jueves, julio 9, 2026
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50 AÑOS DEL PASEO DEL LAGO: Un sueño urbano que quedó atrapado en el tiempo

 

Hace exactamente cincuenta años, el 9 de julio de 1976, la maquinaria pesada comenzó a mover la tierra en la costa de Maracaibo. No era solo una obra de ingeniería; era la materialización de un anhelo postergado, devolverle al marabino el derecho de caminar frente a las aguas de su propio lago. Hoy, al conmemorarse el aniversario del Decreto Presidencial N° 1.267 (firmado por Carlos Andrés Pérez en noviembre de 1975), la ciudad se asoma a su estuario con un sentimiento agridulce: celebra un pulmón recreativo que late con fuerza, pero también confronta la realidad de un sueño urbano que quedó atrapado en el tiempo.

El origen de un sueño urbano
Sobre este tema hablamos con el arquitecto José Antonio Robles, quien nos refirió que «las ideas del Paseo del Lago no nacieron en 1975. Como documentó el arquitecto Daniel Barreiro —quien para la época se desempeñaba simultáneamente como Director de Planeamiento Urbano del Ministerio de Obras Públicas y Vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela— en un foro histórico realizado durante la Semana del Ingeniero de 1976 y publicado por la revista Paral del CIDEZ, desde 1948 se viene hablando de un
proyecto sobre el particular. Fueron casi tres décadas de estudios, propuestas y debates antes de que el Decreto N° 1.267 afectara un área de 877 hectáreas para dar paso al proyecto definitivo»
Sin embargo, sería un error histórico concebir el Paseo del Lago únicamente como un parque recreativo. El desarrollo original no se concibió como un espacio verde aislado, sino como una macrointervención de ordenamiento costero y urbano que abarcaba un área de afección de unas 365 hectáreas.

Plano de acciones y periodos de ejecución del Paseo del Lago – Ministerio de Obras Públicas. (1976).

«La visión era profundamente transformadora y contemplaba la renovación urbana integral de los terrenos adyacentes entre Santa Lucía y el Parque de La Marina. Para ello, se estableció una cuidadosa zonificación de usos del suelo para la acera oeste de la Avenida El Milagro, incentivando usos residenciales de densidad controlada, así como actividades comerciales y culturales. El objetivo era consolidar una fachada urbana activa, vibrante y habitada frente al nuevo espacio lacustre, evitando el error de darle la espalda al lago con
muros o edificaciones ciegas», destacó Robles, quien fue presidente del Centro Rafael Urdaneta y cuenta con una amplia visión sobre planificación urbana.

Adicionalmente, el proyecto contemplaba una intervención vial de gran calado: la ampliación de la sección de la Avenida El Milagro, incorporando una isla central verde de 4 metros de ancho. «Esta franja vegetal no era un simple separador de tráfico; fue concebida como un eje paisajístico y de transición ecológica entre el tejido urbano consolidado y el nuevo frente costero, actuando como filtro ambiental, amortiguador acústico y
corredor biológico», explicó Robles.
No obstante, frente a las narrativas que a menudo simplifican la intervención, la memoria urbana y la creencia de la gente son categóricas: el proyecto original del Paseo del Lago no se concebía en dos, sino en cuatro grandes etapas.

El objetivo fundamental, como lo expresó con claridad el arquitecto Barreiro ante los profesionales del CIDEZ, era «recuperar la costa del Lago de Maracaibo para el disfrute y beneficio de la mayor cantidad de personas».
En una ciudad que entonces contaba con apenas 0,50 metros cuadrados de zonas verdes por habitante, esta obra representaba un salto cualitativo extraordinario en la calidad de vida urbana, articulando recreación, movilidad, vivienda y cultura en un solo gesto planificador.

Primera visión del Plan Maestro del Paseo del Lago – Ministerio de Obras Públicas. (1976).

Plano de la situación actual del borde costero de la Avenida El Milagro, Maracaibo. (2026).

