martes, mayo 26, 2026
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La calle y el rumor: la verdad que el imperio no quiere que veas…

 

 


El viejo ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que invita a la reflexión. Sobre la
mesa del rincón, Anacleto no tenía periódicos desplegados. Tenía una libreta de tinta
verde con anotaciones que parecían un mapa de la desinformación. El pichón de
periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor de pasillo. Traía
una pregunta que le nacía de la perplejidad. «Anacleto, algunos amigos me preguntan si
en Venezuela hay protestas por doquier, marchas, estudiantes enfrentados a la fuerza
pública, colas de gasolina. Yo vivo en Maracaibo y no he visto nada de eso. ¿Qué está
pasando?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien
sabe que la realidad, a veces, es más aburrida que los titulares. Exhaló el humo hacia el
techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, la respuesta es simple y compleja
a la vez: lo que usted ve en su ciudad es la realidad de su ciudad. Lo que otros ven en sus
pantallas es la realidad que les venden. No es lo mismo.»
El viejo periodista, con el conocimiento de haber recorrido las calles, soltó: «Lo que sí ha
pasado es que hubo protestas reales en el país… por diferentes motivos, pero pasaron»
El coronel retirado, con la mirada de quien ha estudiado conflictos sociales, se inclinó
sobre la mesa. «Anacleto, he leído que el 1 de mayo hubo protestas en Caracas. Cerca
de 2.000 trabajadores salieron a la calle. ¿Eso es cierto?»
«Es cierto, coronel.». Replicó con esa voz pausada que usaba para desarmar la prisa
«Pero fíjese bien en lo que piden y cómo lo piden. El 30 de abril y el 1 de mayo, más de
2.000 trabajadores marcharon en Caracas para protestar por el aumento salarial
anunciado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez. El gobierno elevó el llamado «ingreso mínimo integral», no el salario mínimo, de 190 a 240 dólares mensuales, un aumento que
está basado en bonos, no en un ajuste salarial real.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó una nota de
prensa. «Los manifestantes coreaban «un bono no es un salario». Argumentan que los
bonos no cuentan para las pensiones ni otras reivindicaciones ganadas a sudor y
sangre.» añadió ella, ajustándose los lentes. «Una familia de cinco personas necesita
unos 700 dólares al mes solo para alimentarse. El “salario mínimo” oficial, de apenas 0,27
dólares mensuales, lleva congelado desde 2022.»
«Como diría Cantinflas, camaritas, “Ahí está el detalle”.» dijo Anacleto, señalando la nota
con la colilla humeante. «No son protestas contra el gobierno por razones políticas. Son
protestas de trabajadores que exigen mejores condiciones laborales. Y lo hacen de forma
mayoritariamente pacífica. La policía bloqueó algunas calles, pero enfrentamientos
violentos no hubo. Eso, camaritas, es derecho a la protesta, no "caos generalizado".»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «¿Y lo de los
estudiantes? He oído que hubo enfrentamientos.»
«También es cierto, camarita, pero hay que contextualizar.» dijo, haciendo una pequeña
pausa. «El lunes 18 de mayo, unas pocas decenas de estudiantes protestaron en Caracas
por la muerte de Víctor Hugo Quero, un político preso, y la de su madre, Carmen Navas,
de 82 años. Quero había sido detenido en enero de 2025 y el gobierno solo confirmó su muerte nueve meses después. Su madre, que lo estuvo buscando por doquier durante
casi un año, murió diez días después de conocer la noticia.»
«Eso es grave, Anacleto» intervino la profesora. «Sin restarle importancia, el caso Quero-
Navas refiere al dolor familiar, no al caos generalizado»
Anacleto asintió y agregó «Y unos pocos estudiantes bloquearon una autopista en
Caracas. Claro, hubo enfrentamientos con la policía, pero, como dije, fueron unas pocas
decenas de personas, no un movimiento masivo. Es una tragedia familiar y un caso grave
de derechos humanos, pero no un movimiento de masas.»
El coronel retirado, con ese aplomo que da el haber pertenecido a las FANB, comentó: «A
eso sumémosle el simulacro organizado por la embajada gringa, que creó nerviosismo y
temor de una nueva invasión.»
El pichón de periodista, que había estado tomando notas, levantó la vista. «Sí… ¿Y ese
simulacro de la embajada gringa? Eso ha creado preocupación. Dicen que sobrevolaron
aviones militares yanquis.»
Anacleto asintió, encendiendo otro cigarrillo. «El sábado 23 de mayo, la embajada de
Estados Unidos en Caracas realizó un simulacro de evacuación de emergencia utilizando
dos aeronaves MV-22 Osprey. Fue un ejercicio de respuesta rápida, coordinado con las
autoridades venezolanas. El gobierno de Delcy Rodríguez lo anunció con antelación para
evitar alarmas.»
«¿Y por qué tanta preocupación entonces?» preguntó el boticario. «¿Por qué el susto?»
«Porque la misma unidad, el “Marine Medium Tiltrotor Squadron 263” participó en la
captura de Nicolás Maduro el 3 de enero.» Anacleto calló para beber un sorbo de café, y
dejó madurar el silencio unos segundos. «La gente ve los mismos aparatos y recuerda lo
que pasó. Es lógico que haya inquietud. Pero el gobierno venezolano autorizó un
simulacro supervisado. La vicepresidenta Delcy Rodríguez dijo que las aeronaves
realizarían vuelos controlados sobre Caracas y aterrizarían en el recinto de la embajada.
La operación fue coordinada con las autoridades de aviación, la Cruz Roja y otros
organismos.»
El coronel retirado, con su voz grave de hombre de oficio, sentenció: «En otras palabras:
no es una nueva invasión. Es un ejercicio de rutina que, por el contexto, genera más
nerviosismo del habitual.»
La estudiante de sociología cerró su cuaderno y señaló: «La ingeniería psicológica detrás
de la realidad.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiadas protestas, añadió: «Y
lo de las colas de gasolina es otro tema. ¡Porque se están viendo colas en las estaciones
de servicio! Aunque no, no es desabastecimiento, es precaución. Y la precaución, cuando
es colectiva, se vuelve profecía autocumplida.»
Anacleto golpeó suavemente el fondo de la taza contra la mesa. «Exacto, camarita. Y ahí
es donde entra el verdadero juego. El boticario me decía ayer que pasó por la bomba de
la 5 de Julio y la fila le daba la vuelta a la avenida. Y es cierto. Pero eso no es escasez,
boticario, eso es ingeniería psicológica» sentenció, señalando con el dedo índice al viejo
dispensador de medicinas. «El simulacro de la embajada gringa en los foros de Florida y
la amenaza constante de un nuevo bloqueo naval total sembraron el desasosiego. El
maracaibero, que tiene la piel curada de espantos y recuerda los tiempos duros del
saboteo, reacciona por puro instinto de conservación. No es que falte el crudo en las
refinerías; es que el miedo obligó a diez mil cristianos a llenar el tanque al mismo tiempo
por si las moscas. El imperio no necesita cerrar la tubería si logra que la gente se
desespere sola».
La profesora, sentada en la penumbra de la mesa contigua, cerró su libreta de notas con
un golpe seco que hizo eco en el local. «Es la vieja táctica de la profecía autocumplida»
añadió ajustándose los lentes. «Creas la matriz de opinión de que el desabastecimiento viene, provocas las compras nerviosas mediante laboratorios digitales y luego usas las
