
Luis Carlucho Martín
Don Armando Naranjo acumula méritos suficientes para ingresar al Salón de la Fama del Deporte Nacional. Los amigos del Círculo de Periodistas Deportivos tienen una oportunidad histórica e impostergable porque el candidato es de lujo. Así de sencillo.
Qué más tiene que comprobar este ex jugador de baloncesto y de fútbol al máximo nivel en sus años de activo. Qué más tiene que enseñar este formador de las primeras promociones de profesores de Educación Física del Pedagógico de Caracas. Qué más tiene que exponer este ex director técnico de baloncesto, tanto masculino como femenino, que con su juego y su mando pisó exitosamente canchas nacionales y foráneas. Qué más tiene que orientar este apóstol del correcto uso del lenguaje a través de sus crónicas, de sus columnas de opinión o de sus relatos en los comentarios radiales y a través de la pantalla chica. Qué más tiene que aportar como legado este hacedor y guía de periodistas y locutores deportivos. Qué más debe sembrar quien a sus casi 93 añitos sigue haciendo caminos en su andar, con hidalguía, diafanidad, honestidad, bonhomía y condición humanista.

Quizás porque son de sus piezas musicales predilectas, Don Armando –acaso emulando al pescador de la zarzuela “Los Gavilanes”– tiene rato surcando mares, pero no para pescar, sino para sembrar huellas de valores familiares, y sus sabias y pausadas sugerencias, para rescatar el extraviado valor que representa la paz –como lo sugiere “Luisa Fernanda”– …para seguir sin prisa en su largo “Caminito” –no del despecho ni el desamor– de la esperanza, la vida y su mayor tesoro: la unión familiar como núcleo de sus éxitos. Y a todo ello adicionó el culto por el deporte. Siempre con proyección positiva. Y asumiendo la complejidad de los desafíos implícitos en cada competencia. Plantó bandera propia como atleta, entrenador, director técnico, docente universitario, periodista, locutor deportivo y guía de sucesivas generaciones. Deshojar margaritas para adentrarnos en detalles de su ejemplar trayectoria sería elaborar un inconmensurable testimonial. Su amplia e inmaculada hoja de vida es su carta de presentación.

El CPD podría considerar su nombre entre los postulados para el próximo ingreso al recinto de los inmortales, ya que Don Armando ha transitado impecable y exitosamente diversas facetas del deporte, así como en su intachable vida ciudadana.
Su quinteto ideal

Con la indispensable precisión de un sabio lutier supo dar forma armoniosa a su “QUINTETO” ideal: familia, amigos, colegas del deporte y del periodismo, música y momentos sociales, además de su pasión, el baloncesto.
«Un hombre bien construido por dentro, serena la claridad interior», dijo Rómulo Gallegos acerca del poeta Andrés Eloy Blanco… y nosotros –a petición de otro Don, el profesor Jesús Cova– replicamos en referencia a Don Armando Naranjo.

