Otro golpe al baloncesto…se nos fue Moñito

Hoy, el baloncesto, en general, llora esta otra sensible pérdida. Mi pana, no se pudo esta vez derrotar a ese enemigo que fue mermando tu función renal. Me dijiste hace un mes y algo que la lucha era ruda, pero estabas esperanzado. Solo el Altísimo sabe el porqué de todo

Otro golpe al baloncesto…se nos fue Moñito

Luis Carlucho Martín

Larry Brown gira una instrucción. Paco Diez la traduce y la hace más comprensible para los jugadores. Pero es Moñito quien le da un sentido explicativo, didáctico y realmente inteligible para mí, que en ese momento estaba encargado de prensa y del circuito radial de Cocodrilos de Caracas. A veces filtraba información, de carácter netamente técnico –no táctico, porque eso atentaría contra nosotros ni contra él mismo–, a otros periodistas tan fiebrúos como yo. Eran ellos Jimmy López, Alfredo Conde, Juan Leonardo Lanz, Fernando Peñalver, Williams Brito e Irving Guanipa... Pero su intención no era dar un “tubazo”, porque no era periodista. Su objetivo, siempre fue, que no se escaparan detalles que él veía y comprendía y que podía explicar con mucha claridad. Eso lo entendí luego de discutirlo con él, entre birras y a ritmo de salsa dura. Así era ese tremendo pana. El gran Jesús Moñito Contreras. Sin mezquindad alguna, siempre estuvo presto a brindar, desinteresadamente, sus conocimientos. Saberes que absorbió en su andar de barrio, donde aprendió, desde muy chamo, a driblar las adversidades y las tentaciones y a taponear indicios negativos. Siempre supo salir airoso. Sorteó rudas realidades del arrabal. Fue un destacado para dar ejemplos, sin pretender ser modelo de, ni para, nadie. Sencillamente, aprendió y transmitió, hasta de manera empírica, lo que la calle y la universidad de la vida le habían brindado durante su fructífera carrera como formador, en la que, sin dudas, salió eximido, quizás magnacumlaude. Sin poses academicistas supo dar instrucciones con su propia y eficaz jerga. Con su lenguaje específico, cargado de códigos propios. Primero, de caballero a chamos. Luego, de caballero a caballeros. Y qué mejor manera de demostrarlo. Basta ver la lista de todos los jugadores que, a partir de su descubrimiento y formación, llegaron a selecciones nacionales de diversas categorías y a equipos profesionales. El mejor Panteras de Miranda, de toda su historia, tiene el sello indeleble de Moñito. Aquella base criolla felina era un contingente de su hechura. De esa excelsa camada de jugadores, por ahí anda hoy consternado –como todo el mundo del basket criollo– su sobrino Octavio “El Topo” Contreras…Un abrazo, hermanito.

De todas sus anécdotas –con las que podríamos hacer un exquisito libro de consulta diaria acerca del comportamiento del barrio y el deporte como agente profiláctico social– nos queda una confesión que hizo públicamente en una tertulia deportiva, organizada por nuestro hermanito Sioux Fernández ­–esa fue la del bloque 26 de la zona Central del 23 de Enero, hace, quizás tres años–. Allí Moñito, sincerote como siempre fue, dio una cátedra de su manual, para traducir lenguaje y gestos callejeros y aplicarlos a los “multidiversos” comportamientos y conductas de sus incontables aspirantes a ser jugadores de baloncesto. “Estoy claro. De esos grupos, quizás ninguno vaya a la NBA, pero les aseguro que serán mejores ciudadanos. Mis jugadores van pa lante, siempre con sentido aguerrido en la cancha. Nunca nos doblegamos ante ningún rival por grande que luzca, pero tengan seguro que los míos aprendieron a morir con las botas puestas, a no rendirse. Y eso es aplicable a todos los niveles. Cuando uno forma chamos del barrio, como me tocó a mí, sabe que el reto de la cancha es el mismo reto de la escuela y de la familia. Muchas veces tú eres el papá de esos chamos y cada uno representa un desafío. Por eso la cosa va más allá de ataque y defensa. No es solo cortina y roll. El asunto pasa por modales, por unos buenos días, un permiso y un perdón cuando corresponde. Si no siembras eso, pierdes esa batalla. Esa oportunidad me la dio la vida y me la dio el baloncesto”, expuso en aquella ocasión, en una suerte de clase magistral en su corta, pero contundente, intervención cargada de humildad.

Moñito siempre fue agradecido. No se cansó de reconocer la influencia positiva que en su formación tuvo su acompañamiento de Paco Diez, principalmente, con quien hizo un dúo dinámico. Pero además estuvo junto a otros grandes hasta que creció y se hizo otro grande.

Hoy, el baloncesto, en general, llora esta otra sensible pérdida. Mi pana, no se pudo esta vez derrotar a ese enemigo que fue mermando tu función renal. Me dijiste hace un mes y algo que la lucha era ruda, pero estabas esperanzado. Solo el Altísimo sabe el porqué de todo. Sé que le echaste bolas y que en esa lucha estuvo un personaje bendito para nuestro baloncesto, el amigo, hermano, Dr Ricci Terán, otro que desinteresadamente se montó en el autobús de tu causa…ese es, como lo bautizamos, nuestro José Gregorio del Baloncesto. Pero no se pudo. Coño. Dios le bendiga.

El básquet aún no se seca recientes lágrimas y a ti se te ocurre partir… La semana pasada adelantó su viaje eterno el coronel Gibbson León. Ayer fue Dani “Carapita” y hoy tú. Coño, ya basta de golpes a este noble deporte. Ya basta de estos nocauts contundentes del destino…

Descansa en paz, mi pana Moño.

PD: Un día me dijiste: “Conocía a tu hermano menor. Hablamos de salsa, de la vida, de tácticas, de estrategias y de baloncesto. Tremendo pana”. Así me dijiste en referencia a mi hermano Ulises. Gracias, Moño.

Siempre te recordaré amable, abierto a compartir y salsero de los buenos. Dios te tenga un sitial especial…

Y, como claudicar jamás estuvo entre las jugadas que trazabas en tus tablas de indicaciones, preferimos evaluar tu partida como una irreparable pérdida que deja, como ganancia, tu legado: excelentes jugadores, buenos ciudadanos y amigos de verdad, como fuiste y como siempre serás, pana mío. 

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