José Cedeño
Olvidar seria repetir los errores del pasado como lo refleja George Santayana: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo». Recordamos los 30 años de la peor crisis bancaria de la historia contemporánea de Venezuela, que podría ser como una advertencia para no vivir del pasado sino más bien utilizar la memoria histórica y personal como instrumento de aprendizaje para no tropezar con las mismas piedras.
Donde 17 bancos privados se declararon en quiebra, llevándose con ellos los ahorros de millones de venezolanos. El gobierno del momento intentó rescatar el sector bancario aportando millones de dólares, y en Cadena Nacional, el Presidente Caldera prometió que todos los venezolanos afectados tendrían su dinero de vuelta, el auxilio financiero fue dado a los mismos banqueros que produjeron esa debacle y se los robaron, también se inyectó a la banca la cantidad nada despreciable de un billón doscientos setenta y dos mil millones de bolívares.
El esfuerzo de toda una vida de trabajo se esfumo de la noche a la mañana, mientras enajenaban la salud mental del pueblo en la televisión con un concurso de belleza. No pocos de esos ahorristas se quitaron la vida, muchos pensionados murieron de mengua de olvido al no poder comprar su medicinas y alimentarse como es debido.
Y los responsables dándose la gran vida en el Norte y en Europa; ninguno pago cárcel como se lo merecía y fueron recibidos en los países donde llegaron como grandes joyas, nadie salió en defensa de los ahorristas, ni mucho menos de la democracia, delincuentes con plata son ciudadanos honorables en el Norte, cuantos recuerdan la frase del banquero Orlando Castro: “Aquí estamos y aquí seguimos” que hacia control de daños mientras terminaba de raspar la olla.
Lo peligroso de todo esto es el intento de eliminar nuestra memoria y torcer la historia con frases como: “éramos felices y no lo sabíamos”.
Los ahorristas de los 17 bancos quebrados no eran felices, los habitantes de los cinturones de miseria no eran felices, las víctimas de las cuotas balón y créditos indexados no eran felices, la población flotante por falta de cupos en las universidades no eran felices, los familiares de los miles de desaparecidos no eran felices, y los que se creían que eran felices tampoco lo eran porque no lo sabían, los que estamos mal pero vamos bien menos eran felices.
Tenemos que perdonar, pero no olvidar, que nos sirva como para cerrar un ciclo, de las malas experiencias se aprende usándola como aprendizaje o mecanismo de protección sin buscar venganza, pero si justicia.
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