Luis Carlucho Martín
La cumpleañera de hoy, la Ley de Ejercicio del Periodismo en Venezuela, con 54 años de haber sido promulgada, está entrampada en sí misma y abierta a flagrantes violaciones en contra de su articulado, ya que el propio texto da pie a interpretaciones interesadas que desencadenan en la dicotomía sobre la estricta legalidad, incluso la ética, del sagrado oficio.

El periodista debe estar facultado –y qué bueno que es así– para procesar la información, amparado en el derecho humano de la libertad de expresión, para que todo ciudadano vea satisfecho su derecho a estar informado.
Eso es lo teórico. Al respecto, el texto constitucional expone en sus artículos 57 y 58 la garantía de la libertad de expresión y de información sin censura previa mediante cualquier medio de difusión; así como la obligatoriedad de que la información dirigida a la ciudadanía debe ser oportuna, veraz e imparcial, consagrando la responsabilidad legal y los deberes éticos del ejercicio, así como el derecho a la réplica y rectificación.
A ello, agrega el compendio legal en el artículo 105 de la CRBV en torno al ejercicio del periodismo, la exigencia de título universitario y la colegiación obligatoria. O sea, para ser periodista hay que graduarse en una universidad e inscribirse en el CNP con lo cual ya es parte del gremio. Esto también es teórico.
Como teórico resulta el llamativo tercer parágrafo del artículo 3 de la Ley de Ejercicio del Periodismo que expone la vulnerabilidad del papel legal y sus exigencias al permitir el ejercicio a gente que «sin fines de lucro» traten de informar en aspectos culturales, políticos, científico, religioso, técnico, ecológico, vecinal y otros aspectos de la cotidianidad.
O sea, la del ejercicio del periodismo, es una ley pensada sobre rocas, pero escrita y ejercida sobre arena, siempre con la amenaza del debilitamiento del gremio y del propio periodista desde lo individual.
Si usted sufre de dolores de columna seguramente acudirá a un traumatólogo especialista en tan esencial parte del cuerpo. Si determinan que la solución es quirúrgica, ni loco deje de visitar a un neurocirujano; esos son los indicados. Si su problema es con la vista está el oftalmólogo a su disposición. Y así sucesivamente. Ahora mismo, las inspecciones de la infraestructura post terremotos, como es muy lógico, están bajo la responsabilidad del Colegio de Ingenieros. Si va a viajar, su avión lo conducirá un piloto certificado y experto. Si desea comer exquisito visitará a los mejores chef. Entonces, ¿por qué la gente abusa y hace veces de periodista sin serlo? Cualquier bicho con uñas hace periodismo. Qué vaina es esa.
Hay técnicas, experiencia, modos, uso del lenguaje y un andamiaje de asuntos éticos que deben ser parte del oficio periodístico, pero usted, abusador y abusadora –jaja, hay que ser ridículamente inclusivo–, se ampara en la escasa o nula e ineficiente supervisión de la norma, y se atreve a ejercer una profesión que no es la suya. Respete, carajo.
Otros, con o sin título, a la censura suman la autocensura, manejan verdades a medias o condicionadas por escaso criterio, organizaciones, instituciones, jefes, partidos políticos o intereses propios para lograr prebendas y cosas varias. La víctima es la verdad, que debe ser el centro del ejercicio periodístico bajo su código deontológico.
Es indudable la promoción –en redes y en discursos de gente influyente en la cotidianidad del país– y la fuerza que ha cobrado la «desprofesionalización», el no frontal abierto contra la academia y la universidad. Eso ha golpeado duro al ya debilitado periodismo, que, por cierto, se ha visto en el ojo del huracán bajo una supuesta reforma de su ley. ¿Quién sabe si en este marasmo actual, de asuntos impredecibles, sea una prioridad?
Informar, educar y entretener son las funciones básicas del periodista. Y se debe a la verdad como base del mensaje que va dirigido, sin distingo, a la ciudadanía en general. Pero desde siempre ha habido manejos, manipulaciones de mensajes y maquillajes informativos que impactan negativente la opinión pública con sesgos e intereses ajenos a la ética, lo cual representa una falta flagrante contra la Ley de Ejercicio del Periodismo, su código normativo y la propia Constitución.
Entre enero y mayo dexeste año el Colegio Naciinsl de Periodismo, organismo encargado de normar y velar por el correcto ejercicio y la sagrada libertad de expresión, documentó casi 100 denuncias contra el maltrato al personal de prensa. A ello, agreguemos, la terrible autocensura, el miedo y los permisos que admite la propia ley. Una sumatoria que descubre la vulnerabilidad del periodismo venezolano, el supuesto cuarto poder, donde el periodista es solo un instrumento.
PD: Todos los gremios, todos, acuden a la prensa para guarecerse, proyectarse y para promover la justa exigencia de sus respectivos derechos y reivindicaciones. Los maestros necesitan salario justo. Los médicos también. Y los abogados. Y los ingenieros. Y todos. Coño, cuándo pediremos lo mismo, unidos, por los periodistas.
¿Será que la clara desunión del gremio y su estéril polarización nos va a seguir hundiendo en un abismo infinito?
¿Quién le pone el freno a las incontrolables y peligrosas redes sociales y sus influencers de mierda?
El Pepazo