La realidad de la Vereda del Lago
Es de estricta justicia reconocer lo alcanzado. Lo que en 1995 fue traspasado a la Alcaldía de Maracaibo y rebautizado como «Vereda del Lago, se ha consolidado como el principal espacio de convivencia de los zulianos. Declarado Parque Metropolitano en 2001 y constituido como Servicio Autónomo en 2005, recibe anualmente a más de 500.000 visitantes.

Sus tres kilómetros de circuito peatonal, canchas deportivas, el Parque Acuático y el reciente Paseo. Escultórico Épica Naval del Bicentenario son el testimonio de una ciudad que abraza este espacio vital. Sin embargo, este oasis fragmentado es solo una fracción de lo que alguna vez se imaginó.

Fotografía aérea del Parque Vereda del Lago Primera Etapa.

Niños y adultos se recrean disfrutando de las áreas recreativas al aire libre.

¿Por qué quedó inconcluso?
La respuesta es una suma de factores que truncaron una de las visiones urbanísticas más ambiciosas de la Venezuela del siglo XX.
Según explicó en su momento el arquitecto Daniel Barreiro —quien para la época se desempeñaba simultáneamente como Director de Planeamiento Urbano del Ministerio de Obras Públicas y Vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela— ante los profesionales del CIDEZ durante la Semana del Ingeniero de 1976, la realidad presupuestaria terminó por imponerse. Los recursos económicos disponibles no
alcanzaban para ejecutar el proyecto en su totalidad, y el programa de inversiones tuvo que priorizar otras obras consideradas más urgentes por el poder público.

A esta limitación financiera se sumó el «Viernes Negro» de 1983, el fin del dólar a 4,30 y la posterior crisis económica, que convirtieron la austeridad en la prioridad nacional y relegaron definitivamente las grandes obras de infraestructura recreativa.
Pero quizás, la herida más profunda fue la falta de apropiación ciudadana. La población no dimensionó plenamente la magnitud de lo que se estaba construyendo ni exigió con contundencia su culminación. Sin defensa ciudadana organizada, sin respaldo gremial efectivo ni un plan financiero sostenible, las etapas restantes fueron archivadas una a una, reducidas a promesas electorales y terrenos ganados al lago que, cincuenta años después, todavía esperan su destino.

La Avenida El Milagro: un lienzo en espera y la urgencia de un Plan Maestro
Al observar hoy la franja costera de la Avenida El Milagro, gremios profesionales, academia y sociedad civil no ven un espacio perdido, sino un potencial extraordinario. Mientras otras ciudades latinoamericanas han logrado transformar sus fachadas costeras en referentes de desarrollo urbano sostenible y espacios públicos de excelencia —modelos que demuestran que es posible articular turismo, recreación y calidad de vida—, Maracaibo carece de un Instrumento de Planificación Urbana específico para su estuario.

Izquierda: Fotografía aérea de la cinta costera de Panamá, mostrando el desarrollo urbano a lo largo del litoral del Pacífico.

Derecha: Vista aérea de la avenida El Milagro, sector Cotorrera, Maracaibo.

Existe una paradoja dolorosa que los marabinos experimentan a diario: al recorrer en vehículo la Avenida El Milagro, la principal arteria que debería conectar a la ciudad con su identidad lacustre, en ningún punto se aprecia el Lago de Maracaibo.

