La gente quema a Judas como venganza por su traición

La quema de Judas es, sin lugar a dudas, una de las más arraigadas y promovidas costumbres de nuestra Semana Santa, por su sentido de festividad pagana y porque reúne gran cantidad de público, creyente o no, en torno a un personaje que “merece ese final en llamas”, por traidor y por haber vendido con un beso, nada más y nada menos que al hijo de Papá Dios.

Apr 5, 2026 - 10:15
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La gente quema a Judas como venganza por su traición
La gente quema a Judas como venganza por su traición
La gente quema a Judas como venganza por su traición

Luis Carlucho Martín 

La quema de Judas es, sin lugar a dudas, una de las más arraigadas y promovidas costumbres de nuestra Semana Santa, por su sentido de festividad pagana y porque reúne gran cantidad de público, creyente o no, en torno a un personaje que “merece ese final en llamas”, por traidor y por haber vendido con un beso, nada más y nada menos que al hijo de Papá Dios.

Aunque no es una tradición netamente caraqueña, se trata de un capítulo que ha cobrado mucha vida en la capital --asiento de los máximos poderes administrativos--, porque últimamente se ha dado por desvirtuar lo mágico-religioso-pagano y se ha enfocado en el plano político, pues la gente de todos los sectores sociales hacen sus enfoques críticos y creen trasladar sus deseos de venganza al famoso acto crematorio precedido por el ahorcamiento de Iscariote, tal y como él lo hiciera según la historia.

Los estudiosos de la paganidad criolla afirman que la quema de Judas es muy famosa en Caracas, en algunas zonas de oriente, así como en Lara, Cojedes y Aragua. Desde siempre, los jóvenes parroquianos recolectaban ropa y zapatos viejos, trapos sin uso, y guardaban juegos pirotécnicos de la rumba decembrina a manera de relleno de los muñecos representativos de Judas Iscariote, para que además de arder al final de la tarde del Domingo de Resurrección, el festín terminase en una rumba lúmino-explosiva, cuya incandescencia sirviese para dar lectura a los testamentos, redactados por la propia comunidad, que en esas líneas no solo hacía (y hace) denuncias y quejas, sino que muchas veces mostraba (y muestra) pruebas que certifican acusaciones contra aquel muñeco ardiente y todo lo que él representa. 
Los actos ceremoniales de la famosa quema  comienzan con la escogencia de la persona o personaje cuyas acciones puedan hacer de él una figura amenazadora para la vida normal de la sociedad, y que merezca no solo la “simbólica muerte de ahorcamiento y quema”, sino que además sea merecedora de chalequeos, burlas e improperios nacidos del sentir popular, que busca vengar aquella traición histórica.

Cuenta el anecdotario que el primer Judas que ardió en Venezuela fue en representación de Américo Vespucio, en 1499, en Cumaná, por el engaño que pretendió hacer el invasor de cambiar espejitos por perlas de nuestros indios. El muñeco, que simboliza al personaje próximo a ser quemado, lo sientan en las calles y avenidas, principales de los barrios, por donde desfilan carros y gente de a pie, que es “martillada” por los organizadores de la tradición; dinero en efectivo, que casi siempre se trocará en líquido elixir que adereza la ceremonia y eleva los ánimos para culminar con alegría el jolgorio...
Este año, atípico y surrealista en la historia nacional, veremos la eufórica creatividad criolla al culminar la tarde de domingo de resurrección...
Desde todos los sectores se habla de traición. ¿Quién cree usted que será el Judas más quemado?

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El Pepazo

hebertcolina Licenciado Hebert Colina periodista y columnista con más de 35 años de experiencia en el mundo del periodismo.