fotos de las colas, que tú mismo provocaste, para decirle al mundo que el Estado falló. Un
círculo perfecto de manipulación colonial».
Anacleto asintió, mientras buscaba el encendedor en el bolsillo de su camisa. «Así es,
profesora. Lo que los laboratorios de Washington no le cuentan a sus analistas de cafetín
es el otro lado de la calle» remató, encendiendo el cigarrillo y soltando la primera
bocanada. «Las únicas marchas reales, masivas y con gente de carne y hueso que se
han visto estos días en el país, y en el mundo, son las que exigen la liberación de la
pareja presidencial en Nueva York, el cese de las guerras, y el genocidio en Gaza. Pero
esas no salen en los reportajes de CNN, porque un pueblo movilizado por la dignidad
nacional, exigiendo justicia frente al secuestro de su presidente, no encaja en el libreto de
la guerra civil que ellos quieren vender».
El coronel retirado, que hasta entonces mantenía la vista fija en su café frío, intervino con
su habitual tono castrense. «En la guerra asimétrica, camaritas, la percepción es el
territorio clave. Si logras que el enemigo crea que su retaguardia civil está quebrada,
habrás ganado la batalla sin gastar un solo cartucho. Washington está usando el
desasosiego como munición de artillería contra la psiquis del ciudadano común».
«¿Y entonces qué hacemos con el pánico de la gente?» preguntó el pichón de periodista,
un tanto avergonzado pero insistente.
Anacleto le dio una larga calada a su cigarrillo, miró las aspas del ventilador y sonrió de
medio lado, con esa ironía que hiere más que un insulto. «Contar la verdad, camarita.
Mostrar que el caballo de la intervención no corre porque no tiene pueblo que lo arree.
Creen que el venezolano es tonto, pero la terquedad de esta tierra es más fuerte que sus
laboratorios de guerra psicológica. Hacen sus colas por prevención, sí…, pero siguen
caminando. El gigante imperial sufre de ceguera crónica: mide el poder en tendencias de
Twitter, mientras la realidad se empeña en seguir su curso a pie».
Se levantó y caminó hacia la barra. Carmen, como siempre, le sirvió café sin preguntar.
Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa y, con voz clara y fuerte, comentó:
«Siempre les recuerdo que Gabriel García Márquez dijo que "la vida no es la que uno
vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".» Golpeó la madera de la barra suavemente con los nudillos y continuó: «Decía Nietzsche que “la ceguera más
peligrosa consiste en creer que tu perspectiva es la única realidad”. El problema,
camaritas, es que algunos recuerdan una Venezuela que no existe, una Venezuela donde
todo es caos, donde las calles arden, donde el gobierno está a punto de caer. Pero la
Venezuela real, la que se vive en Maracaibo, en Valencia, en Barquisimeto, es más
aburrida que eso. Tiene problemas… muchos; tiene protestas… algunas. Pero no tiene el
apocalipsis que venden en las pantallas.»
Dio un sorbo de café y continuó: «No olviden que Galeano decía que «la caridad es
humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e
implica respeto». Lo mismo aplica a la información.» Dijo con certeza y agregó: «La
información que se ejerce desde arriba, desde los grandes medios, desde las agencias
internacionales, suele ser vertical y humillante. La información que se construye desde
abajo, desde la calle, desde la experiencia cotidiana, es horizontal y respetuosa. Por eso
cuando usted sale a la calle en Maracaibo y no ve nada, está recibiendo información
horizontal. Cuando enciende la televisión y ve caos, está recibiendo información vertical».
El pichón de periodista, con el ceño fruncido, preguntó: «Entonces, ¿qué les digo a mis
amigos cuando me pregunten?»
Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la verdad es más sencilla que la ficción.
«Dígales la verdad, camarita. Dígales que en Venezuela hay protestas, sí, pero son
protestas de trabajadores que exigen mejores salarios; que hay estudiantes que se
manifiestan por casos puntuales; que hay colas en las gasolineras por el nerviosismo del simulacro. Pero… que no hay un caos generalizado, que el país no está en llamas, que la
gente sigue su vida, trabaja, estudia, toma café. Y que si quieren saber qué pasa en
verdad, que vengan a Maracaibo y lo vean con sus propios ojos.»
Levantó la mirada y la paseo por la de todos antes de continuar: «Las recientes
admisiones de altos ex-funcionarios y estrategas estadounidenses en los foros políticos
de Florida constituyen la confesión abierta del fracaso de la doctrina del «cambio de
régimen» por la vía del estrangulamiento económico. El reconocimiento explícito de que las sanciones unilaterales, por sí solas, han sido históricamente ineficaces para quebrar la
voluntad política de los Estados soberanos, marca el colapso del dogma que guió la
política exterior de Washington hacia Caracas durante la última década.» Y con un gesto
muy serio dijo: «Y perdónenme que me extienda, pero ante el agotamiento de la
herramienta coercitiva tradicional y la pérdida de tracción de sus operadores locales en el
terreno de juego nacional, la estrategia estadounidense ha mutado hacia una "fase de desgaste perceptual". Al no poder fracturar el control territorial del Estado venezolano ni detener la arquitectura de alianzas estratégicas con potencias como China y Rusia, el aparato de presión norteamericano recurre al uso de «embajadas ficticias» y ultimátums artificiales para mantener bajo tensión el entorno de negocios del país. El objetivo ya no es derrocar al gobierno mediante un colapso económico que no ocurrió, sino generar un estado de neurosis colectiva permanente que actúe como un ancla psicológica contra la estabilización definitiva de la nación.»
Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo
en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello. «Bertrand Russell
dijo que «el problema del mundo es que los tontos están siempre tan seguros y los
inteligentes tan llenos de dudas». Los que venden caos están muy seguros de lo que
dicen. Pero los que vivimos la realidad cotidiana, los que vemos la calle, los que hablamos
con el vecino, tenemos dudas. Y las dudas, camaritas, son el primer paso para encontrar
la verdad.»
Hizo una pausa, dio una última calada a su cigarrillo y lo aplastó en el cenicero de la mesa
más cercana. «La próxima vez que alguien les pregunte si hay protestas por doquier,
respondan con otra pregunta: ¿dónde? ¿En Caracas? ¿En Maracaibo? ¿En que ciudad?
Porque la respuesta, camaritas, depende de dónde esté parado el que pregunta. Y si el
que pregunta está sentado frente a una pantalla, lejos de Venezuela, tal vez lo que
debería hacer es apagar el televisor y salir a la calle.»
Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave, definitivo.
Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus baches, su calor y su rutina infinita. Adentro,
sobre la mesa del rincón, la libreta de tinta verde quedó abierta en una página en blanco.
El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en
el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuántas de las cosas que creemos
saber sobre Venezuela las hemos visto con nuestros propios ojos, y cuántas nos las han
contado?

