Cuando el asfalto y las luces entierran los celos, la ciudad vuelve a brillar
«La gloria de los administradores consiste en hacer mucho con poco. La grandeza de los pueblos, en reconocerlo cuando ocurre.» HONORÉ DE BALZAC (parafraseado por Anacleto)
Luis Semprún Jurado
El Bohemio tenía ese aire denso de media mañana donde los chismes de pasillo suelen pesar más que las toneladas de asfalto. Sobre la mesa del rincón, Anacleto no tenía periódicos. Tenía una lista manuscrita de obras ejecutadas en lo que va de 2026: una columna con el nombre de Luis Caldera, otra con el de Gian Carlo Di Martino.
El pichón de periodista llegó con el teléfono caliente, la pantalla llena de capturas de pantalla de grupos de Telegram donde se hablaba de una supuesta “competencia feroz” entre el Gobernador y el Alcalde. «Anacleto, ¿ya vio? Dicen que si uno asfalta una avenida, el otro sale al día siguiente a asfaltar la de al lado. Que si Caldera pone luces LED, Di Martino las pone más blancas. ¿Esto es una guerra o una gestión?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las guerras de redes sociales, como el humo, se disipan con el primer viento de realidad. Exhaló hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del ventilador. «Camarita, lo que usted tiene ahí no es una guerra. Es una bendición disfrazada de rivalidad.» Señaló la lista con la colilla humeante. «Mire esta columna: Caldera ha recuperado la Circunvalación 2, ha metido maquinaria en Machiques para que la leche salga, ha rehabilitado hospitales en Maracaibo y ha puesto a rodar ambulancias donde solo había chatarra. Por otro lado, Di Martino, ha iluminado barrios enteros que llevaban años a oscuras, ha destapado cañadas, ha puesto orden en la recolección de basura y ha rescatado los cementerios de las mafias. ¿Sabe qué significa esto, camarita? Que por primera vez en años, el maracaibero tiene a dos personajes compitiendo por quién le resuelve más rápido los problemas.»
El coronel retirado, que había estado siguiendo la lista con la mirada de quien ha visto muchos partes de guerra, intervino: «Pero Anacleto, hay quienes dicen que esa competencia puede terminar mal. Que los celos entre los equipos de asesores pueden frenar las obras.»
Anacleto dejó la taza a medio camino, como si el gesto mismo fuera una declaración.
«Camaritas… ahí hay más ruido que nueces. Y el ruido, como ustedes saben, es el instrumento favorito de los que no tienen obra que mostrar. Y… Coronel, los celos son el pan de cada día en política. Pero mientras los celos se queden en los pasillos y no en las calles, que se peleen, que compitan, que se esfuercen por superarse. Gallegos escribió que 'la barbarie no está en el llano, está en el corazón del hombre'. Pero aquí la barbarie estaría en frenar una obra por orgullo. Y de eso, ni Caldera ni Di Martino han dado señales.» Anacleto sonrió con esa ironía suya, fina como navaja de barbero antiguo. «¿Competencia?… No me haga reír. Aquí lo que hay es una ciudad que estuvo al borde del colapso y ahora tiene a dos administradores trabajando, cada uno en su carril. El problema no es la competencia, es la narrativa interesada de los que necesitan que todo fracase para tener razón.»
Uno de los presentes, desconocido para el grupo, con voz cargada de escepticismo, intervino: «Pero Anacleto, en las redes dicen que se están pisando las mangueras… que si uno asfalta aquí, el otro corre a asfaltar allá…»
Anacleto se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. «Mire, camarita… hay una diferencia entre competencia destructiva y emulación productiva. La primera paraliza; la segunda acelera. Y en Maracaibo, por primera vez en mucho tiempo, estamos viendo más de lo segundo que de lo primero.» Soltó una risa breve y continuó: «Claro… y si uno recoge la basura en una parroquia, ¿el otro debería dejarla pudrirse en la siguiente para no parecer competitivo? No, camarita. Eso que usted describe no es sabotaje, es presión positiva. El problema es que hay asesores que confunden estrategia con celos… y ahí es donde se empieza a torcer el rumbo.» Se ajustó los lentes de carey. «Porque una cosa es gobernar, y otra muy distinta es medir cada acción en función del aplauso ajeno.»
