Psicólogo George Taborda (Neurobiología del cerebro, tercera entrega)
Cualquier docente que haya intentado explicar las propiedades de los radicales o el
teorema de Pitágoras en un aula de bachillerato conoce bien la competencia silenciosa:
en el fondo del salón, un estudiante hace un chiste ingenioso o realiza un comentario
fuera de lugar. De inmediato, las miradas de sus compañeros se desvían de la pizarra y
una risa colectiva inunda la fila. El emisor del chiste sonríe con una mezcla de triunfo y
satisfacción absoluta. Para el ojo adulto, esto suele catalogarse como indisciplina, falta
de respeto o simple inmadurez. Sin embargo, desde la perspectiva de la neurobiología
del desarrollo, lo que acaba de ocurrir en esa fila es una reacción química de alta
intensidad. Ese estudiante no buscaba sabotear la clase; buscaba su dosis biológica de
supervivencia social.
Durante la transición hacia la adolescencia, el sistema límbico sufre una transformación
radical, específicamente en las vías que procesan la dopamina, el neurotransmisor
encargado de la motivación, el placer y la anticipación de la recompensa (Casey et al.,
2008). Los estudios de neuroimagen demuestran que el cerebro de un joven de trece o
catorce años no carece de dopamina; al contrario, sus niveles basales son distintos y
experimenta picos de liberación ante estímulos placenteros que son significativamente
más altos que los de un niño o de un adulto. El cerebro adolescente es químicamente
hipersensible a la gratificación.
El veredicto de los pares como moneda biológica
La gran concha de mango pedagógica ocurre cuando analizamos qué activa ese
interruptor dopaminérgico. Mientras que para un adulto la recompensa puede ser la
estabilidad financiera o una nota sobresaliente a largo plazo, para el cerebro en
desarrollo la recompensa definitiva es el estatus social y la aceptación de sus iguales.
El neurocientífico Ronald Dahl (2004) describe este fenómeno como un reajuste
motivacional en el que el veredicto de los pares se convierte en la moneda biológicamás valiosa del entorno.
Cuando un adolescente se arriesga a desafiar una norma en clase o a buscar la risa de
sus amigos, su sistema de recompensa se enciende con una intensidad que anula
cualquier evaluación lógica de las consecuencias. El miedo al castigo del adulto
palidece ante la promesa química de la aprobación del grupo.
Canalizando la química del aula a favor del aprendizaje
Sabiendo que no podemos luchar contra los picos de dopamina de nuestros
estudiantes, la psicología clínica y la neuroeducación nos invitan a dejar de combatir el
sistema y empezar a utilizarlo a favor del proceso cognitivo.
Para transformar esa necesidad de recompensa social en un catalizador del
aprendizaje, podemos aplicar las siguientes estrategias en la dinámica del salón:
1. Estructurar el aprendizaje cooperativo con roles definidos: En lugar de
prohibir la interacción, se deben diseñar dinámicas en las que la resolución del
problema matemático dependa del éxito del equipo. La aprobación social ya no se
obtiene distrayendo, sino aportando una solución al grupo.
2. Utilizar la gamificación y el feedback inmediato: Los entornos de aprendizaje
que simulan retos, la acumulación de puntos o la resolución de misterios en
tiempo real emulan los picos fásicos de dopamina de forma saludable,
manteniendo la atención ejecutiva enfocada en el contenido académico.
3. Privilegiar el refuerzo social positivo: Celebrar públicamente el esfuerzo y la
lógica de un estudiante ante sus compañeros activa la misma vía de recompensa
que el joven busca por otros medios, asociando el éxito escolar con el estatus
social positivo dentro del grupo.
Culpar a un estudiante por buscar la mirada de sus compañeros es como culpar a una
planta por buscar la luz del sol; es una necesidad programada en su diseño evolutivo.
Nuestra misión como mentores no es erradicar la química del riesgo y la socialización,
sino construir un ecosistema pedagógico en el que el descubrimiento de los números y
el crecimiento compartido ofrezcan una recompensa mucho más atractiva y duradera
que la distracción.
�� Resumen para el Lector
● Hipersensibilidad química: El cerebro adolescente experimenta picos de
dopamina mucho más intensos ante la recompensa y el placer que el de un adulto
o de un niño (Casey et al., 2008).
● La prioridad social: la aprobación, la risa y el estatus frente a los compañeros de
fila actúan como el reforzador biológico más potente en la escuela media (Dahl,
2004).
● La solución pedagógica: No se trata de suprimir la interacción social en el aula
de matemáticas, sino de canalizarla mediante el aprendizaje colaborativo y retos
lógicos en los que el estatus se gane cooperando.
�� Citas Bibliográficas
● Casey, B. J., Getz, S., & Galvan, A. (2008). The adolescent brain.
Developmental Review, 28(1), 62-77. (Estudios sobre la hipersensibilidad del
cuerpo estriado y los picos de dopamina asociados a la toma de riesgos en la
adolescencia).
● Dahl, R. E. (2004). Adolescent brain development: A period of vulnerabilities and
opportunities. Annals of the New York Academy of Sciences, 1021(1), 1-22.
(Investigación sobre el reajuste motivacional y el impacto de los afectos y la
aceptación social en el desarrollo del sistema nervioso).
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