miércoles, junio 3, 2026
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Conspiraciones, delaciones, entregas, traiciones, y algo más…

El Bohemio estaba inusualmente lleno para un domingo a media mañana. El sol entraba con esa luz clara que no deja esconderse a nadie. Carmen apenas daba abasto con los cafés. En la mesa del rincón, Anacleto tenía desplegada la columna del «periodista radical». No la hojeaba con desdén. La leía con la paciencia de quien va a desmontar pieza por pieza, como un relojero que sabe que el engaño está en los resortes más pequeños. A su alrededor, la profesora, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista y Carmen esperaban. Yo también. El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, pero esta vez no traía un rumor. Traía una pregunta que le hervía en la boca. «Anacleto, otra vez el mismo. Ahora dice que una «fuente de alto nivel del SEBIN» le pasó una lista de 28 personas que los gringos quieren que entregue el gobierno. Habla de traiciones, de sacrificios, de un «juego» que no termina nunca.»

«Camaritas» dijo Anacleto, ajustándose los lentes de carey. «Hoy no vamos a hacer una tertulia general. Vamos a ir punto por punto. Como quien hace una autopsia. Porque este señor no escribe columnas: escribe expedientes de ficción. Y la ficción, por más bien escrita que esté, no resiste el bisturí de los hechos.»

El pichón de periodista insistió. «Anacleto, dice que en la lista, con 28 personas del chavismo requeridas por la justicia, se nombra a «Nicolasito», a Tareck El Aissami, a los «narco sobrinos», a Raúl Gorrín… ¿Será cierto eso?»

Anacleto encendió un cigarrillo con esa lentitud que solo él tiene. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del ventilador. «Camarita, esa es la técnica más vieja del manual del rumor: la fuente que aparece al cierre, cuando ya no hay tiempo para verificar. Es como el mago que distrae con la mano derecha mientras esconde la carta con la izquierda. «Una fuente de muy alto nivel del SEBIN». ¿El SEBIN, camaritas? ¿El Servicio Bolivariano de Inteligencia? ¿Esa gente, que vive bajo cuerda y cuya razón de ser es el secreto, le escribe a un columnista opositor para contarle información ultrasensible? ¿No les parece, camaritas, que ese es el primer disparate?»

El coronel retirado soltó una carcajada seca. «En inteligencia militar, camaritas, hay un principio: si una fuente te contacta a ti y no tú a ella, desconfía; si te contacta al cierre, desconfía más; si te da datos que no puedes verificar, no la publiques. Este señor no solo la publica, sino que la convierte en el eje de su columna.»

Anacleto apagó el cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Exacto, coronel. Y luego dice: «Me prometieron la lista completa en los próximos días». ¿Se dan cuenta? No la tiene, nunca la tuvo, nunca la tendrá… porque no existe. Pero con esa promesa, tiene asegurada su columna de la semana que viene, y la otra, y la otra. Es el periodismo de la espera perpetua: siempre faltan datos, siempre hay una segunda parte, siempre el lector vuelve con la ilusión de que esta vez sí.»

La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, añadió: «Fíjense en los nombres que menciona: «Nicolasito» señalado en otras columnas; Tareck El Aissami siendo juzgado en Venezuela; los sobrinos de Cilia: detenidos, juzgados y liberados en EEUU; Gorrín: nombre recurrente. No hay novedad, camaritas, solo caliche. Es la técnica del collage informativo: toma piezas de “noticias” anteriores, las mezcla y las presenta como exclusiva. Pero el collage, por más bonito que sea, no es una fotografía. Es una construcción. Y esta construcción, camaritas, está hecha con pegamento de mala calidad.»

Anacleto asintió, golpeando suavemente la mesa con los nudillos. «Y la pregunta clave que él mismo se hace: «¿Por qué la solicitud se la entregan directamente a Cabello, cuando pudieron dársela a Delcy o a Gaviota?» Esa pregunta, camaritas, es la carnada. No tiene respuesta porque la premisa es falsa: No hay lista, no hay entrega, no hay reunión. Además, “insinúa” que Diosdado tiene un canal directo con Washington y que “está negociando por su cuenta”; que hay una fractura. Es la técnica de la insinuación sin prueba: no afirma nada, solo pregunta.»

El pichón de periodista volvió a la carga. «Anacleto, dice que Enrique Márquez anda en una gira pagada por el «Rodrigato», que quiere dañar a María Corina, que es un candidato alternativo. Y se pregunta quién financia esa gira.»

