Fernando Vivas
He aquí un personaje para la historia de las mitologías electorales. Sin duda y por mucho, el sombrero de Pedro Castillo fue el símbolo más poderoso de estas elecciones presidenciales.

Tanto, que surge la pregunta de quién portó a quién, si Roberto Sánchez portó al sombrero o el sombrero lo portó a él. Repasemos, con serenidad, la biografía del candidato y después de paladear la segunda opción, escojamos la primera. Roberto cortejó, negoció, alabó y conquistó al sombrero y fue ungido con él en una ceremonia en la plaza de Armas de Chota. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»
Roberto Sánchez abrazó, antes de la política, varias vocaciones. Joven huaralino, hijo de un peluquero de origen apurimeño y una lavandera de origen ayacuchano -cito su propio relato- tenía un modesto dominio de la pelota que lo llevó a ser incluido en las subdivisiones de menores del célebre Unión Huaral, uno de los símbolos de su ciudad junto a Manolo Rojas y el chancho al palo. ¿Habrá que hacer espacio en el futuro a un político en esa mitología huaralina? «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»
Trasladado a Lima, el adolescente Roberto abrazó la religión como seminarista. Tiene hasta hoy, según dice, una capa residual de fe católica que lo ha convertido en un hombre pro vida y pro familia. Vuelto a la realidad mundana, estudió psicología en la Universidad de San Marcos. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»
Allí conoció el degradé de la izquierda, desde el fucsia hasta el rojo carmesí. La izquierda rosa y progre no abundaba en su entorno, pero la conoció más tarde, cuando enganchó con el Partido Humanista de Yehude Simon, quien transitaba con velocidad desde el radicalismo simpatizante de la violencia, hacia el progresismo pro mercado. Con ese talante, Simon ganó el gobierno regional de Lambayeque dos veces seguidas y Roberto lo acompañó en esa aventura.
Cuando Simon, dejó el cargo para aceptar en el 2008 la invitación de Alan García para ser su primer ministro; Sánchez conoció de primera mano el compromiso pragmático de un izquierdista progre con la cosa pública. Ese encuentro con la cosa pública y, más tarde, los fondos partidarios, también le depararon judicializaciones. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»
De vuelta y media

Cuando quedó con la dirección del partido de Simon rebautizado como Juntos Por el Perú -razón por la cual Yehude lo ha calificado de ‘Judas’ en más de una oportunidad- le imprimió, sin embargo, un talante más radical de lo que el fundador hubiera querido. Fue menos progre que Verónika Mendoza, lideresa de Nuevo Perú (NP), cuando ella le pidió prestada su inscripción para postular.
En la segunda vuelta del 2021, mientras sus aliados y socios de bancada de NP pactaban con Castillo y Perú Libre darle el cuadro técnico para el MEF (Pedro Francke) que a estos les faltaba; Roberto negoció en paralelo y quedó con el Mincetur. Una vez en el gobierno, mantuvo su alianza con Castillo a pesar de que este expulsó a los ‘caviares’.
La alianza actual con Venceremos (dentro de la cual está NP y sus cuadros técnicos), supone reparar una herida abierta en el 2022. Sánchez tuvo que hacerlo porque allí está el plan y la ruta que necesita. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»

Si sumamos a estos avatares, la realidad social y económica de sus cinco años de congresista y dos años de Mincetur; lo vemos más cerca del plan moderado de 2da vuelta que del radical de 1ra vuelta. Sin embargo, ganó con el sombrero del extremismo castillista sumado al etnocacerismo de Antauro Humala. También tiene que responder a ellos. Antauro, con dos o tres congresistas, es el problema menor. Castillo es el mayor pues tendrá su propia bancada, varios voceros y muchas exigencias, empezando por su liberación.
Casado a los 44 años y padre de dos hijas menores de edad, Roberto Sánchez (57), se concentró en varios activismos antes de hacer familia. La política es su principal labor, como la de su adversaria.
Pero JP no es tan organizado como FP, es un emprendimiento político que dirige con el libre albedrío que le ha permitido manejar una intensa política de alianzas. Su secretario general, Ernesto Zunini, es su vocero directo, en un concierto de voces que suelen desafinar porque muchas hablan por Castillo o por la libre y no por él.
En el debate, Roberto no se hizo asesorar por el partido en esas pausas en las que a los candidatos se les acercan los trainers como cuando tocan la campana entre los rounds de box. Se le vio con Pedro Francke y el ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, aliados recientes del progresismo que le perdonó que avalara la expulsión que sufrieron en manos del castillismo. Hay otro diplomático al que también escucha mucho pues es su asesor personal, el embajador en retiro Miguel Palomino de la Gala, quien fue su viceministro de Comercio Exterior. Al menos, en política exterior navegará con más cuidado que en el maremágnum nacional. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»
El Pepazo/TOMADO DE: El Comercio





