A ritmo de cuatro… y en cuatro
Sentirlo y tocarlo “es un acto de copulación del alma con el mundo”.
Luis Carlucho Martín
En estos turbulentos días de abril de 2026, ante tanta disonancia que desemboca en el eco de todos los sectores apuntando al sensible tema del aumento salarial, se nos antoja desafinada cualquier celebración; pero es imposible pasar por bolas el Día Nacional del Cuatro: un instrumento que ha resultado, desde su llegada al país –durante La Colonia– el alma armoniosa de casi todos los ritmos que desnudan la identidad, idiosincrasia, folclore y tradiciones venezolanas.
Basta de ruidos entrópicos. Qué viva el cuatro y su significado. Charrasqueado, punteado o como fuera su ejecución, es el átomo principal del joropo, el polo, el galerón, la gaita, el aguinaldo, el vals, el villancico, el merengue criollo, el calipso, la tonada y hasta la salsa. Si usted no lo cree, pregúntele a maestros músicos como “Señor Tambó” Don Gerardo Rosales o a Joel “Pibo” Márquez, dos que tras bastidores lo ejecutan muy bien y usan ese cajón de madera, con trastes, clavijas de afinación y cuatro cuerdas, como base para muchas de sus composiciones y para perfeccionar sus arreglos que llegan al público a manera de percusión.
Para que algo suene a Venezuela debe tener arpa, maracas, tambores, cueros, pero si no tiene cuatro, le falta la esencia. No es de aquí. Punto.
Es inconmensurable precisar en cuántas serenatas, en cuántos compromisos amorosos o en cuántos cumpleaños y hasta en algunos velorios, ha liderado el sonido del cuatro. Desde el guataquero hasta el más sofisticado de sus ejecutantes nos han deleitado con esa mágica caja de sonido.
Por eso, parece algo tardío –aunque bienvenida la designación– que el 9 de abril de 2013 haya sido declarado oficialmente como “Bien de Interés Cultural”, después de cinco siglos alegrando tantas rumbas y almas nacionales. Pero como fiesta es fiesta, y aunque se oficializó desde 2024 que sea el 4 de abril su día, lo celebramos ese y todos los días que se nos antoje. Así somos.
Entonces, aclarando, su fecha es cada 4 de abril; o sea, el cuarto día del cuarto mes calendario se celebra un instrumento de 4 cuerdas. Todo en cuatro, pues. El que afinado, al repasar, una a una, sus cuerdas, suena cambur pintón, y en contrasentido es hipócrita. ¡Cuidado!
¿Autóctono?
El cuatro criollo es producto de una serie de mutaciones y evoluciones del instrumento original, proveniente de Europa durante el proceso de colonización, cuando el conquistador no solo introdujo e impuso sus modos, religión y costumbres, sino sus celebraciones, música e instrumentos.
Un paréntesis necesario para definir el vocablo "autóctono" –la idea es desmitificar el asunto y llamar a las cosas por su nombre–. “Autóctono: Originario del propio país en el que vive. Aplicado a persona, usado también como sustantivo”. Aplicado a objeto o instrumento, ya sabe lo que significa, según varios diccionarios y le agregamos: “Los instrumentos musicales autóctonos son aquellos originarios de una región, reflejando su identidad cultural y construidos tradicionalmente con materiales naturales locales”.
Pero la historia es clara cuando se refiere al instrumento nacional venezolano. No es originario de acá. Viene de España, y al parecer, tiene antecedentes asiáticos.
Recientemente, en una tertulia etílica, el poeta, dramaturgo y profesor de artes escénicas, mi primo Rodolfo Porras, hizo una magistral exposición sobre el tema, al explicar que el cuatro venezolano tiene sus antecedentes en la guitarra renacentista española, también llamada vihuela. También hablamos del laúd como uno de esos posibles parientes ancestrales del instrumento considerado la base de nuestra identidad musical. ¡Vengan dos más y salud!
Varios investigadores coinciden en que instrumentos similares al cuatro aparecieron en antiguos grabados iraníes y en Egipto, 3.000 años AC. Se supone que existe un largo período de evolución cultural y, específicamente musical, hasta que aparecen indicios de una especie de guitarra, llamada renacentista, en la España del siglo XIV. Así llega a Venezuela un par de siglos más adelante en el funesto período de la conquista. Unos dicen que entró por Coro y rápidamente se difundió por el occidente, con especial aceptación y desarrollo en zonas del actual estado Lara. Otros estudiosos aseveran que ese mágico instrumento de cuatro cuerdas ingresó por Oriente en forma de guitarrita. Bendita y rítmica controversia.
Algunos especialistas en artes indican que una referencia histórica en torno a la antigüedad y origen del cuatro es la acuarela “Tocador de cuatro” del pintor impresionista Camille Pisarro; obra supuestamente registrada entre 1852 y 1854.
