
Luis Carlucho Martín
El 24 de junio de 2026, cuando el mundo entero esperaba el pitazo inicial del Brasil vs Escocia en la Copa del Mundo, las energías contenidas en las entrañas del muy sísmico norte venezolano liberaron fuerzas equivalentes a 260 bombas atómicas. Eso dicen los expertos.
Es que no fue un terremoto. Fueron dos. Unieron su poder con diferencia de 39 segundos entre y uno y otro. Con el agravante de que el segundo detonó a escasos 10 kilómetros de profundidad, lo que hizo más destructiva su onda expansiva, que marchó agresivamente desde su nacimiento en Yaracuy, en línea casi recta y de manera indetenible, hacia Caracas y La Guaira.
La experticia científica certifica que las fuerzas del sistema tectónico venezolano, más activo que nunca, sumaron lo que guardaba el encuentro –debido al desplazamiento horizontal advertido hace tiempo por los geólogos– entre la Placa del Caribe y la Placa Suramericana, y crearon un evento precursor de 7.2 grados de magnitud, que casi automáticamente activó el sismo de 7.5, considerado como el principal. Ese sacudón arrasó todo a su paso en un dantesco itinerario iniciado en la falla de Boconó con paso por la de San Sebastián y de allí a la de El Pilar. Literalmente una especie de línea recta de muerte de oeste a este. Desde la sensación del ciudadano de a pie, esas oscuras energías se conjugaron en un zarpazo mortal cuyo saldo real por ahora es incalculable.
Algunos comentarios extraoficiales, redes sociales y desinformadores de oficio relacionan este holocausto natural con fuerzas extrañas…
Así como Bolívar maldijo al soldado que dispare contra su pueblo, así mismo es maldito sea quien trate de capitalizar réditos políticos, institucionales y/o personales, a costa de este inmenso dolor que es de todos.
Temblorosos antecedentes
Habían pasado 385 años del famoso y destructivo terremoto de San Bernabé ocurrido el 11 de junio de 1641. Casi dos siglos más tarde se desató el terremoto de Caracas de 1812 –un año después de haberse declarado la Primera República–, con similar fuerza destructiva al actual. Aquel acabó con más de 20 mil vidas y con la infraestructura no solo caraqueña sino de ciudades como La Guaira, Mérida, El Tocuyo y San Felipe. Según los geólogos ese megasismo –dicen que también fue un doble terremoto– tuvo inicio en los Andes y replicó en la zona central media hora después, a las 4:05 de la tarde de aquel Jueves Santo. Pasaron unos 80 años para que el 29 de octubre de 1900 se diera el terremoto de San Narciso. Con epicentro cercano a Caracas, generó mucho pánico debido a su altísima magnitud, calculada –aunque sin sismógrafos– entre 7.6 y 8, con la diferencia de que, extrañamente, a pesar de los incontables daños materiales, causó apenas 21 muertos y unos 50 heridos. Y finalmente, otro 29, pero de julio de 1967, se dio el, hasta entonces, último gran sismo de Caracas.
Lo telúrico, lo pagano y lo divino…
Al revisar la ruta histórica de los eventos sísmicos que han golpeado duro al país, y cómo han sido relacionados con fuerzas divinas, del más allá, resulta inevitable, casi menester, reseñar que el más reciente doble terremoto de Venezuela sucede mientras un montón de gente celebra a esa hora, 6 de la tarde, las festividades de San Juan –posiblemente debido a ese santoral será bautizada esta tragedia– en plena fecha patria, conmemorativa de la Batalla de Carabobo, hito que marcó, en teoría, el fin de los desencuentros bélicos para lograr la Independencia, causa por la cual murió Pedro Camejo, más conocido como “Negro Primero”, un ícono de las tradiciones del espiritismo venezolano.
En actos paganos –como se puede observar en numerosas plataformas de internet– muchos pedían a su santo o a su espíritu de preferencia y a otras deidades extraterrenales, que temblara la tierra, sin saber que la naturaleza, sabia como es, los complacería inmediatamente con toda su furia. ¡Y de qué manera! ¿Significa que lo extraterrenal tiene que ver con el origen del sismo? Científicamente, no. Pero los generadores de caos y exponentes del cruel amarillismo ya lo asoman. Cuidado con creer en vainas, pues.

Particularidades históricas… Bernabé
Vamos en orden cronológico en este recuento de hechos destructivos que las élites de cada momento histórico, por manipulación, ignorancia popular o por tradición, siempre les achacaron a fuerzas invisibles que supuestamente mandaban esos latigazos a manera de supuesto castigo divino.
El muy devastador terremoto de San Bernabé, registrado el 11 de junio de 1641, dejó a casi toda Caracas y toda La Guaira en ruinas absolutas. Así lo atestiguan los restos de la catedral y su reloj, cuyas agujas se paralizaron al marcar la trágica hora, 8:45. Tal y como había presagiado –según dice la tradición de boca en boca– un famoso personaje popular, Saturnino, el loco del momento, al que apodaban Ropasanta.

