
Luis Semprún Jurado
El ventilador de El Bohemio gira hoy con un orgullo distinto. No es el mismo que corta el aire caliente de Maracaibo en las mañanas de tedio conspirativo. Hoy, camaritas, el ventilador tiene un compás especial: el de los cuatro años que cumple El Pepazo, ese diario digital que se ha convertido, sin pedir permiso, en la casa donde Anacleto, la profesora, el coronel, Carmen y el resto de la cofradía tiramos las líneas para que el país nos lea sin filtros. Carmen dejó el trapo sobre la barra. No lo recogió. Lo dejó caer como quien dice: «hoy no se limpia, hoy se celebra». El viejo periodista, desde su rincón, levantó su taza de café negro sin azúcar. No brindó. No hace falta. En El Bohemio, los brindis se hacen con la mirada. Y hoy, todas las miradas apuntan hacia el mismo lugar: hacia ese portal que nació un primero de junio de 2022, cuando Hebert Colina decidió lanzarse a la aventura de crear un diario digital en Maracaibo.
El pichón de periodista preguntó, con esa curiosidad suya que a veces parece inocencia y a veces es la pregunta más profunda de la tarde: «Anacleto, ¿por qué El Pepazo tiene esa pegada? ¿Por qué uno lo lee y siente que detrás hay gente que sabe de qué está hablando?»
Anacleto encendió un cigarrillo. Exhaló el humo hacia las aspas. Y dijo: «Camarita, la respuesta es sencilla y tiene nombre y apellido: Hebert Colina… Pero no es solo él. Es lo que él representa. Que el licenciado Hebert Colina venga de la vieja escuela del Diario Panorama lo explica absolutamente todo. Panorama no era cualquier periódico, camaritas. Era la gran escuela del periodismo impreso en el occidente del país, el verdadero templo de la redacción zuliana, donde los adjetivos se ganaban a pulso de asfalto y las fuentes se verificaban tres veces antes de que la rotativa empezara a rugir en la madrugada.»
El coronel retirado, que nunca dice nada si no es para agregar peso, intervino: «En la milicia decimos que el soldado se prueba en la batalla, no en el cuartel. El periodista se prueba en la calle, no en la redacción. Colina viene de la calle. Por eso El Pepazo huele a verdad, no a perfume de comunicado de prensa.»
«Y por eso, coronel» continuó Anacleto «El Pepazo no es un simple agregador de noticias. Es una barricada de ideas donde se junta la rigurosidad de la vieja guardia con la agudeza forense de mis crónicas. Por eso tiene esa identidad tan marcada, ese enfoque fresco, directo y sin censura. Por eso informa, analiza y entretiene con un enfoque que no le pide permiso a nadie.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó una lista que había estado preparando en silencio. «Anacleto, no es exageración decirlo. Como dijera Dimas Medina desde Neuquén en su reseña “El Pepazo: 4 años matando la liga…”, en cuatro años, El Pepazo ha logrado reunir a muchos de los grandes del periodismo nacional. No solo por cantidad, sino por calidad. Orlando Bohórquez, farándula y deporte; Luis Martín, jefe de prensa por muchos años del Instituto Nacional de Deportes; dos premios nacionales de periodismo: León Magno Montiel, experto gaitero, y el propio Hebert Colina por su destacada actuación en la fuente de deporte amateur nacional, y compañeros de estudios de la Facultad de Periodismo en la década de los años 60 y 70, ahora Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia: Danilo Vergara, Arnoldo Valbuena, Luis Bravo, Dimas Medina. Y otros nombres que merecen ser reconocidos: Egdo Lameda, Eliéxer Pírela, George Taborda, Gonzalo Rey Muñoz, Antonio José Medina, Mercedes Villalobos, Víctor Hugo Mónaco, Joaquín Carrasquero, Mary Carmen Hernández, Coromoto Borges, Janeth Flores, Kelvy Pirela, Manuel Fermin, Carlos «El Miura» Uzcátegui, Sandy Ulacio, Avelino Avancin, José Cedeño. Todos, camaritas, todos han pasado por El Pepazo. No es una redacción, es una hermandad de la tinta.». Hasta el alcalde de Maracaibo, Gian Carlo Di Martino, publica su columna en este diario digital…
El boticario, que escuchaba con atención, preguntó con esa ingenuidad que a veces es más sabia que mucha ciencia: «¿Y cómo se explica que en cuatro años hayan logrado tanto? En este país, con este calor, con esta crisis…»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. Exhaló el humo con una lentitud deliberada. «Camarita, se explica con una sola palabra: oficio. El oficio que no se compra, que no se negocia, que no se mendiga. Hebert Colina no inventó la rueda, camarita. Pero puso a rodar la que ya existía, solo que en un terreno que muchos daban por perdido: el digital. Y lo hizo con la misma ética, el mismo rigor y la misma pasión con la que se escribía en los talleres de Panorama cuando las máquinas de escribir eran a palanca y el corrector de estilo era un compañero de cuarto turno.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados periódicos nacer y morir, añadió: «Y lo más difícil, camaritas, no es empezar… es mantenerse. Cuatro años en el periodismo venezolano no son cuatro años en cualquier parte. Son cuatro décadas de desgaste, de amenazas, de sanciones, de bloqueo informativo. El Pepazo ha sobrevivido a todo eso porque detrás no hay una empresa transnacional, hay una convicción: la convicción de que informar es un acto de resistencia.»
