Cuando San Benito sale a las calles del Zulia, los tambores anuncian que comenzó la fiesta. Pero detrás del sonido de los chimbangueles existe una historia mucho más profunda: siglos de tradición, herencia africana, religiosidad popular y una forma particular de expresar la fe que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos culturales más importantes de la región.
Por El Pepazo
Hay un sonido que para muchos zulianos resulta imposible separar de San Benito de Palermo.
No importa si se escucha a lo lejos.
No importa si todavía no se ve la procesión.
Cuando comienzan a sonar los tambores, muchos saben lo que está ocurriendo:
San Benito está en la calle.
Ese sonido tiene nombre:
Chimbanguele.
Pero ¿por qué los chimbangueles acompañan a San Benito?
La respuesta está en una historia que comenzó hace siglos y que terminó convirtiendo al tambor en mucho más que un instrumento musical.
El tambor como forma de expresión
En Venezuela, las celebraciones dedicadas a San Benito tienen diferentes manifestaciones según la región.
En el Zulia, una de las más importantes es precisamente el chimbanguele, tradición musical y ritual vinculada especialmente al culto del llamado Santo Negro.
La Fundación Empresas Polar identifica a los chimbangueles como una batería de tambores característica de las fiestas de San Benito en el Zulia y los Andes. También registra la presencia de una flauta de chimbanguelé dentro de la música tradicional venezolana.
Pero el chimbanguele no apareció simplemente para “poner música” a una procesión.
Su historia está relacionada con la presencia africana en la región.
Una tradición nacida del encuentro de culturas
Durante el período colonial llegaron a las costas del Lago de Maracaibo personas africanas sometidas a esclavitud.
Con ellas llegaron también conocimientos, ritmos, formas de organización comunitaria, cantos y maneras de relacionarse con lo espiritual.
La Diócesis de Cabimas explica que los misioneros franciscanos encontraron entre estas comunidades creencias relacionadas con Ajé, asociado como una divinidad de las aguas, cuyo culto incluía repiques de tambores y cantos. En ese contexto se produjo el encuentro con la figura de San Benito de Palermo.
Así comenzó un proceso cultural que con el tiempo produjo una expresión religiosa particular:
la devoción a un santo católico acompañada por una tradición musical de profunda raíz africana.
¿Qué tiene que ver San Benito?
San Benito de Palermo fue un religioso franciscano de origen africano.
Su condición de santo negro favoreció su identificación con comunidades afrodescendientes durante el proceso de evangelización colonial.
La Diócesis de Cabimas explica que los franciscanos utilizaron la imagen de un santo negro como referencia para estas comunidades, produciéndose un proceso de sincretismo religioso y cultural que caracteriza parte del culto a San Benito.
Por eso el santo terminó siendo recibido no solamente desde la liturgia católica formal, sino también desde las expresiones culturales propias de las comunidades que lo veneraban.
Y entre esas expresiones estaba el tambor.
El chimbanguele no es solamente música
Este punto es fundamental.
Para comprender la tradición hay que dejar de mirar el chimbanguele como si fuera simplemente una banda musical que acompaña una procesión.
Es una expresión ritual.
Es una manera de acompañar al santo.
Es una forma de participar colectivamente en la celebración.
La propia Diócesis de Cabimas describe el toque de chimbangueles como una forma particular de rendir culto a San Benito y señala que, dentro de la tradición local, resulta prácticamente imposible separar la celebración del santo del repique de los tamboreros.
Por eso existe una frase popular que resume perfectamente la relación:
Cuando suenan los tambores, comenzó la fiesta del Santo Negro.
El Santo Negro y el pueblo
San Benito es conocido popularmente en el Zulia como el Santo Negro.
Su devoción se extendió por diferentes zonas de la región y alcanzó una fuerza especial en la Costa Oriental del Lago.
La Diócesis de Cabimas señala que el culto al santo tiene una presencia profunda en los pueblos de su territorio y que la devoción cobró especial fuerza con las explotaciones petroleras, cuando llegaron trabajadores provenientes del Sur del Lago.
Eso significa que la historia del chimbanguele también está relacionada con los movimientos de población.
Personas que llegaron buscando trabajo llevaron consigo sus tradiciones.
Y esas tradiciones encontraron nuevos espacios donde desarrollarse.
Cuando el petróleo también encontró a San Benito
En Cabimas existe además una historia que une directamente al santo con el petróleo.
La tradición popular cuenta que durante el famoso reventón del Barroso II, ocurrido en diciembre de 1922, se acudió a San Benito para pedir ayuda ante el enorme flujo de petróleo.
La Diócesis de Cabimas recoge esta tradición y señala que un devoto procedente de Bobures habría solicitado permiso para llevar la imagen del santo hasta las cercanías del pozo acompañado por un grupo de chimbangueles. Según el relato religioso, después el pozo se tapó de manera natural y el hecho fue atribuido al santo.
Aquí nuevamente debemos separar:
El Barroso II es un acontecimiento histórico documentado.
La intervención milagrosa de San Benito forma parte de la tradición popular y religiosa.
Pero ambas historias quedaron profundamente conectadas en la memoria de Cabimas.
Y los chimbangueles aparecen en el centro de ese relato.
Una batería de tambores
La tradición musical del chimbanguele tiene además una estructura propia.