Este gigante del deporte anda por Caracas y lo atrapamos en una suerte de encerrona. Nos dateó Fernando Peñalver. Luego, el propio Naranjo lo confirmó. Organizamos una sorpresa que no fue tal y que representó un momento de absoluto disfrute para el homenajeado, su compañera de vida, Doña Omaira y todos los asistentes.
Postulación espontánea
El leimotiv de la reunión, surgió de manera espontánea. Un saludo vía video que envió un Salón de la Fama, Don Paco Diez, señaló eso: “Armando Naranjo se merece un sitio en ese Olimpo criollo”.
Un nutrido grupo de periodistas deportivos, profesores de educación física, jugadores de baloncesto, estadísticos del deporte, lectores de prensa deportiva y varios fanáticos –todos con el factor común de haber aprendido algo ese denodado formador–, acordaron una especie de cruzada para que se formalice lo que parece una ley impostergable: Armando debe estar entre los elegidos, entre los grandes, entre los históricos. En realidad, ya está. Solo falta que se haga de manera formal y oficial. Ello implica un proceso electoral y un protocolo que, seguros estamos, Don Armando debe superar.
Respetado por todos
El profesor de Educación Física, Ángel Flores –en coincidencia con sus colegas Alberto Centeno y Luis López– enarboló el discurso en exaltación del temple, la transparencia y los aspectos deontológicos de Naranjo, desde la docencia y hasta en otros campos.
Los periodistas Alvis Cedeño y Juan Leonardo Lanz desglosaron finamente los aspectos pedagógicos que Naranjo siempre ha sabido transmitir a nuevas generaciones de la gente de los medios de comunicación. Irving Guanipa izó el estandarte de la Cruzada: “Naranjo al salón de la fama”.
Johan Perozo esbozó un sinnúmero de cualidades humanas y de enseñanzas a partir de la figura del homenajeado; disertación aprobada además por Jesús Cova y las comunicadoras Magally Issa e Ivonne Andara.
En nombre del Círculo de Reporteros Gráficos, Henry Delgado agradeció y reconoció los aportes del profesor Armando. Orángel Balza, Alfredo Conde, Jhonny Villarroel, Reinaldo Linares, Eduardo Chapellín y José Hernández, todos cronistas del deporte, así como Nicolás Hidalgo –autoridad del boxeo internacional–, y deportistas como Víctor Medina y Lenín García, sumaron a favor de la causa, que fue también respaldada por los reconocidos numerólogos Pedro Marrero y Noel Martínez.
Los jugadores de baloncesto Pedrito Rojas y Martín Escobar –los primeros triplistas del baloncesto nacional– alabaron el ejemplo periodístico de Naranjo. Igualmente, los históricos Pedro Scott y Luis “Kunda” Tovar. Puros elogios. Nada de lisonjas.
En la nutrida reunión –posible gracias al aporte del Restaurante Alfa Gourmet y la generosidad de su propietario, hermano de vida, José Manuel Serrano y todo su magnífico personal– sumaron saludos, llamadas y reconocimientos, desde sus respectivas estancias, las profesoras Josefina Boza y Olivia de Osorio, además de Andry Osorio, Cándido Pérez, Andrea Herrera, Kiko Ochea, Carlos Pamphill, Claudia Aguirre, Yván Olivares, Pepe Delgado Rivero, Julio Barazarte, “El Indiscutible” Nelson Jiménez y los hijos de Don Armando.
Camerino ganador
El calor se apoderó de la mágica tarde. El ambiente simulaba el camerino de un equipo de baloncesto –elemento vinculante en este cuento– cuando gana el mejor de los torneos. Muchas intervenciones. Abrazos y felicitaciones improvisadas; todas de corazón. También hubo boleros, salsa y guaguancó que hicieron echar un pie al agasajado y a muchos de los presentes… Una tarea pendiente para todos quedó en el ambiente: a escribir, a difundir, a batallar, a proponer y a votar –los que tienen esa opción de elegir– para que, merecidamente, el nombre de Don Armando Naranjo orne el máximo sitial del deporte venezolano. En argot beisbolístico, el CPD no puede fallar esa “bombita”. No deberían pelar ese boche.
La clave: condición vocacional
En palabras textuales de Naranjo, maestro del periodismo, el baloncesto, la docencia y la amistad, debe gran parte de los logros a su condición vocacional. “Esas cosas que se hacen sin darse cuenta, pero que salen del corazón y del alma…Creo que modestamente dejé algunas enseñanzas, pero no me imaginaba tanto, como refleja este rato que me han dedicado y que comparto con mi esposa Omaira y mis hijos…No esperaba tanto cariño y tanto reconocimiento. Tuve la suerte de desempeñarme como comentarista, periodista, docente. Todo fue de vocación…Es uno de los ingredientes fundamentales para obtener resultados. Hacer lo que a uno le gusta. Para mí ninguna de esas actividades fue trabajo porque lo hacía con tantas ganas que simplemente lo disfrutaba. No tengo palabras por la emoción del momento por lo que han opinado sobre mí y por la presencia de todos”, expuso visiblemente emocionado y “apabullado”, destacando el valor de la amistad que ha perdurado en el tiempo.
Exigua pero muy precisa fue su disertación. Al mejor estilo de Lucio Demare en su histórico tango “Humildad”… –juego magistral con las teclas de su piano para completar una pieza maestra netamente instrumental– …acaso porque las palabras sobran cuando se ha hallado la fórmula para convertir el deber en placer y mantenerse incólume e inmaculado desde lo profesional en todas las áreas de su accionar y su cotidianidad, sin cansinas ni estériles rutinas, aunque sí con determinada disciplina. Así se anda lejos. Así se siembra. Se aproxima a 93 primaveras. Le falta su más que merecida exaltación al templo de los inmortales del deporte nacional. Su ingreso sería el canasto ideal –posiblemente de larga distancia, como era su estilo en aquellas duras partidas– para blindar tan prolija y digna carrera. La anuencia a su salto a la cúspide del deporte debería ser unánime.
El Pepazo





