sábado, septiembre 12, 2026
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El personaje que todos conocían en Maracaibo, pero cuyo verdadero nombre casi nadie recuerda

En la Maracaibo de antaño hubo hombres que no necesitaron aparecer en los periódicos para convertirse en famosos. Bastaba con caminar por sus calles, entrar en una pulpería y comenzar a contar historias. Uno de ellos fue Carlos Bernal Mijares, aunque para los marabinos casi nadie lo llamaba por su nombre: todos lo conocían como “Roñoquero”.

Por El Pepazo

Hubo una época en la que para hacerse famoso no hacía falta tener televisión, miles de seguidores en redes sociales ni aparecer en un video viral.

En el viejo Maracaibo bastaba con tener una historia que contar.

Y si además esa historia era increíble, exagerada y capaz de hacer reír a quienes estaban alrededor, la fama podía durar décadas.

Así ocurrió con un hombre cuyo verdadero nombre terminó casi escondido detrás de su apodo:

Carlos Bernal Mijares.

Para buena parte de la ciudad, sin embargo, siempre fue simplemente:

Roñoquero.

El hombre de las historias imposibles

Roñoquero perteneció a esa generación de personajes populares que hicieron de las calles de Maracaibo un escenario cotidiano.

No era un político.

No era un artista famoso.

No era un empresario.

Pero tenía algo que le daba un lugar especial entre los habitantes de la ciudad:

su capacidad para contar historias increíbles.

Las fuentes que recuerdan al personaje lo describen como uno de los grandes embusteros populares del Maracaibo de principios y mediados del siglo XX.

Sus cuentos estaban llenos de exageraciones y situaciones difíciles de creer.

Pero justamente ahí estaba su encanto.

La gente sabía que probablemente estaba exagerando.

Y aun así quería escucharlo.

Una pulpería, un cuento y un público esperando

Una de las escenas que ha sobrevivido en las crónicas del viejo Maracaibo ocurrió en la pulpería La Lucha, en el sector Nueva Venecia, zona que actualmente forma parte del entorno de la avenida El Milagro.

Allí, según el relato recogido por cronistas, Roñoquero encontraba un público dispuesto a escuchar sus historias.

Entre los curiosos estaba incluso quien años después sería presidente de la Academia de Historia del Zulia, Vinicio Nava Uribarrí, quien recordó haber observado de niño las ocurrencias del personaje.

La escena parece sencilla.

Una pulpería.

Un grupo de hombres conversando.

Y Roñoquero contando una historia que cada vez se hacía más grande.

Pero esas reuniones formaban parte de la vida social de una ciudad que ya comenzaba a cambiar.

¿Mentiroso o gran contador de historias?

Ahí está precisamente la diferencia.

Hoy podríamos llamar a alguien así un fabulador.

Pero en el Maracaibo de aquella época, Roñoquero cumplía otra función:

entretener.

Sus historias no necesitaban ser ciertas para cumplir su propósito.

Tenían que ser buenas.

Tenían que sorprender.

Y tenían que dejar al público esperando la siguiente.

Por eso terminó convirtiéndose en una especie de personaje legendario de la conversación popular.

Las expresiones relacionadas con su nombre incluso llegaron a incorporarse al lenguaje cotidiano.

Cuando alguien exageraba demasiado una historia, podía recibir el calificativo de:

“roñoquero”.

El compañero inseparable: Mamblea

Roñoquero no estaba solo.

Otro personaje popular de la época fue Manuel Prieto, conocido por el apodo de Mamblea.

Ambos quedaron asociados en la memoria popular maracaibera por sus cuentos y exageraciones.

Las historias de Roñoquero y Mamblea llegaron a convertirse en una especie de patrimonio humorístico de la ciudad.

No eran solamente dos hombres contando cuentos.

Eran parte de una Maracaibo donde las reuniones, las pulperías y las conversaciones callejeras eran espacios fundamentales para compartir noticias, anécdotas y humor.

La ciudad que vio crecer a Roñoquero

Para comprender por qué personajes como él llegaron a ser tan conocidos, hay que imaginar el Maracaibo de hace más de un siglo.

No existían las redes sociales.

No había teléfonos inteligentes.

La televisión todavía no formaba parte de la vida cotidiana.

La radio apenas comenzaba a convertirse en un medio importante.

Las noticias viajaban de boca en boca.

Las personas se encontraban en plazas, mercados, pulperías, calles y lugares de trabajo.

Y allí nacían las historias.

Un personaje pintoresco podía terminar siendo conocido prácticamente por toda una comunidad.

El oficio detrás del personaje

Aunque Roñoquero quedó en la memoria como contador de cuentos, su vida no se limitó a las historias que relataba.

Las referencias biográficas disponibles señalan que Carlos Bernal Mijares trabajó como obrero en varios aserraderos de la zona, entre ellos La Paulina.

