Psicólogo George Taborda (Neurobiología del cerebro, segunda entrega)
Esta anécdota introductoria al artículo de hoy, ocurre con alarmante frecuencia en las
aulas de la escuela media. Esta es la pequeña anécdota: un estudiante brillante, que el
año anterior resolvía operaciones complejas con fluidez, se queda mirando un ejercicio
básico de fracciones o una ecuación simple con una expresión de absoluto
desconcierto. «Profesor, yo sabía hacer esto de memoria, pero se me borró el casette»;,
confiesa con genuina frustración. Para el docente o el representante, este aparente
retroceso suele interpretarse como un signo de descuido, pereza o como el efecto de la
famosa y distraída «edad del pavo». Sin embargo, la neurociencia computacional y el análisis clínico revelan una realidad completamente distinta. El alumno no está
perdiendo su capacidad; su cerebro está en medio de una masiva e indispensable
reorganización de sus archivos locales.
Durante la infancia, el cerebro humano experimenta una explosión masiva de
conexiones sinápticas y acumula una enorme cantidad de vías de comunicación para
explorar el entorno. Al llegar a la pubertad, el órgano cognitivo se enfrenta a un desafío
de eficiencia energética y estructural. Es en esta transición crítica cuando se activa un
proceso neurobiológico fundamental conocido como poda sináptica (synaptic pruning;
Giedd, 2008). Lejos de ser una pérdida o una degradación del sistema, la poda es un
mecanismo de optimización masiva: el cerebro destruye deliberadamente aquellas
conexiones y ramificaciones dendríticas que se han usado poco, con el único objetivo
de liberar recursos y hacer espacio para circuitos lógicos y abstractos mucho más
veloces y complejos.
A través de estudios longitudinales de neuroimagen mediante resonancia magnética
funcional, científicos como el doctor Jay Giedd han demostrado que la maduración
cerebral en la adolescencia se rige por un proceso dinámico de «úsalo o piérdelo»
(Giedd et al., 1999). Mientras la materia gris disminuye debido a la eliminación de
ramificaciones redundantes, la materia blanca aumenta de forma paralela mediante la
mielinización. La mielina es una capa aislante de grasa que recubre los axones neuronales y actúa como un aislante de alta velocidad para los cables de fibra óptica.
Cada vez que una conexión sobrevive a la poda y se refuerza, se recubre de mielina, lo
que hace que los impulsos eléctricos ya no viajen a velocidad de tortuga, sino hasta
cien veces más rápido que en un circuito no mielinizado.
Bajo esta perspectiva neuroeducativa, el aula de clases deja de ser un simple espacio
de evaluación y se convierte en el campo de entrenamiento definitivo en el que se
decide el futuro de la arquitectura cerebral. El olvido temporal de ciertas rutinas
mecánicas ocurre porque el cerebro ha desmantelado temporalmente una ruta
secundaria para construir una autopista de pensamiento abstracto.
Para que los educadores y padres podamos acompañar eficazmente este rediseño
sináptico sin generar frustración, debemos estructurar el acompañamiento en tres
pautas esenciales. En primer lugar, se requiere una reactivación consciente de la ruta;
cuando el alumno muestre un vacío en una rutina previa, no se debe asumir que el
conocimiento desapareció por completo, sino que es necesario ofrecer un estímulo
visual o conceptual mínimo para que el cerebro identifique la vía en reconstrucción y
vuelva a conectar los nodos. En segundo lugar, se debe privilegiar el razonamiento
sobre la memoria; debido a la intensa reconfiguración de la materia gris, los procesos
basados en la pura memorización mecánica son los primeros en ser eliminados por la
poda, por lo que si el estudiante comprende la lógica profunda detrás de una regla
matemática, la conexión sobrevivirá al descarte biológico. Finalmente, es clave cuidar
la frecuencia y la consistencia del estímulo; la repetición espaciada y el uso práctico del
conocimiento les indican físicamente a las células gliales del cerebro qué circuitos son
vitales para la supervivencia académica del joven, asegurando que reciban la dosis
necesaria de mielina protectora.
La aparente dispersión de la adolescencia no es un defecto de fábrica. Es el costo
biológico de actualizar el sistema operativo de la mente. Cuando entendemos que
nuestros muchachos están rediseñando sus conexiones sinápticas para transitar del
pensamiento concreto de la infancia a la abstracción matemática y formal de la adultez,
sustituimos el reproche por el andamiaje adecuado. El aula, por lo tanto, no evalúa lo
que el cerebro del adolescente ya es, sino que provee los estímulos precisos para
determinar lo que llegará a ser.
�� Resumen para el Lector (Para destacar en recuadro)
● La ilusión del retroceso: El olvido repentino de procedimientos mecánicos en la
escuela media no se debe a desinterés, sino a la poda sináptica que limpia el
cerebro de conexiones redundantes (Giedd, 2008).
● Velocidad de procesamiento: Mediante la mielinización, los circuitos lógicos que
sobreviven a la adolescencia se recubren de una capa aislante que multiplica la
velocidad de transmisión de la información en el pensamiento abstracto (Giedd et
al., 1999).
● El aula como escultor: Cada ejercicio desafiante, debate o análisis lógico que el
estudiante realiza actúa como un voto biológico para decidir qué conexiones se
quedan para siempre y cuáles se eliminan.
�� Citas Bibliográficas
● Giedd, J. N. (2008). The Teenage Brain: Insights from Neuroimaging. Journal of
Adolescent Health, 42(4), 335-343.
● Giedd, J. N., Blumenthal, J., Jeffries, N. O., Castellanos, F. X., Liu, H.,
Zijdenbos, A., Paus, T., Evans, A. C., & Rapoport, J. L. (1999). Brain
development during childhood and adolescence: a longitudinal MRI study. Nature
Neuroscience, 2(10), 861-863.
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