José Abel Becerra, padre del ciclismo tachirense
Observamos a José Abel Becerra, el padre viviente del ciclismo tachirense, quien a sus noventa años conserva una vitalidad mental que es la memoria histórica de dos emblemáticos deportes, el ciclismo y el tiro deportivo, en los que Táchira exhibe figuraciones de máximo esplendor en escenarios mundiales.
GONZALO REY MUÑOZ
CNP 7287
Colocó sus manos en una de las vallas. Luego miró la torre de llegada y en pocos segundos recibió el saludo de varios aficionados que disfrutaban del circuito de San Cristóbal.
Observamos a José Abel Becerra, el padre viviente del ciclismo tachirense, quien a sus noventa años conserva una vitalidad mental que es la memoria histórica de dos emblemáticos deportes, el ciclismo y el tiro deportivo, en los que Táchira exhibe figuraciones de máximo esplendor en escenarios mundiales.
Becerra, nacido hace noventa años en la aldea Caneyes, entre Táriba y Palmira, corrió junto a Pedro Maximino Pérez, dominando ambos el escenario regional con sus múltiples victorias en la primera mitad de la década del cincuenta del pasado siglo y protagonizando puestos de vanguardia en competencias en Colombia en los momentos que la dirigencia de ambos países unificó sus esfuerzos en la organización de pruebas a ambos lados del río Táchira.
José Abel corrió contra los colombianos en los tiempos del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. "Gané varias pruebas en Colombia y aquí hicimos respetar nuestra casa", dice a El Escalador mientras busca en el bolsillo izquierdo de su chaqueta un celular y comienza el desfile de fotografías donde están sus gestas calapédicas con el club Benotto Tachirense.
PRIMER ENTRENADOR DE LA VUELTA
En esa época, en verbo de Becerra, era difícil hacer deporte. "Todavía se veía nuestra actividad como oficio de vagos" y en esa encrucijada se marchó a estudiar docencia en Caracas, tiempo en que conoció por primera vez un polígono de tiro y encendió su segunda mecha competitiva al proclamarse subcampeón mundial en pruebas de pistola y luego campeón Panamericano.
A la par de impartir clases de educación física en el Liceo Simón Bolívar, a su regreso a San Cristóbal, José Abel Becerra incursionó en la dirigencia deportiva, formando parte de la junta directiva de la Asociación Tachirense de Ciclismo (ATC), que encendió el fuego competitivo de la primera edición de la Vuelta al Táchira, en enero de 1966, durante la presidencia de Pedro Maximino Pérez, que junto al profesor José Lucidio Martínez y Roberto Trujillo, entre otros, tienen ese privilegio de ser los creadores del certamen que constituyó el eslabón para la realización de los Campeonatos Mundiales de Ciclismo San Cristóbal 1977.
"No había un entrenador para dirigir a los equipos que representaron a nuestro estado en la primera Vuelta al Táchira. Asumí esa labor, y en bicicleta salí junto a los muchachos, a efectuar los entrenamientos. La mayoría eran juveniles inexpertos y con material obsoleto que los hizo sufrir mucho".
Así nació la prueba con cinco etapas en la que asistieron 43 ciclistas de Colombia y Venezuela, que con el tiempo trascendió de nivel y se convirtió en la mejor carrera del continente, recibiendo la denominación de oro de la Vuelta Gigante de América, y más adelante, con la capacidad gerencial del profesor Williams Marcano, un hijo de Maracaibo que se enamoró de la carrera hasta llevarla a catorce etapas, la Unión Ciclista Internacional le otorgó el reconocimiento de Hort Categoríé (Fuera de Categoría), Prueba Open que recibió a partir de 1991 la autorización para invitar equipos profesionales y de esa presencia de formaciones élites de Europa se activó la contratación de corredores venezolanos para hacer el calendario mundial y debutar en el Giro de Italia, la Vuelta a España y el Tour de Francia, las joyas más valiosas de las bielas en el contexto mundial.
