sábado, julio 11, 2026
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La prensa de la derecha rancia entierra la verdad bajo sus propios escombros…

 

El Bohemio tenía ese aire de los días en que la indignación se sirve caliente, como el café recién colado. En la mesa del rincón, Anacleto había desplegado el artículo de ABC y publicado por Pasaporteñ@, de Argentina, sobre la mesa, con las marcas de sus dedos en los bordes, como si hubiera estado a punto de arrugarlo. A su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista y Carmen esperaban. El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor. Traía el artículo impreso, con las líneas subrayadas en rojo. «Anacleto, esto es una vergüenza. ABC publicó un artículo diciendo que las viviendas de la Misión Vivienda se derrumbaron como castillos de arena. Que los muertos están bajo los escombros de las construcciones del régimen. ¿Cómo pueden escribir eso?»

Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las mentiras del imperio, cuando se documentan, se vuelven su propia sentencia. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, lo que usted tiene ahí no es un artículo. Es un manual de desinformación escrito por una periodista extranjera que vive en Venezuela pero que no ve a Venezuela; que escribe sobre los muertos desde el aire acondicionado, que habla de las viviendas de la Misión sin haber pisado una; que confunde el dolor del pueblo con propaganda; que usa el hedor de los cadáveres, camaritas, para justificar su propia podredumbre.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó un informe técnico del Colegio de Ingenieros de Venezuela. «Según el informe técnico preliminar, el 100% de los derrumbes completos en Caracas correspondieron a edificios del sector privado o de vieja data. En La Guaira, menos del 5% de las viviendas de la Gran Misión Vivienda sufrieron daños estructurales severos. En Catia La Mar, el conjunto habitacional Hugo Chávez no tiene 193 edificaciones, como afirma el artículo. Tiene 75 torres, de las cuales solo 8 presentaron daños estructurales y 2 colapsaron. Eso, camaritas, no es «ninguna construcción oficial resiste». Es una distorsión monumental.»

El coronel retirado, con su voz grave, se inclinó sobre la mesa. «Anacleto, ¿y el testimonio de los rescatistas? Dice que «el hedor de los cadáveres es insoportable». Que «la ayuda no ha llegado».»

«Coronel, los rescatistas están trabajando; los chilenos llegaron, los perros rescatistas están en el terreno, los voluntarios han organizado centros de acopio desde el primer día» aclaró Anacleto, mientras limpiaba sus lentes. «La ayuda ha llegado, camaritas. Pero la periodista no quiere verla, porque no le sirve. Ella no vino a informar. Vino a sentenciar.»

Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Y dice que Hugo Chávez rechazó la ayuda estadounidense en 1999. Que le interesaba más construir viviendas sociales para comprar votos. ¿Cómo puede ser eso cierto?»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Carmen, en 1999, Venezuela recibió ayuda internacional para el deslave. La ayuda de Estados Unidos no fue rechazada por capricho. Fue rechazada porque venía con condiciones: presencia militar, supervisión extranjera, control de los recursos. Chávez prefirió que el país se organizara desde abajo, con la solidaridad de Cuba, México y Nicaragua. Y 26 años después, esas viviendas que construyó, en su mayoría, se mantienen en pie. Las que se derrumbaron, en su mayoría, fueron las privadas. Pero eso, camaritas, la periodista de ABC no lo dice. Porque no le conviene.»

El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, preguntó: «Anacleto, ¿y lo de los materiales de baja calidad? Dice que se usaron materiales sin supervisión, sin normas antisísmicas.»

Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Boticario, esa es la mentira más fácil de desmontar. Las viviendas de la Misión Vivienda fueron construidas con normas sismorresistentes actualizadas, bajo la supervisión del Ministerio de Vivienda y de ingenieros civiles certificados. El informe del Colegio de Ingenieros señala que las estructuras que colapsaron corresponden a edificios antiguos, muchos de ellos construidos con estándares obsoletos. Pero la periodista no cita el informe… no cita a los ingenieros… no cita a los sobrevivientes que hoy agradecen estar vivos gracias a que la Misión Vivienda los protegió.»

El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas mentiras, intervino. «Y luego viene lo de «Transparencia Venezuela». Dice que la corrupción campeó en la Misión Vivienda, que los contratos con Bielorrusia, Uruguay, Brasil, se perdieron.»

«Camarita, Transparencia Venezuela es una ONG con financiamiento de la USAID y la NED, la misma que ha impulsado campañas de desestabilización en el país.» soltó Anacleto como aclarando. «No es una fuente imparcial. Y los contratos con Bielorrusia, Uruguay y Brasil, sí, hubo problemas. ¿Y qué? ¿Qué país no ha tenido problemas en megaproyectos? Pero la periodista omite que la Misión Vivienda ha entregado más de 5 millones de viviendas, que han sido habitadas por familias que antes vivían en ranchos. Omite que esas viviendas, en su mayoría, resistieron el terremoto. Omite la verdad, camaritas, porque la verdad no le vende.»

La estudiante de sociología, que había estado tomando notas, levantó la vista. «Anacleto, ¿y el testimonio de la mujer que reclama ayuda? Dice que las autoridades no llegan, que los obstáculos impuestos por el régimen bloquean la asistencia.»

Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Mi niña, esa mujer existe, y su dolor es real. Pero el artículo la usa como un instrumento, no como una voz. La pone ahí para que el lector crea que el régimen abandona a su pueblo. Pero lo que no dice es que el gobierno ha desplegado el Plan de Respuesta Inmediata, que ha movilizado a la Fuerza Armada, que ha coordinado con los gobiernos locales y con las organizaciones populares. No dice que los obstáculos no los impone el régimen, sino la geografía: los derrumbes, las vías bloqueadas, la magnitud de la tragedia. Pero ella no lo dice porque no le conviene.»

Un desconocido de una mesa cercana, que había estado escuchando, intervino con voz firme. «He leído el artículo. Habla de buitres en el cielo. Pero los buitres  no están solo en el cielo. Están en las páginas de ABC, escribiendo sobre el dolor de otros desde la comodidad de sus oficinas.»

Anacleto lo miró con atención, como si hubiera encontrado una pieza que faltaba en el rompecabezas. «Tiene razón, camarita. Los buitres del imperio no solo sobrevuelan los escombros. Escriben sobre ellos y se alimentan de ellos. Y mientras el pueblo entierra a sus muertos, ellos entierran la verdad bajo sus propias mentiras. Porque la periodista de ABC no vino a ayudar. Vino a sentenciar. Y su sentencia, camaritas, es que Venezuela es un Estado fallido, que el chavismo es corrupto, que las viviendas sociales son un fracaso.»

Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara y fuerte dijo. «Rómulo Gallegos escribió que «la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre». La barbarie de esta periodista está en su corazón, en su decisión de escribir sobre la tragedia sin haber pisado la tragedia; de hablar de los muertos sin haber visto sus rostros; de condenar al régimen sin haber condenado al imperio que lo bloquea. La barbarie, camaritas, está en quienes usan el dolor del pueblo para vender periódicos. Y eso, camaritas, es más grave que cualquier terremoto.»

Dio un sorbo de café y continuó: «Nuestro Simón Bolívar dijo que «la soberanía es la autoridad suprema de un pueblo para regirse por sí mismo». Y eso, camaritas, es lo que esta periodista no entiende. Que la soberanía no es un eslogan, sino la certeza de que el pueblo no necesita que el imperio venga a salvarlo. Porque el pueblo se salva solo.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello, y gruñó: «Gustavo Adolfo Bécquer escribió que «la verdad es siempre más extraña que la ficción». Pero en este caso, camaritas, la ficción es más rentable que la verdad. Y la periodista de ABC ha elegido la ficción, ha elegido escribir sobre castillos de arena, sin saber que ella misma está construyendo su propio castillo de mentiras.»

Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus escombros, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuándo entenderán los buitres del imperio que el pueblo venezolano no se derrumba, aunque sus mentiras intenten sepultarlo?

La Misión Vivienda: datos contra la mentira mediática – Según el informe técnico del Colegio de Ingenieros de Venezuela, el 100% de los derrumbes completos en Caracas correspondieron a edificios del sector privado o construidos antes de la vigencia de las normas sismorresistentes actualizadas. En La Guaira, menos del 5% de las viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) sufrieron daños estructurales severos. El ingeniero Jesús Tomás San Juan ha señalado que «las viviendas de la GMVV fueron diseñadas con criterios sismorresistentes y normas técnicas vigentes, lo que explica su desempeño superior al de muchas edificaciones privadas». La afirmación de ABC de que «ninguna construcción oficial resiste» es falsa y contradice los informes técnicos disponibles.

La corrupción como excusa: el uso político de una tragedia – El artículo de ABC recurre al informe de Transparencia Venezuela para afirmar que la Misión Vivienda fue un programa corrupto. La organización venezolana Provea ha señalado que «la corrupción debe ser investigada, pero no puede ser usada como argumento para deslegitimar programas sociales que han beneficiado a millones de personas». La periodista omite que el convenio con Bielorrusia, mencionado en el artículo, fue firmado en 2011 y que los problemas contractuales no invalidan la construcción de más de 5 millones de viviendas. Omite que muchas de esas viviendas, habitadas por familias de escasos recursos, resistieron el terremoto mientras edificios privados se derrumbaban.

La hipocresía del imperio: ayudar para ocupar – Mientras ABC publica artículos que culpan al régimen de la tragedia, el gobierno de Estados Unidos despliega más de 900 efectivos militares y drones MQ-9 Reaper en territorio venezolano bajo el pretexto humanitario. El analista venezolano Carlos Romero ha señalado que «la rapidez de la respuesta militar sugiere que los planes ya estaban en marcha, independientemente del desastre». La misma administración que impone bloqueos genocidas y sanciones económicas se presenta ahora como salvadora. La periodista de ABC, cuyas referencias solo son el haber trabajado para medios de la rancia derecha internacional como El Nacional, El País, Semana, y Clarín,  no menciona este contexto porque no le conviene. La hipocresía, camaritas, es el telón de fondo de esta tragedia. Y mientras el imperio se disfraza de ángel, el pueblo venezolano se organiza, resiste y sobrevive.

El Pepazo

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