La profecía autocumplida: la ciencia detrás del rumor – La manipulación de los
mercados de bienes básicos a través de operaciones psicológicas (PsyOps) no es un
fenómeno nuevo en el arsenal de la guerra híbrida, pero su aplicación en el mercado de
combustibles venezolano en mayo de 2026 demuestra un nivel de sofisticación quirúrgica.
Al utilizar las plataformas digitales para difundir alertas falsas sobre un supuesto
desabastecimiento inminente derivado de tensiones diplomáticas, los laboratorios de
propaganda logran activar un mecanismo neurobiológico básico en la población: el miedo
a la carestía. Este miedo anula la racionalidad económica y empuja al consumidor a un
comportamiento de acoplo masivo. El diseño de la matriz informativa opera bajo el
esquema de la profecía autocumplida. El flujo logístico normal de las estaciones de servicio, calculado para un consumo diario promedio y estacional, es matemáticamente incapaz de absorber una demanda simultánea y artificialmente inflada por el pánico. Al saturar las estaciones con usuarios que no requieran el servicio de forma inmediata, se genera el colapso visual de las avenidas. Posteriormente, las agencias de prensa internacionales capturan estas imágenes, provocadas por su propia narrativa, y las exponen como "evidencia irrefutable" de una parálisis sistémica, ocultando deliberadamente que los inventarios de refinación se mantienen estables.

