viernes, octubre 30, 2026
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Periodismo con identidad: ética, credibilidad y defensa profesional

 

Hoy vivimos en otro mundo. Las redes sociales revolucionaron la manera de informarnos. Un teléfono basta para enterarnos de un hecho, denunciar una irregularidad u opinar sobre cualquier asunto en cuestión de segundos. Estas plataformas también han permitido visibilizar muchas realidades que antes permanecían ocultas. Sin embargo, hay algo que debemos tener claro: no todo lo que se publica como noticia es periodismo.

Contar un hecho es apenas el primer paso. Verificar los datos, consultar fuentes y contextualizar lo ocurrido son tareas indispensables para que la ciudadanía pueda comprender la realidad y formarse una opinión propia.

Nuestro marco constitucional es claro. El artículo 57 de la Constitución consagra la libertad de expresión, mientras que el artículo 58 establece el derecho a recibir información oportuna, veraz e imparcial.

Pero también es necesario distinguir entre expresar una opinión, compartir una experiencia personal y ejercer una profesión que exige formación, responsabilidad y el cumplimiento de determinados requisitos legales.

La Ley de Ejercicio del Periodismo establece en su artículo 2.º lo siguiente:

«ARTÍCULO 2.º. Para el ejercicio de la profesión de periodista se requiere poseer el título de Licenciado en Periodismo, Licenciado en Comunicación Social o título equivalente, expedido en el país por una Universidad, o título revalidado legalmente; y estar inscrito en el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y en el Instituto de Previsión Social del Periodista (IPSP). Los ciudadanos que cumplan con los requisitos establecidos en esta disposición, serán los únicos autorizados para utilizar el título de Periodista Profesional».

Estos requisitos no son simples formalidades. Forman parte del marco legal que regula el ejercicio de la profesión y deben ser conocidos y respetados.

En el mundo digital, la popularidad suele confundirse con la preparación. Tener muchos seguidores o acumular miles de visualizaciones no convierte automáticamente a alguien en periodista ni garantiza la capacitación necesaria para elaborar una información exclusiva con rigor. No es así de sencillo.

Esto tampoco significa desconocer el aporte de los creadores de contenido. Muchos documentan los problemas de sus comunidades, visibilizan situaciones que merecen atención y prestan un servicio valioso. Sin embargo, hay una diferencia que debemos mantener clara: comunicación y periodismo no son lo mismo.

Investigar, contrastar versiones y contextualizar los hechos requiere método, criterio y responsabilidad. No basta con publicar primero; también hay que procurar que lo publicado sea cierto y esté debidamente sustentado.

Por ello, resulta fundamental combatir el intrusismo profesional. Desde el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) se ha insistido en la importancia de que los profesionales identifiquen sus trabajos informativos —en portales digitales, prensa escrita, entrevistas y producciones audiovisuales— con su nombre y número de colegiado.

No se trata de vanidad ni de protagonismo. Identificar la autoría permite reconocer el trabajo realizado, asumir responsabilidades y ofrecer al público mayores elementos para valorar la información que recibe.

Ahora bien, la credencial no lo es todo. El ejercicio profesional también exige rigor ético, honestidad intelectual y una comprobación constante de los hechos. El carnet acredita nuestra condición profesional; es el trabajo, respaldado por la seriedad y la responsabilidad, el que construye la credibilidad.

También debemos prestar atención a la manera en que se elabora y difunde la información. Una acusación sin pruebas, un audio sacado de contexto o un rumor presentado como un hecho confirmado pueden perjudicar a personas, alimentar la desinformación y deteriorar la confianza pública.

Ninguna primicia justifica saltarse la verificación de los datos. La velocidad sin rigor contribuye al caos.

Defender el periodismo tampoco significa restarle valor a la denuncia ciudadana. Todos tenemos derecho a expresar nuestras inconformidades y señalar las fallas de la gestión pública dentro del marco legal.

El trabajo periodístico va más allá: busca profundizar, contrastar y sustentar lo que se comunica. La participación ciudadana y el periodismo pueden coexistir y complementarse. Lo importante es comprender sus diferencias y respetar la naturaleza de cada uno.

Venezuela necesita un periodismo que contribuya a ordenar el debate público, no uno que lo embrutezca. Necesita profesionales capaces de investigar, preguntar, rectificar cuando sea necesario y comprender que detrás de cada publicación existe una responsabilidad con la sociedad.

Para avanzar en esa dirección, debemos respetar la ley, apostar por la formación académica y unir esfuerzos contra el intrusismo profesional. No se trata de una simple disputa gremial, sino de defender el derecho de la ciudadanía a recibir información responsable, ética y contextualizada.

La credibilidad jamás dependerá de un algoritmo ni de la cantidad de likes. Se construye investigando, contrastando fuentes, actuando con honestidad intelectual y teniendo la valentía de corregir a tiempo.

Quienes ejercemos este oficio tenemos una enorme responsabilidad con la sociedad venezolana. Un compromiso que va mucho más allá de las métricas, las tendencias y la búsqueda de popularidad.

Informar exige identidad. Método. Verdad.

El Pepazo

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