios públicos requieren recuperación y conservación. La infraestructura urbana necesita inversión. Los programas sociales demandan recursos. La limpieza, el mantenimiento, la atención comunitaria y las obras públicas tienen costos.

Nada de eso ocurre de manera gratuita.

En las ciudades que han logrado construir sistemas municipales sólidos existe una relación relativamente clara entre recaudación, planificación, inversión y prestación de servicios.

Los ciudadanos y las empresas cumplen con sus obligaciones tributarias y las administraciones públicas tienen el deber de transformar esos recursos en respuestas concretas para la población.

Ese es el principio básico de una ciudad sostenible:

quien recibe los beneficios de vivir, trabajar o desarrollar una actividad económica en una ciudad también debe contribuir a sostenerla.

El comercio, además, necesita de la ciudad para funcionar.

Un establecimiento comercial requiere calles para recibir clientes y proveedores, espacios urbanos adecuados, servicios, movilidad, infraestructura y un entorno que permita desarrollar su actividad.

Por eso existe una contradicción cuando alguien quiere una ciudad moderna, limpia, ordenada, segura, transitable y económicamente activa, pero al mismo tiempo considera que pagar los tributos que ayudan a sostenerla es opcional.

2. Cultura tributaria: no se trata solamente de pagar, sino de asumir una responsabilidad

Aquí aparece uno de los grandes desafíos de Maracaibo: fortalecer la cultura tributaria.

La cultura tributaria no consiste simplemente en conocer cuánto se debe pagar o cuándo vence una obligación.

Es entender que el tributo forma parte de un pacto de corresponsabilidad social.

El ciudadano cumple con sus obligaciones y el Estado, en este caso el gobierno municipal, tiene la responsabilidad de administrar esos recursos con eficiencia, transparencia, planificación y sentido social.

Cuando un comerciante declara correctamente su actividad económica y paga oportunamente sus tributos, está cumpliendo con la ley, pero también está haciendo algo más:

está contribuyendo al funcionamiento de la ciudad donde desarrolla su negocio.

El problema aparece cuando se normalizan prácticas como no declarar, declarar por debajo de la realidad económica, mantener deudas tributarias durante largos períodos o considerar que evadir una obligación es una forma legítima de reducir costos.

Eso no es cultura tributaria.

Eso es rebeldía tributaria.

Y la rebeldía tributaria tiene una particularidad: quiere disfrutar de los beneficios de la ciudad, pero pretende trasladar a los demás el costo de sostenerla.

Es decir:

se sirve de la ciudad, pero no quiere pagar por contribuir a su sostenimiento.

3. La reinversión social del tributo: pagar para construir la ciudad que queremos

El tercer elemento es quizás el más importante.

El ciudadano debe poder comprender que el tributo no debería desaparecer en una caja abstracta. Debe regresar a la sociedad convertido en soluciones.

Cuando los recursos municipales son administrados correctamente, pueden convertirse en mantenimiento vial, recuperación de espacios públicos, iluminación, saneamiento, infraestructura, programas sociales, atención comunitaria, actividades culturales, promoción deportiva y otras acciones destinadas a mejorar la calidad de vida.

Por eso, la conversación tributaria debe tener dos caras.

Por un lado:

El contribuyente tiene la obligación de declarar y pagar correctamente.

Por el otro:

La administración municipal tiene la obligación de administrar correctamente, rendir cuentas y demostrar resultados.

Una responsabilidad no elimina la otra.

El ciudadano no puede utilizar la ineficiencia pública como argumento para incumplir automáticamente sus obligaciones tributarias; y la administración tampoco puede utilizar la obligación tributaria como excusa para administrar mal los recursos.

La relación correcta es de corresponsabilidad.

Maracaibo necesita superar la cultura del incumplimiento

De acuerdo con cifras manejadas por la administración municipal, alrededor del 60 % del sector comercio mantiene deudas tributarias.

Si esta cifra refleja la realidad del universo de contribuyentes analizado, estamos ante un problema que trasciende la simple morosidad.

Estamos frente a un desafío de cultura ciudadana.

Porque cuando una parte importante de quienes desarrollan actividades económicas no cumple oportunamente con sus obligaciones, el costo termina afectando al conjunto de la sociedad.