Anacleto asintió con una sonrisa irónica. «Y es una buena pregunta, camarita. ¿Quién financia los viajes de Enrique Márquez? ¿Quién le paga el avión privado, los hoteles, las reuniones? No lo sabemos. Pero el columnista tampoco lo sabe. Lo insinúa. Y al insinuar, construye una narrativa: “Márquez es un títere de los Rodríguez.”»

«Ahora» continuó Anacleto, levantando un dedo, «hagamos la misma pregunta sobre los viajes de María Corina Machado y su rebaño. ¿Quién los financia, y hasta paga asesores internacionales? ¿Quién financia las encuestas que le dan 70% de popularidad? ¿Quién paga las giras por EEUU, las reuniones con senadores y los vuelos en primera clase?»

El viejo periodista dejó la taza sobre la mesa. «Él no se hace esas preguntas, Anacleto. Porque si se las hiciera, tendría que investigar, y  podría encontrar respuestas que no le gustan, y que no puede publicar. Entonces elige un blanco fácil: Enrique Márquez, que aún no tiene los medios de la Sayona. Eso se llama “hipocresía selectiva”.»

«Como dice el refrán» remató Anacleto, «»Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Este señor presume de investigar las fuentes de financiamiento de sus enemigos. Pero carece de la curiosidad para investigar las fuentes de financiamiento de sus “amigos”. Y esa carencia, camaritas, no es periodística, es ideológica.»

El coronel retirado, que había estado escuchando en silencio, intervino. «Lleva meses diciendo que Tarek William Saab está detenido, que lo van a sacrificar, que es un «torturador serial». Y Tarek Saab sigue en libertad, dando declaraciones, trabajando. ¿Eso no le afecta la credibilidad?»

Anacleto encendió otro cigarrillo, aunque el anterior aún no se había apagado del todo. Era su manera de mostrar impaciencia. «Coronel, la pregunta es si alguna vez tuvo credibilidad. Porque un periodista que anuncia la detención de una persona y esa persona sigue en libertad, no es un periodista equivocado; es un periodista que miente. Y si miente una vez, ¿por qué no iba a mentir dos? ¿Por qué no iba a mentir siempre?»

La profesora consultó sus apuntes. «Este columnista ha anunciado la «caída inminente» de Tarek Saab al menos en cuatro ocasiones desde enero de 2026. La primera fue el 17 de enero, la segunda el 3 de febrero, la tercera el 12 de marzo y la cuarta el 18 de abril. Todas con «fuentes confiables», todas con «información de última hora». Tarek Saab ejerce actualmente como Defensor del Pueblo, no está detenido, no está en el exilio, no está «sacrificado». Sigue en un cargo, tomando decisiones, apareciendo en público.»

«El escritor checo Franz Kafka» dijo Anacleto «escribió que «la mentira se convierte en verdad cuando no hay nadie que la contradiga». Por eso nosotros estamos aquí, camaritas. Para contradecir, para recordar que Tarek Saab no está detenido. Para que cuando este señor vuelva a anunciar su «inminente caída» la semana que viene, el lector recuerde que ya lo ha anunciado cuatro veces. Y que cuatro veces se equivocó. O mintió. Ustedes eligen el verbo.»

El boticario, que vive en una zona donde los apagones son corrientes, preguntó: «Y lo de los apagones… dice que la culpa es de Luis Caldera, que su imagen está en el suelo.» Anacleto apagó el cigarrillo con un gesto seco. «Camarita, los apagones son reales. Nadie los niega. Pero la culpa no es de un hombre, sino de un sistema eléctrico envejecido, saboteado, bloqueado por sanciones que impiden la importación de repuestos. Caldera hace lo que puede con lo que tiene. Y ha hecho mucho: rehabilitación de hospitales, recuperación de vías, articulación con el poder nacional. Pero este señor no ve nada de eso. Solo ve lo que le conviene ver para justificar su ataque.»

La profesora asintió. «Es la técnica de la responsabilidad única: elige un chivo expiatorio y le endosa los males. No importa que el problema eléctrico sea estructural, que venga de décadas atrás, ni que se haya agravado por el bloqueo: El culpable es Caldera. Así puede señalar con el dedo sin tener que explicar la complejidad del problema. Y la complejidad, camaritas, es la enemiga del titular fácil.»

El viejo periodista soltó una carcajada. «Lo de Zapatero es el colmo. Dice que «embarrará» a la Presidenta (e), que la van a imputar en España. Pero el mismo día que escribió eso, Ramón Soriano, Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla publicó un artículo demostrando que Aznar, González y Rajoy son más imputables que Zapatero. ¿Eso lo menciona? No. Porque no le sirve.»

Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la verdad selectiva es la mentira más difícil de detectar. «Camarita, ese es el núcleo del problema. Él no busca la verdad. Busca la confirmación de sus prejuicios. Por eso cita un hecho, la imputación de Zapatero, pero omite el contexto que lo relativiza. Por eso habla de «embarrar» a Delcy, pero no investiga si hay pruebas concretas en su contra. “La verdad a la carta”, camaritas, es el menú del día en este tipo de periodismo. Elige lo que le conviene, ignora lo que no, y sirve el plato bien caliente para que nadie pregunte por los ingredientes.»

El pichón de periodista levantó la mano. «Maestro, en este punto dice que una «fuente de inteligencia» le escribió que Juan Pablo Guanipa «está alineado». Cuando él preguntó alineado con qué o con quién, la fuente no le respondió. Y él publica igual.»

Anacleto soltó una carcajada breve. «Camarita, eso no es periodismo. Eso es “monólogo con eco”. La fuente le dice algo, no responde las preguntas, y él publica la frase suelta como si fuera una revelación. Es como si yo dijera: «Me escribió un amigo que hay un problema en El Bohemio. No me dijo cuál. Pero se los cuento igual».»

«Gabriel García Márquez» dijo la profesora «escribió «El coronel no tiene quien le escriba». Este señor tiene quien le escribe, pero sus corresponsales son tan fantasmas como los del coronel. La diferencia es que el coronel esperaba una carta que nunca llegaba. Este señor publica las cartas que llegan, aunque no tengan remitente.»

El coronel retirado intervino con mucha ironía. «Anacleto… dice que Diosdado orquestó la entrega de Saab; que convenció a Delcy y a Jorge amenazándolos con que Saab hablaría contra ellos si no accedían. Y que por eso retuvieron a la familia de Saab en Venezuela como garantía de silencio.»

La profesora ya tenía la respuesta preparada. «Coronel, eso es falso. La familia de Saab no está en Venezuela. Está en Italia, desde donde Camila, su esposa, da entrevistas, y lo confirman sus registros migratorios. Este columnista inventó una narrativa de chantaje sin verificar el dato más elemental: el paradero de la familia. O lo verificó y a sabiendas que es falso lo publicó, lo que lo convierte en mentiroso. Es, como diríamos en criollo: un nido de palomas: paja con…»

Anacleto encendió otro cigarrillo. «Lo más grave, camaritas, es que esta afirmación no es menor, no es un chisme de pasillo. Es una acusación de secuestro, de retención ilegal de personas, de crimen de Estado. La hace sin una sola prueba, sin una foto, sin denuncia formal y sin un testimonio verificable. Eso, en cualquier país es difamación agravada. Pero en el mundo de este “columnista”, se llama «información exclusiva».»

«Lo curioso» añadió la profesora «es que se contradice. Por un lado, dice que la familia está retenida para que Saab no hable. Por otro, dice que Saab solo tiene información contra Maduro y Cilia, no contra los Rodríguez. Entonces, ¿para qué retener a la familia si no hay nada que temer? La lógica, camaritas, se fue de vacaciones y no avisó.». El boticario, que seguía la lectura con atención, preguntó: «Aquí habla de Raúl Gorrín, el dueño de Globovisión. Dice que está detenido, que lo van a entregar a Estados Unidos, que es un «caso de menor impacto». ¿Eso es cierto?»

«Y mete a los Guanipa» dijo el viejo periodista. «Dice que Gorrín financiaba a Tomás Guanipa por orden de Maduro. Pero no presenta pruebas, no muestra cheques, no cita testigos. Es la técnica del salpicón: tira nombres al aire, y el que quiera creer, que crea.»

«Nido de palomas, camaritas» sentenció Anacleto. «Pura paja y…. Ni más ni menos.»

El viejo periodista sonrió con ironía. «No podía faltar el ataque a Di Martino. Habla de una señora que entró a Recursos Humanos, que ya había hecho líos en la Contraloría, que maltrata al personal, que hay conflictos, que «ya comienzan a aparecer los problemas».»

Anacleto levantó un dedo. «Camarita, este señor tiene un problema con el alcalde Di Martino. Lo ha confesado él mismo en columnas anteriores: «desde hace muchos años soy un crítico de la gestión de Gian Carlo Di Martino». Esa es su carta de presentación, no su credencial periodística. Todo lo que escribe sobre la Alcaldía debe leerse con esa lupa: no es información, es rencor con espacio en prensa. Nido de palomas, camaritas» repitió Anacleto. «Paja y…» y sentenció: «Por eso escribe con tanta rabia. Porque sabe que la realidad, la tozuda realidad, es más compleja que su maniqueísmo. Y esa complejidad, camaritas, es su peor enemiga.»

Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con voz clara expresó: «Camaritas, hemos recorrido “su columna”. Hemos desmontado fuentes anónimas, contradicciones, hipocresías selectivas, mentiras sobre la familia de Saab, especulaciones sobre Gorrín, ataques a Di Martino y Caldera, verdades a la carta sobre Zapatero, y una colección de «nidos de palomas» que haría las delicias de cualquier ornitólogo. Algunos ni los mencionamos. ¿Y qué aprendimos?» Dio un sorbo de café y continuó: «Aprendimos que este señor no debiera llamarse periodista. Es un titiritero del rumor. Mueve los hilos, inventa las fuentes, construye las conspiraciones, y espera que el público aplauda. Pero el público, camaritas, no es tonto y cuando se cansa, apaga la televisión, cierra el periódico, bloquea la cuenta.»

Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello, y soltó: «Bertrand Russell dijo que «el problema del mundo es que los tontos están siempre muy seguros y los inteligentes muy llenos de dudas». Este señor cree estar muy seguro de lo que escribe: no tiene dudas, no tiene preguntas, no tiene autocrítica. Por eso, camaritas, es peligroso. No porque sea mentiroso, sino porque se cree sus propias mentiras.»

Salimos. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus apagones, su calor y su terquedad infinita. Adentro, sobre la mesa del rincón, la columna quedó allí, esperando que alguien más la desmintiera. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿Cuánto tiempo más seguiremos dándole espacio a quien vive de sembrar dudas, en lugar de construir certezas?

El chantaje a la familia de Saab: la mentira que se desmorona en cinco minutos –El columnista afirma que la esposa de Alex Saab, Camila Fabri, y sus hijos están retenidos en Venezuela como rehenes para garantizar su silencio. Esta afirmación es falsa. Diversos reportes de prensa y registros migratorios indican que la familia de Saab reside en Italia, donde la propia Camila Fabri ha dado entrevistas y ha hecho declaraciones públicas. El escritor italiano Umberto Eco escribió que «las redes sociales le dan el derecho de palabra a legiones de idiotas que antes solo hablaban en el bar después de una copa de vino». Este columnista ha perfeccionado ese arte: convirtió el rumor en columna, la especulación en noticia y el anonimato en fuente. La diferencia es que, esta vez, la mentira se puede desmontar con una simple búsqueda.

Las contradicciones como método: ayer no era venezolano, hoy sí – En columnas anteriores, el columnista afirmó que Alex Saab no era venezolano. Hoy sostiene que sí lo era. La contradicción es insalvable, pero no le importa. Su objetivo no es la coherencia, es la intoxicación. Arthur Schopenhauer observó que «la contradicción es el método del sofista». Aquí no hay sofisma, hay terrorismo interpretativo: convertir cualquier acontecimiento, por neutral que sea, en prueba de una conspiración. Miente sobre la nacionalidad de Saab, miente sobre la familia retenida, miente sobre las motivaciones de los Rodríguez. Y cuando la realidad lo desmiente, simplemente cambia de tema. Es la lógica del comodín: la misma ficha sirve para ganar en cualquier partido.

La hipocresía selectiva: lo que ve y lo que no quiere ver – El “columnista” se pregunta quién financia los viajes de Enrique Márquez, pero nunca se pregunta quién financia los viajes de María Corina Machado y su rebaño; denuncia los «negocios» de los Rodríguez, pero nunca investiga las fuentes que financian a la oposición que dice representar. Rómulo Gallegos escribió que «la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre». La barbarie de este columnista está en su incapacidad de aplicar a sus propias fuentes el mismo escrutinio que aplica a las fuentes del gobierno. Porque si lo hiciera, tendría que admitir que sus «amigos» y «contactos» son tan fantasmas como los «informes del G2» que tanto le gusta citar. Es la hipocresía selectiva: ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y esa hipocresía, con el tiempo, también se pudre.

El rencor como método: veinte años de la misma columna – Este columnista ha confesado abiertamente que es «crítico de la gestión de Gian Carlo Di Martino desde hace muchos años». Esa no es una credencial periodística, camaritas, es un prejuicio. Todo lo que escribe sobre la Alcaldía debe leerse con esa lupa: no es información, es rencor con espacio en prensa. La barbarie de este columnista está en su incapacidad de distinguir entre sus rencores personales y el interés público. Por eso ataca a Di Martino con saña, por eso descalifica a Caldera sin pruebas, por eso inventa conspiraciones donde solo hay gestión. ¿La opinión del pueblo? Esa no importa, esa no produce dividendos. Porque el rencor es el peor consejero. Y este señor lleva veinte años siguiendo sus propios consejos.

 

 

 

El Pepazo

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