Carmen, que había estado escuchando desde la barra, dejó el trapo definitivamente y se apoyó en el mostrador. «Yo no sé de periodismo. Pero sé que cuando leo El Pepazo, entiendo lo que dicen. No usan palabras raras para parecer inteligentes. Hablan claro. Como hablamos en la calle. Eso, camaritas, es un arte que pocos dominan.»
Anacleto sonrió, esa sonrisa de satisfacción que solo tienen los viejos cuando ven que el oficio sigue vivo en manos más jóvenes. «Carmen tiene razón. Ese es el sello de El Pepazo: la claridad. No confunden informar con aburrir; no confunden analizar con adivinar; no confunden opinar con insultar. Por eso, cuando uno lee una crónica de El Pepazo, siente que está sentado en esta mesa, tomando café, con el ventilador de fondo y los recortes de prensa desparramados. Porque El Pepazo, camaritas, es El Bohemio en versión digital. Y Hebert Colina, sin saberlo, es el Anacleto que todos necesitamos: el que no se calla, el que no se vende, el que no se cansa.»
El pichón de periodista, con los ojos brillantes, preguntó: «¿Y qué le decimos a Hebert en su cuarto aniversario?»
Anacleto apagó el cigarrillo. Miró el techo. Dejó que el silencio se llenara del rumor del ventilador. Y entonces dijo: «Dígale, camarita, que cuatro años pueden parecer poco tiempo. Pero para quienes hacemos vida en El Pepazo, representan una historia llena de retos, aprendizajes, sacrificios y, sobre todo, grandes satisfacciones haciendo periodismo de altura al servicio de la verdad. Dígale que seguimos cavando la misma zanja, con las mismas palas, en el mismo terreno duro. Pero que la zanja, aunque parezca que no avanza, cada día es un poco más profunda. Y que mientras haya verdad que desenterrar, ahí estaremos, con él, con El Pepazo, con la tinta verde.»
Se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. «Y dígale también, camarita, que en El Bohemio tenemos una mesa reservada para él. La del rincón, la que da al ventanal, la que tiene la mejor luz para leer los periódicos y la mejor sombra para pensar. Que cuando quiera, pase, que el café está caliente, el ventilador, girando, y los cadáveres, esperando.» alzó su taza mirando al grupo con una lucidez que parecía congelar el tiempo… y soltó: «El gran poeta nicaragüense Rubén Darío escribió que «puedes juzgar el valor de un hombre por la calidad de sus enemigos y el calibre de sus amigos». Hebert Colina tiene los enemigos correctos en el norte y en el rebaño de la mentira, pero tiene a los mejores hombres y mujeres de la pluma nacional marchando a su lado. Honor a quienes merecen ser honrados.»
El ventilador siguió girando. Carmen sirvió café para todos, aunque nadie lo había pedido. El viejo periodista levantó su taza. La profesora también. El coronel retirado, que nunca brinda, esta vez hizo un gesto mínimo con la cabeza. El pichón, emocionado, casi derrama el suyo. El boticario sonrió. Y yo, camarita, solo atiné a escribir. Porque esto, camaritas, es lo que celebramos hoy, no solo cuatro años de un diario digital, sino: cuatro años de coherencia, de valentía, de oficio; cuatro años de no bajar los brazos cuando lo fácil hubiera sido rendirse; cuatro años de demostrar que en el Zulia, todavía, se hace periodismo de verdad; cuatro años que son apenas el calentamiento de una caballería que ya aprendió a ganar batallas
«¡Feliz cuarto aniversario, camaritas de Elpepazo.com! Que sigan lloviendo los años de terquedad periodística, porque mientras ustedes sigan tecleando con el alma, Venezuela seguirá teniendo quien defienda su cielo de los zamuros.»
El Pepazo