El comerciante que paga termina compitiendo con quien no paga.

El contribuyente que declara correctamente termina soportando una carga que otros intentan evitar.

Y la ciudad pierde recursos que podrían destinarse a atender necesidades colectivas.

Por eso, combatir la morosidad y la evasión tributaria no debe entenderse únicamente como una acción de carácter recaudatorio.

También debe entenderse como una política de justicia tributaria.

El que cumple no puede quedar en desventaja frente al que incumple.

No se trata de perseguir al comerciante, sino de construir una relación responsable

Maracaibo necesita un sector comercial fuerte, dinámico y competitivo.

El comercio genera empleo, mueve la economía, ofrece bienes y servicios y forma parte esencial de la vida urbana.

Precisamente por esa importancia, debe existir una relación madura entre el sector privado y el gobierno municipal.

La administración debe facilitar el cumplimiento, simplificar procesos, combatir la evasión, ofrecer mecanismos eficientes de atención y garantizar transparencia.

El contribuyente, por su parte, debe declarar correctamente, cumplir con sus obligaciones y entender que sus tributos forman parte de los recursos necesarios para sostener la ciudad.

No se trata de enfrentar a la alcaldía contra los comerciantes.

Se trata de entender que ambos forman parte de la misma ciudad.

Una ciudad con mayor recaudación efectiva puede tener mayor capacidad de respuesta.

Una ciudad con mayor cumplimiento tributario puede planificar mejor.

Una ciudad donde existe corresponsabilidad tiene mayores posibilidades de avanzar.

¿Qué ciudad queremos dejarles a nuestros hijos?

Esta es, quizás, la pregunta que debería cerrar cualquier discusión sobre cultura tributaria.

Todos queremos una Maracaibo con mejores calles, espacios públicos dignos, servicios eficientes, infraestructura moderna, oportunidades económicas y mejores condiciones de vida.

Pero una ciudad no se construye solamente con discursos.

Se construye con recursos, planificación, trabajo, inversión y responsabilidad.

También se construye cuando cada ciudadano y cada empresario entiende que formar parte de una ciudad implica asumir responsabilidades con ella.

Pagar los tributos no significa simplemente entregar dinero a una administración.

Significa cumplir una obligación legal y participar, directa o indirectamente, en el sostenimiento de la comunidad de la que todos formamos parte.

Claro está: esa contribución debe estar acompañada por una gestión pública eficiente, transparente y orientada a resultados.

Porque el contribuyente tiene derecho a exigir resultados.

Y la administración tiene derecho a exigir cumplimiento.

Ambas cosas deben coexistir.

Maracaibo no necesita espectadores: necesita corresponsables

La transformación de una ciudad no puede depender exclusivamente de una alcaldía.

Tampoco puede recaer únicamente sobre los ciudadanos.

Necesita una alianza entre gobierno, comerciantes, empresarios, trabajadores y comunidades.

Una alianza basada en una premisa sencilla:

Todos queremos disfrutar de una mejor ciudad, pero todos debemos contribuir a construirla.

La verdadera cultura tributaria comienza cuando dejamos de pensar solamente en lo que la ciudad puede darnos y comenzamos a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para sostenerla.

Porque la vialidad que utilizamos, los espacios públicos que disfrutamos, los servicios que exigimos y las oportunidades económicas que encontramos en Maracaibo forman parte de una misma realidad.

Y esa realidad tiene un costo.

Por eso llegó el momento de dejar atrás la rebeldía tributaria y avanzar hacia una cultura de responsabilidad.

Una cultura donde pagar los tributos no sea visto como una pérdida, sino como una inversión colectiva en la ciudad.

Una cultura donde el comerciante que cumple no sea la excepción, sino la norma.

Una cultura donde la administración municipal recaude con eficiencia, administre con transparencia y devuelva esos recursos en obras y servicios.

Y, sobre todo, una cultura donde entendamos que la Maracaibo que queremos para nuestros hijos y nietos comienza con la responsabilidad que asumimos hoy.

Porque una ciudad se disfruta entre todos, pero también se construye y se sostiene entre todos.

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