La paradoja de la movilización: lo que las pantallas ocultan – Existe una asimetría
total entre la «Venezuela virtual» retratada por el entramado de corporaciones mediáticas transnacionales junto a las redes sociales y la realidad político-social observable en el
territorio nacional. Mientras las plataformas digitales en el exterior insisten en proyectar,
de manera parcializada, un escenario de ingobernabilidad, insurrección estudiantil y
protestas generalizadas contra el Estado, el monitoreo de la conflictividad social revela
que los únicos eventos de movilización masiva registrados en las principales capitales del
país, y en la mayoría de las capitales en el mundo, tienen un carácter antiimperialista y de
soberanía, exigiendo la libertad de la pareja presidencial de Venezuela, el cese de la
guerra contra Irán, y el cese y condena al genocidio en Gaza. Las concentraciones
populares y marchas de las últimas semanas no responden a consignas
desestabilizadoras, sino a la exigencia orgánica de la liberación de Nicolás Maduro Moros
y Cilia Flores, cuya reclusión en el distrito sur de Nueva York es catalogada por la
jurisprudencia interna como un secuestro político internacional. La invisibilización
mediática de estas multitudes cumple un objetivo doctrinario: para mantener la ficción de
un «Estado fallido», Washington necesita borrar de la narrativa global cualquier
manifestación de cohesión social o de respaldo popular a la institucionalidad venezolana,
construyendo en su lugar un simulacro de descontento que legitime futuras acciones
punitivas.

La derrota del dogma coercitivo en el foro de Florida – Las recientes admisiones de
altos ex-funcionarios y estrategas estadounidenses en los foros políticos de Florida
constituyen la confesión abierta del fracaso de la doctrina del «cambio de régimen» por la
vía del estrangulamiento económico. El reconocimiento explícito de que las sanciones
unilaterales, por sí solas, han sido históricamente ineficaces para quebrar la voluntad
política de los Estados soberanos, marca el colapso del dogma que guió la política
exterior de Washington hacia Caracas durante la última década. Ante el agotamiento de la
herramienta coercitiva tradicional y la pérdida de tracción de sus operadores locales en el
terreno de juego nacional, la estrategia estadounidense ha mutado hacia una "fase de desgaste perceptual". Al no poder fracturar el control territorial del Estado venezolano ni detener la arquitectura de alianzas estratégicas con potencias como China y Rusia, el aparato de presión norteamericano recurre al uso de «embajadas ficticias» y ultimátums artificiales para mantener bajo tensión el entorno de negocios del país. El objetivo ya no es derrocar al gobierno mediante un colapso económico que no ocurrió, sino generar un estado de neurosis colectiva permanente que actúe como un ancla psicológica contra la estabilización definitiva de la nación.

El Pepazo

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