«La vía, concebida como fachada costera, se ha convertido en una barrera visual que le niega al conductor y al peatón el contacto con el espejo de agua que da nombre y razón de ser a la urbe. Esta realidad ha alimentado el anhelo ciudadano de contar con una vía tipo Panama Causeway o Cinta Costera, donde la carretera se integre armónicamente con el paisaje acuático, permitiendo que el lago sea protagonista del recorrido y no un elemento oculto tras edificaciones y barreras perimetrales», enfatizó Robles, quien también
se desempeñó como secretario de ambiente regional.
«Por sus características morfológicas, su extensión estratégica y su condición de interfaz ecológica entre la urbe y el estuario, esta importante arteria amerita con carácter de urgencia la elaboración de un Plan Especial de Desarrollo Urbano o un Plan Maestro de la Avenida El Milagro. Un instrumento rector de esta envergadura es indispensable para ordenar el territorio, regular los usos del suelo, establecer normativas de alturas y
volumetrías, garantizar la permeabilidad visual hacia el lago, y asegurar que cualquier intervención responda a una visión integral que devuelva al marabino el derecho de ver y sentir su estuario», dijo el especialista quien además recalcó que «el alcalde Giancarlo Di Martino tiene la competencia para no solo hacer este plan, sino consolidar este sueño inconcluso y necesario de los marabinos y los zulianos, como un gran regalo de cara a
la celebración de los 500 años de Maracaibo».

La actual ausencia de este Plan Maestro ha generado un escenario de profunda fragmentación. Terrenos con potencial turístico incalculable permanecen subutilizados, y la continuidad visual hacia el lago es interrumpida por construcciones aisladas y cercados perimetrales que privatizan la vista.

La Segunda Etapa: el triunfo de la naturaleza sobre el concreto
«La culminación del proyecto original es una oportunidad contemporánea, pero también una lección aprendida.
La primera etapa reveló carencias que hoy deben corregirse: saturación de superficies pavimentadas, escasez de sombra natural, insuficiencia de servicios básicos y una excesiva concesión de espacios para el comercio que ha desvirtuado el espíritu del parque, otorgándole un carácter de zona rental que mercantiliza el paisaje»,reflexionó Robles.
«La Segunda Etapa no puede ser la copia ampliada de lo ya construido. El eje central debe ser laconsolidación de un gran pulmón vegetal donde la naturaleza recupere el protagonismo. La propuesta paisajística debe privilegiar la siembra masiva de especies autóctonas —apamate, caoba, cují, vera, jobo y manglares—, garantizando un entorno sostenible, resiliente y de bajo mantenimiento», concluyó.

A juicio de Robles esta etapa debe incorporar con generosidad los servicios que la ciudadanía merece: salas sanitarias modernas, bebederos de agua potable, áreas de descanso con mobiliario adecuado e iluminación eficiente. «El componente recreativo infantil también debe evolucionar hacia sectores diferenciados por edades, integrados en la naturaleza y diseñados para la estimulación sensorial y el aprendizaje ambiental».

Vistas aéreas parciales de la Segunda Etapa de la Vereda del Lago. (2026)

El gran pacto por la costa
El mayor desafío que tiene Maracaibo por delante no es solo de concreto y asfalto, sino de voluntad transgeneracional. La recuperación de la fachada costera exige un compromiso inquebrantable con el saneamiento ambiental de las riberas. No hay parque ni avenida que prospere si no se garantiza la salud del lago.

Asimismo, se requiere seguridad jurídica y normativa clara que incentive la inversión privada responsable, generando espacios de uso mixto que le devuelvan a la ciudad el dinamismo económico que merece su estuario.
Maracaibo tiene en sus manos la posibilidad de demostrar que sabe estar a la altura de su lago. Que entiende que el estuario no es el límite de la ciudad, sino su verdadero centro de gravedad. Aquellas 300 hectáreas soñadas hace medio siglo siguen siendo la brújula ética para el urbanismo zuliano del siglo XXI.

A 50 años de aquel primer «Paseo del Lago», el viento que sopla desde el agua sigue trayendo el mismo mensaje de hace medio siglo. El Lago nos espera. Es hora de que, con planificación, ética profesional y un abrazo cívico sin fisuras, Maracaibo termine de cruzar la avenida y se reencuentre, de una vez y para siempre, con su orilla.
«El verdadero lujo urbano del siglo XXI no es el concreto, sino el árbol, la sombra, el agua limpia y el aire puro», sentenció Robles.

 

El Pepazo/Prensa Cidez

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