A esa hora el Monseñor Mauro oficiaba una misa en la iglesia principal de Caracas –a la postre destruida– en honor a San Bernabé. La feligresía temerosa e ignorante, comentaba, además de asuntos propios de la fecha, acerca de la profecía de Ropasanta, quien había advertido días antes que “Caracas bailaría como un trompo”, en versos –que luego recogió y publicó, en una crónica, José Antonio Calcaño–: “Qué triste está la ciudad, perdida ya su fe, pero destruida será el día de San Bernabé, quien lo viviere lo verá”…recitaba el popular orate –pero no pendejo– días antes de marcharse al cerro de El Calvario, desde donde contempló los destructivos efectos del sismo que dejó saldo de 500 fallecidos –entre Caracas y zonas cercanas– y la mayoría de las casas caraqueñas en el suelo. De inmediato surgieron los rumores de que se trataba de un merecido castigo por desconocer las sabias advertencias del famoso chiflado, al que la sabiduría popular y su mordaz sentido del humor aun en tragedias como aquella, le respondería: “Saturnino, Ropasanta, zapegato, lo que cantas…”
Si la naturaleza se opone…no hay nada qué hacer
Con respecto al sismo de 1812, además de cobrar unas 20 mil vidas, arrasó con la infraestructura no solo caraqueña sino de ciudades como La Guaira, Mérida, El Tocuyo y San Felipe. ¡Oh casualidad!, todas bajo poder republicano y de los ejércitos patriotas; mientras que las localidades dominadas por el ejército que protegía a la monarquía española como Maracaibo, Coro y Angostura, quedaron en pie, casi ilesas. Bastó para que el poder eclesiástico no dudara en culpar del desastre a “Papá Dios”, porque estaba bravo y enviaba un mensaje divino para que los realistas, defensores de los intereses del Rey Fernando VII, retomaran fuerzas y terreno, como en efecto sucedió. Inclusive, promocionaban que la infraestructura de los cuarteles republicanos fue arrasada casi en su totalidad debido a la furia divina.
Ante tan burda manipulación nace la irreverente proclama Simón Bolívar: “Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca…”
Pero, en ese momento, no había nada qué hacer en contra de las indómitas fuerzas provenientes del subsuelo, ni contra la ignorancia del pueblo, ni contra los ejércitos enemigos.
La gente, con miedo ante los embates del destructivo sismo, acudía masivamente a las iglesias, pero no había espacios sanos que brindaran seguridad para orar, lo cual fue punto a favor para expandir las creencias de que se trataba de un castigo enviado desde el mismísimo Empíreo a favor de España.
Aquellos hechos, de origen natural, fueron usados finamente por la política de coloniaje e influyeron en la caída de la Primera República ante el entonces fortalecido ejército enemigo, liderado por Domingo Monteverde, quien materializó la toma del país ese 29 de julio.
San Narciso
El 29 de octubre de 1900 el terremoto de San Narciso generó tanto pánico que, según relatan varios cronistas, el Presidente Cipriano Castro, haciendo vida en la sempiterna y reconstruida sede de la Casa Amarilla, para salvar su vida ante el ruidoso sismo, hubo de pegar un salto atlético desde la réplica del histórico balcón que en 1810 fue escenario libertario cuando el pueblo rechazó a Vicente Emparan.
Tiempo después, “El Cabito”, nuevamente atemorizado, aunque por otra causa, pegó otro brinco salvavidas y le dejó el coroto a su compadre Juan Vicente Gómez…
Otro 29 de mal agüero
Se sabe que la madrugada previa al terremoto del 29 de julio de 1967, en Colombia, el movimiento natural de la capa tectónica dejó 10 muertos ¿Acaso a manera de aviso de lo que vendría para Caracas? Nadie lo puede afirmar ni negar, pero esos son los hechos.
Nuevamente se atribuyó el asunto a castigos celestiales. ¿A quién habría que rendirle pleitesía en ese momento de la política nacional e internacional?
El hasta entonces llamado “El último terremoto de Caracas”, con 6.7 en la escala de Ríchter y duración de 35 segundos sembró terror por su huella devastadora porque dejó 283 muertos y más de 2 mil heridos, con severos e irreparables daños en gran parte de la moderna infraestructura que se erigía como solución habitacional tanto en el este como en La Guaira. ¡Siempre La Guaira!
Y ahora, el país todo, sufre lo acontecido a partir del doble sismo de este 24 de junio de 2026 y sus consecuencias, hasta ahora de dimensiones incalculables…

A pesar de tanto modernismo y ciencias aplicadas a la planificación urbana, resultó inevitable lidiar con suelos sedimentarios, ubicados en peligrosos abanicos aluviales, a lo que se añadió la desatención a normas básicas antisísmicas por el alto riesgo geotécnico del cual debió advertirse con seriedad y mano dura. Intereses contrapuestos con cochinas intenciones politiqueras izaron sus banderas. Mientras aumenta el caos, la zozobra y el hedor a muerte se apodera de todos los escenarios.
Sin empatía hay asomos de dejadez, desidia, personalismos, corrupción –reconocida y denunciada, incluso, desde lo más interno del poder– y otros males terrenales que en nada ayudan en momentos que demandan unión tricolor verdadera.
Las investigaciones no amañadas hablarán.
La ciencia versus la ignorancia, el cielo versus lo terrenal, la iglesia versus otros poderes incluyendo los políticos, los intereses imperiales y la sempiterna manipulación de la opinión pública, el sismógrafo versus el «querómetro» –seres buenos o malos– cómo han estado relacionados desde siempre con los mayores sismos que han azotado al país, a Caracas y zonas aledañas. ¿Quién ha sido el eterno perdedor?
…por cierto, ya el Mundial no importa. Los únicos goles que cuentan serán a favor del pueblo, pero nuestro equipo está herido de muerte…
El Pepazo