Es decir, detrás del personaje bromista existía también un trabajador que formó parte de la vida cotidiana de la Maracaibo de su tiempo.

Conocer ese detalle cambia la manera de mirar al personaje.

Porque Roñoquero no era solamente el hombre de las historias.

Era también un hombre de su época.

Un marabino que trabajaba, caminaba por la ciudad, conversaba con sus vecinos y terminó construyendo una fama que sobrevivió a su propia vida.

Sus últimos años

Las crónicas señalan que durante su vejez Roñoquero llegó a ganarse la vida vendiendo café con un termo por los alrededores del mercado.

El hombre que alguna vez había reunido a curiosos para escuchar sus cuentos terminó formando parte del paisaje cotidiano de otro Maracaibo.

La ciudad también había cambiado.

Pero su apodo seguía siendo reconocido.

Y sus historias continuaban circulando.

El verdadero nombre quedó atrás

Quizás uno de los aspectos más curiosos de esta historia sea precisamente ese.

Carlos Bernal Mijares fue su nombre.

Pero para la memoria popular ese nombre quedó relegado.

La ciudad decidió bautizarlo de otra manera.

Roñoquero.

Y fue ese sobrenombre el que terminó sobreviviendo en las conversaciones de los marabinos.

Es un fenómeno frecuente en la historia popular:

los personajes dejan de ser conocidos por sus documentos y comienzan a ser recordados por aquello que los hacía únicos.

Una palabra que nació de un personaje

El caso de Roñoquero es todavía más interesante porque su apodo trascendió a la persona.

La tradición señala que llamar “roñoquero” a alguien pasó a significar que era exagerado, embustero o que contaba historias difíciles de creer.

Es decir, el personaje terminó dejando una huella no solamente en la memoria de Maracaibo, sino también en su manera de hablar.

Y cuando una persona consigue eso, deja de ser simplemente un individuo.

Se convierte en parte de la cultura popular.

Los abuelos todavía tenían historias sobre ellos

Durante décadas, nombres como Roñoquero, Mamblea, Cambuleto, Patica de Piano, Carne Frita y Rubén el Campanero formaron parte de las referencias de la Maracaibo popular.

Algunos eran conocidos por su oficio.

Otros por sus características físicas.

Otros por sus ocurrencias.

Y otros por las historias que protagonizaban.

Investigaciones sobre los personajes populares de Maracaibo destacan precisamente que muchos de ellos fueron reconocidos por la población y terminaron formando parte de la idiosincrasia cultural de la ciudad.

El problema es que las nuevas generaciones conocen cada vez menos sus nombres.

De los cuentos de pulpería a las redes sociales

Hoy una historia puede llegar a miles de personas en cuestión de minutos.

En tiempos de Roñoquero podía tardar días, semanas o meses en recorrer la ciudad.

Pero existe una curiosa semejanza:

ambos mundos necesitan historias.

La diferencia es que antes la gente se reunía alrededor de quien sabía contarlas.

Roñoquero tenía su público.

Hoy ese público estaría probablemente alrededor de un teléfono.

Y quizás habría terminado convertido en un fenómeno viral.

¿Qué queda de Roñoquero?

Queda su nombre.

Queda su apodo.

Quedan sus historias.

Queda la palabra que la tradición atribuye a su personaje.

Y queda la posibilidad de que las nuevas generaciones conozcan una Maracaibo que ya no existe físicamente, pero que todavía puede reconstruirse a través de sus personajes.

Porque una ciudad no está hecha solamente de edificios.

También está hecha de las personas que caminaron por sus calles.

De quienes hicieron reír.

De quienes fueron conocidos por todos.

De quienes tuvieron una historia particular.

Y de quienes, sin saberlo, terminaron convirtiéndose en parte de la memoria colectiva.

El Maracaibo que no debemos olvidar

Quizás por eso vale la pena recuperar la historia de Roñoquero.

Porque cuando desaparecen los recuerdos de una ciudad, también desaparece una parte de su identidad.

Hoy muchos jóvenes pueden conocer perfectamente a personajes famosos de internet, artistas y celebridades internacionales.

Pero quizá nunca hayan escuchado hablar de Carlos Bernal Mijares.

Y mucho menos sepan quién fue Roñoquero.

Por eso esta historia merece regresar.

No para idealizar el pasado.

Sino para recordarlo.

¿Tú conocías a Roñoquero?

¿Tus padres, abuelos o familiares alguna vez te hablaron de Roñoquero, Mamblea, Cambuleto, Carne Frita o algún otro personaje popular del viejo Maracaibo?

Cuéntanos cuál recuerdas y qué historia te contaron sobre él.

Tu recuerdo puede ayudarnos a reconstruir la Maracaibo que muchos conocieron y que las nuevas generaciones están a punto de olvidar.


El Pepazo.com

Historias de Maracaibo que el Zulia no olvidó

Historias de amor, tragedias, personajes y tradiciones que quedaron en la memoria popular.

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