LOS PIONEROS
Mientras los comisarios activaban los cronómetros del circuito capitalino 2025, José Abel recordó los capítulos de aquella primera vuelta, en la que a falta de recursos económicos para la contratación de hoteles, o pensiones, cada directivo de la ATC acogió con la hospitalidad familiar a un equipo. En el caso de Becerra recibió en su hogar a la delegación de Antioquia, donde sobresalía la estampa de Martín Emilio Rodríguez, el popular "Cochise" que había ganado en 1963 y 1964 la Vuelta a Colombia y quien luego de dominar la primera Vuelta al Táchira se fue a su país sumando su tercera corona y en en 1967 su definitivo cuarto título de la ronda neogranadina.
"Cochise" debutó en el Táchira junto a Luis Emilio Vélez, Iván Uzma Martínez y Roberto Escobar _ hermano de Pablo, el que años más adelante controló los cárteles colombianos. Las funciones de dirección técnica las ejecutó Gabriel Gómez.
Martín Emilio exhibió su fortaleza ganando la prueba frente a Gliserio Penagos por 31 minutos y por más de cuarenta a Álvaro Pachón, las dos principales figuras de Cundinamarca, que ganó la modalidad de por equipos con el aporte además de Víctor Leguizamón y Francisco Triana, cuarto y quinto de la general individual.
Los colombianos llevaban corriendo su vuelta desde 1951 cuando ganó Efraín Forero. Ellos tenían material avanzado, mientras los nuestros armaron sus bicicletas como pudieron, que pesaban más de catorce kilos.
En esa prueba de fuego está la génesis de superación venezolana y ya a partir de 1973 nuestro país triunfó con Santos Rafael Bermúdez y su club Brandy Martell, cuyo eslogan era "Pura uva, puro brandy, puro Martell", que todavía es recordado por los aficionados.
Becerra recuerda que el equipo "A" del Táchira lo integraron en 1966: José Moreno, David Parra,
José Alirio Vivas, Miguel Rosales y Luis Eduardo Eslava, mientras en el "B" se incluyó a Víctor Caballero, Guillermo "Proceso" Hernández, José Zoilo Pérez y Jorge Alí Pinzón. De ellos solo se mantiene con vida Alirio Vivas, residenciado en las Vegas de Táriba y quien administra una tienda de venta de respuestos para vehículos.
Los recuerdos de José Abel pasan por ese nivel superior de los dos primeros tricampeones de la Vuelta al Táchira, "Cochise" Rodríguez (1966, 1968, 1971) y Álvaro Pachón (1969, 1970, 1974), además del triunfo de Gustavo Rincón, en 1967, y de Miguel Samacá, en 1972.
Después Venezuela volvió a celebrar en dos ocasiones con los triunfos de Fernando Fontes, en 1975 y 1976, también con la blusa de Brandy Martell y luego con las dos primeras copas de Lotería del Táchira que registraron Efraín Rodríguez y José Duax Hernández entre 1978 y 1979 porque en 1977 el galardón se lo llevó José Patrocinio Jiménez.
De esa bonita historia hablaba José Abel cuando se protagonizó el embalaje que registró la victoria de Jad Colmenares, y entonces quedó abierta la invitación para una segunda tertulia en casa del padre viviente del ciclismo tachirense, donde guarda valiosa documentación y fotografías de la Vuelta Gigante de América.
Becerra compartió con los aficionados que disfrutaban de sus historias, en contravía a la actual dirigencia de la ATC y del Comité Organizador, que ni se enteraron que a escasos veinte metros de la meta estaba uno de los fundadores de la Vuelta al Táchira y a quien tampoco por gesto protocolar le otorgaron una credencial como se hace en las grandes carreras del mundo con sus fundadores y los ciclistas pioneros que nunca son borrados de la historia bordada con sacrificio y con quienes estamos en deuda por esa herencia que legaron para la felicidad de su pueblo.-
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