La Fundación Empresas Polar señala que los chimbangueles se ejecutan en una batería de siete tambores, característica de las fiestas de San Benito en la región zuliana y andina.
La Diócesis de Cabimas identifica dentro de los toques instrumentos como:
- Requinto
- Jalao
- Tambor mayor
- Respondón
- Repuesto
- Medio golpe
No se trata, por tanto, de un conjunto improvisado.
Existe una organización musical que forma parte de la tradición transmitida entre generaciones.
Cada golpe tiene su momento
La fuerza del chimbanguele está también en que el tambor acompaña diferentes momentos de la celebración.
Los músicos y vasallos conocen los toques tradicionales.
Los devotos reconocen el sonido.
Y la procesión adquiere su propio ritmo.
Por eso el chimbanguele funciona simultáneamente como:
música, ritual, comunicación y memoria.
Es música porque produce ritmo.
Es ritual porque acompaña la veneración del santo.
Es comunicación porque convoca a la comunidad.
Y es memoria porque transmite una tradición que ha sobrevivido durante generaciones.
San Benito camina porque el pueblo camina
En las fiestas zulianas, la imagen de San Benito no permanece encerrada en el templo.
Sale.
Recorre las calles.
Se encuentra con sus devotos.
Y los tambores van delante, alrededor o detrás de la imagen, dependiendo de la dinámica de cada celebración.
En Cabimas esta tradición sigue viva.
La Diócesis registra celebraciones y procesiones donde los devotos acompañan al santo al son de los chimbangueles y de los llamados vasallos de San Benito.
Así, el santo deja de ser únicamente una imagen dentro de una iglesia.
Se convierte en una presencia comunitaria.
Del Sur del Lago a Cabimas
La expansión de la devoción explica también por qué encontramos diferentes expresiones de San Benito en el Zulia.
La tradición se desarrolló en poblaciones del Sur del Lago y posteriormente alcanzó otras zonas.
La Fundación Empresas Polar registra que las celebraciones de San Benito se extienden por distintos estados venezolanos y que en el Zulia los chimbángueles constituyen uno de los elementos musicales característicos.
No todos los pueblos celebran exactamente igual.
Cada comunidad tiene sus propias particularidades.
Pero existe un elemento que aparece una y otra vez:
el tambor como vehículo de la devoción.
Promesa, agradecimiento y fe
Para muchos devotos, tocar o acompañar un chimbanguele no es simplemente participar en una fiesta.
Puede ser una promesa.
Una manera de agradecer.
Una petición.
Una tradición familiar.
Un compromiso con San Benito.
La Fundación Empresas Polar señala que en las fiestas de San Benito algunos participantes acuden por devoción o para pagar promesas.
Por eso, detrás de cada procesión puede existir una historia personal.
Alguien que pide por un familiar.
Alguien que agradece por una enfermedad superada.
Alguien que cumple una promesa heredada de sus padres.
Y alguien que simplemente quiere mantener viva la tradición de sus antepasados.
Una tradición que sobrevivió al tiempo
Quizás la mayor explicación de por qué los chimbangueles acompañan a San Benito sea precisamente esta:
porque generaciones de zulianos aprendieron que esa es una de las formas propias de celebrar al santo.
La tradición sobrevivió a cambios políticos, económicos y sociales.
Sobrevivió al crecimiento de las ciudades.
Sobrevivió a la transformación de los pueblos petroleros.
Y llegó hasta las nuevas generaciones.
Hoy un joven puede escuchar un chimbanguele y no conocer todos los detalles de su historia.
Pero probablemente reconozca inmediatamente lo que significa.
San Benito está llegando.
Cuando el tambor habla
En el Zulia existe una relación especial entre la música y la identidad.
La gaita representa una parte fundamental de esa identidad.
Pero cuando suenan los chimbangueles, el mensaje es diferente.
No solamente se está interpretando música.
Se está anunciando una celebración.
Se está acompañando una tradición.
Se está reuniendo una comunidad.
Y se está manteniendo viva una memoria cultural.
Lo que realmente estamos heredando
Cada generación recibe mucho más que unos tambores.
Recibe una historia.
Recibe una manera de celebrar.
Recibe conocimientos musicales.
Recibe nombres de instrumentos y toques.
Recibe relatos de sus abuelos.
Recibe promesas familiares.
Y recibe la responsabilidad de conservar aquello que identifica a su comunidad.
Por eso hablar de chimbangueles es hablar también de identidad zuliana.
El sonido que anuncia al Santo Negro
Quizás por eso existe una imagen que resulta difícil de olvidar.
Una calle llena de gente.
La imagen de San Benito avanzando.
Los devotos alrededor.
Y, de repente, los tambores comienzan a sonar.
El golpe se escucha cada vez más fuerte.
La gente sale de sus casas.
Los niños miran.
Los mayores recuerdan.
Los músicos continúan tocando.
Y alguien dice:
“Ahí viene San Benito”.
Ese instante resume siglos de historia.
Porque mientras exista alguien dispuesto a tocar un chimbanguele y otra persona dispuesta a acompañar al santo, la tradición seguirá viva.
¿Tú conoces algún toque de chimbanguele?
¿En tu familia existe alguna historia relacionada con San Benito, los vasallos o los chimbangueles?
¿Has participado en alguna procesión en Cabimas, Bobures, Lagunillas, Gibraltar o cualquier otra población del Zulia?
Cuéntanos tu historia en los comentarios.
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