Internacionalización
En 2019 forma parte fundamental en la ejecución del ritmo fusionado entre jazz, pop y música clásica, que terminó alzando el Latin Grammy de C4Trío, liderado por el ahora famoso Jorge Glen, joven cumanés que siguió los pasos de grandes maestros y creó su estilo propio al inspirarse con su cuatro en los escenarios más sonados de la música mundial.
Un año antes había ostentado el Grammy estadounidense. En 2014 se ganó El Silbón de Oro y en 2015 el premio máximo en el festival La Siembra del Cuatro, a lo que suma varios premios Pepsi. Siempre con el cuatro como bandera de fina ejecución.
Por momentos, lo de Glenn, nos proyecta en acertadas osadías e irreverencias rítmicas y, simultáneamente, nos pasea por la memoria de grandes maestros ejecutores como Eduardo Azuaje –de nombre artístico Jacinto Pérez– conocido como El Rey del Cuatro; Leoncio Narvarte, Fredy Reina, Hernán Gamboa, El Sembrador Cheo Hurtado, Cecilia Todd, El Pollo Brito y otros tantos como Don Luis Mariano Rivera, Simón Díaz, Gualberto Ibarreto, Iván Pérez Rossi y un montón no tan famosos. Por supuesto, agradeciendo siempre a quienes al continuar la tradición se atrevieron a copiar y luego a innovar en la fabricación de tan divino instrumento. Sin dudas, Pablo Canela y Pedro Pablo Aldana, son los más famosos luthiers criollos, aunque, afortunadamente, se han multiplicado por toda la geografía
El Patrimonio Viviente, Fredy Reyna, había abierto las puertas al reconocimiento internacional del cuatro como instrumento de nuestra tradición. Desde 1957 fue galardonado en toda América y en muchos países de Europa, por su obra y su siembra. En gran parte de esos reconocimientos fue el cuatro su cómplice. Igualmente sucedió con Hernán Gamboa y otros artistas que llevan consigo esas cuatro cuerdas y su sonoridad para acompasar sus versos y cantos.
Hasta en videojuegos
Una curiosidad que nos demuestra el poder de penetración, expansión y gusto universal por lo que hoy es nuestro cuatro –ya sabemos que no es autóctono, pero en su evolución tiene forma, sonido y ritmo made in Venezuela– se evidencia en el siguiente párrafo que aparece en Wikipedia al consultar al sonoro instrumento: “En 2012 la banda Sin dirección se convirtió en el primer artista en colocar música folclórica venezolana en un videojuego mundial, al lograr incluir su canción “¡Ay!”, una fusión de joropo con pop rock, en el popular videojuego Rock Band 3 producido por Harmonix Music Systems y MTV Games para la videoconsola Xbox 360 de Microsoft, donde niños y personas de todo el mundo se divierten intentando tocar el cuatro venezolano.”
Tocarlo y sentirlo
Creo que en ocasión del primer Cy Young del estelar lanzador zurdo merideño, Johan Santana, la ceremonia oficial en la que el país entero le rindió honores al “Gocho”, se hizo al compás de un frenético cuatro que ejecutó el profesor de Educación Física, Gilberto Regalado, quien luego de acompañar el Himno del Deporte, le puso alegría al solemne momento que se fue haciendo más digerible. La música, acompañada de los improvisados cantos de los asistentes, allanó el salón y el discurso fue eso, música. Se humanizó con aquellos sonidos la rigidez protocolar y el acto fue fiesta a ritmo de cuatro. ¡Qué vaina tan buena!
Por su parte, el poeta Luis Contreras, buen “tocador de cuatro”, asume no ser músico profesional: “Aunque desde los primeros años de mi vida, me dediqué al culto de la música, como amante que soy de la misma y feliz destinatario de sus sanadores y gratificantes efluvios. Eso sí, entre amigos siempre cultivamos el canto de nuestras vernáculas coplas, de Oriente a Occidente y de Sur a Norte, de esta tierra de Gracia, tan pródiga y variada en rimas, ritmos y letras. Solamente podríamos definirlo con estas palabras: es un acto amoroso, una copulación del alma con el mundo, acto de amor consumado en la entrega; el alma se revela al cantar contrapunteando el sentir al toque de ese maravilloso instrumento (el cuatro). Esa es la razón por la que un intérprete cierra los ojos al enunciar su balada, está sumido en el éxtasis más allá de todo razonamiento”, expone casi transportado, con ganas de tocar y echarse uno… ¡Salud, compadre!
Afinación…
Con este breve recorrido musical a ritmo de cuatro, advertimos que, si el país sigue disonante, cada ciudadano debería agarrar un cuatro y repasar libremente sus órdenes (cuarta, segunda, primera y tercera). Bien afinado, si vamos en el sentido correcto, sonará “cambur pintón”. Pero si es al revés, ese diáfano instrumento, cantará en tu oído, “hipócrita”.
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