Nadie ha podido controlar la venta de licor
Desde tiempos remotos se han impuesto medidas y horarios para regular la venta de aguardiente, pero al igual que hoy, son burlados por quienes, ante la impunidad, siguen haciendo lo que les viene en gana.
El poder del licor y su comercialización en relación a nuestro personaje de hoy...
El poder mágico del aguardiente hizo sucumbir al mismísimo Simón Bolívar, quien en su condición de abstemio siempre se declaró en contra de su “consumo excesivo” por considerarlo un problema de salud pública, pero titubeó al momento de algunas decisiones en cuanto a pechar su almacenaje y distribución, debido a las grandes riquezas e ingresos que para el fisco representaba tan “despreciable mercancía”.
Así lo hace saber el cronista Juan Ernesto Montenegro quien trae a colación algunos extractos de una carta que el Libertador le extiende el 8 de septiembre de 1828 desde Bogotá a su amigo “estancador de aguardiente” don Rafael Arboleda, a quien le expresa que “la situación de usted con respecto al estanco de aguardiente me ha hecho titubear si deberíamos o no revocar el establecimiento de los estancos porque ciertamente se me hace difícil destruir a mis más interesados amigos, y mucho más cuando me dicen que se sacrificarán con placer por manifestar que el fin de la patria está consagrada en su fortuna, su persona y su existencia misma…”
¿Empresarios de aguardiente sacrificándose por un país? Algún parecido con la actualidad déjelo para su análisis…
Una demostración de diplomacia pura, ya que el aguardiente, junto al tabaco, representaba la mayoría de los ingresos del erario. Sabía Bolívar que los empresarios eran un mal necesario, y por eso les pide que en demostración de ese sacrificio que dicen tener por el país, pues que hagan sus respectivos aportes mientras que el Estado les siga permitiendo su negocio, aunque les insiste que hagan sus ventas a precios no tan accesibles: “La franquicia del aguardiente es un azote del pueblo que será desgraciado en todo sentido mientras se embriague en demasía, mientras pueda lograr el licor a bajos precios. Aseguro a usted con todo candor que si pudiera suprimir este vicio haría el sacrificio de la renta del Estado adoptando otro arbitrio que lo supliera…” Y se despide
Pero en líneas anteriores Bolívar se había sincerado con su amigo licorero al recordarle que “estamos urgidos por el gobierno para los intereses de la deuda, que por todo no bajarán de tres millones al año, y que apenas todas nuestras rentas bastan para ese solo pagamento. Antes daba el aguardiente millón y medio de pesos, la alcabala poco menos, y los tributos completaban la suma total de tres millones. Así se ha mandado restablecer estos ramos de la renta nacional para mantener la República con estas nuevas creaciones, pues las aduanas y los tabacos tendremos que entregarlos al extranjero, según las convenciones que estipulemos…”
¿Y por qué no se optó por negociar con el extranjero la industria licorera?...
Así estimulaba Bolívar a su amigo para que se mantuviera en el negocio del aguardiente, por el sagrado deber de ayudar al Fisco, por supuesto velando por sus intereses crematísticos, como es lógico para cada empresario.
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El Pepazo
Periodista deportivoGraduado en la UCV en 1992, Jubilado del IND desde 2010Ex jefe de prensa de Cocodrilos de Caracas 96-2000. Ex Director de Prensa del IND. Cronista de temas diversos asociados a las efemérides venezolanas y el rescate de la historia.Premio Nacional mención radio 1995, Premio Nacional mención impreso 2014, Premio Municipal 2013, 2014, 2017Creador de órganos divulgativos.
Desde tiempos remotos se han impuesto medidas y horarios para regular la venta de aguardiente, pero al igual que hoy, son burlados por quienes, ante la impunidad, siguen haciendo lo que les viene en gana.
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