La profesora, con esa precisión de archivo que la caracteriza, desplegó un informe de la Gobernación. «En lo que va de 2026, el gobierno de Luis Caldera ha ejecutado más de 2.000 obras menores directamente a través de los Consejos Comunales; ha rehabilitado carreteras en Perijá, dragado ríos en el Sur del Lago y reactivado rutas lacustres en la Guajira; ha puesto a rodar 37 ambulancias cuando recibió la gobernación con solo dos. Y… como broche de oro, esta semana, la Universidad del Zulia le otorgó la Orden Honor al Mérito por su gestión en la recuperación de la infraestructura universitaria. Eso, camaritas, no es postureo. Es currículum.»
El humo del cigarrillo de Anacleto dibujó una espiral lenta, cuando dijo: «Decía Rómulo Gallegos que “la llanura no perdona al que se detiene”. Maracaibo tampoco. Aquí el que no actúa, desaparece. Y el que actúa mal, lo sepulta el calor, el polvo… y la memoria.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Y Di Martino, ¿qué? Porque en las redes lo ponen como si fuera el mesías del asfalto.»
«Y algo de razón tienen, camarita.» Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la verdad no tiene dueño. «Di Martino ha desplegado el operativo 'Maracaibo Brilla' en las parroquias más oscuras: Venancio Pulgar, Idelfonso Vásquez, Antonio Borjas Romero; ha reactivado las cuadrillas de gas doméstico en Francisco Eugenio Bustamante y Raúl Leoni, donde la gente cocinaba con leña; ha metido maquinaria pesada para recuperar la Avenida La Limpia y el Corredor Vial Sabaneta; y hace apenas unos días, desarticuló la banda de 'Los Sepultureros', que robaba lápidas de bronce en el Cementerio San José. Eso, camarita, no es marketing. Es gestión.»
Carmen, que había estado escuchando desde la barra, dejó el trapo de secar vasos y se apoyó en el mostrador. «Entonces, ¿qué importa quién hizo qué? Lo que importa es que la ciudad está mejor que hace un año.»
«El gobernador» explicó Anacleto con calma «está jugando en el tablero grande: alianzas, infraestructura, electricidad, hospitales. Eso no se resuelve con un tuit ni con una foto. Eso es cirugía mayor.» Golpeó suavemente la mesa con el dedo índice. «El alcalde, en cambio, está en la trinchera diaria: basura, gas, iluminación, vialidad. Es el contacto directo con la angustia cotidiana.» Alzó la mirada y preguntó «¿Dónde está el conflicto ahí?… En ninguna parte, si cada quien entiende su rol. Y ahí, Carmen, ahí está el punto que los sembradores de cizaña no quieren que entienda la gente.»
El pichón de periodista murmuró: «Pero dicen que hay gente del entorno del gobernador que no lo ve así…»
Anacleto asintió lentamente. «Ah… ahí sí entramos en terreno pantanoso, camarita.» Se recostó en la silla. «Siempre aparecen los susurradores de pasillo… esos que creen que gobernar es competir por titulares. Si el alcalde asfalta, le dicen al gobernador que asfalte más; si el gobernador inaugura, le dicen al alcalde que anuncie el doble. Y así convierten la gestión en una carrera infantil.» Negó con la cabeza. «Eso es una torpeza política. Porque desgasta recursos, duplica esfuerzos… y, peor aún, siembra la idea de que hay una pelea donde debería haber coordinación.» apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Cuando dos autoridades trabajan en serio, aunque sea por ego, el que recibe la obra no pregunta si la puso el Gobernador o el Alcalde. Pregunta si la luz llegó, si el asfalto duró, si el agua corrió. Y la coherencia empieza cuando los que gobiernan entienden que no son rivales… sino piezas de un mismo engranaje.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados funerales políticos, sentenció: «Lo que está pasando en Maracaibo es inédito. Por un lado, un gobernador que viene del mundo técnico, que habla de megavatios y cables submarinos, que se codea con embajadores chinos y rectores de universidades. Por el otro, un alcalde que conoce cada callejón, que sabe dónde duele la basura y dónde falta la luz, que volvió de Italia con hambre de demostrar que todavía puede gobernar. ¿Competencia?... SÍ. ¿Guerra? NO. Y mientras sea competencia, que dure.»
La estudiante de sociología levantó la mano como en clase. «¿Y los cementerios? Usted dice que los rescataron. ¿Eso también es competencia?»
«También, mi niña. Y ahí la competencia fue más macabra, pero igual de efectiva.» Anacleto se inclinó hacia adelante. «Di Martino puso a la Polimaracaibo a patrullar de noche para frenar el robo de lápidas y a cuadrillas a limpiar y sanear; Caldera envió cuadrillas de la Gobernación para sacar toneladas de maleza y escombros. El resultado: los cementerios dejaron de ser nidos de delincuencia y focos de enfermedades. ¿Quién ganó? Los muertos, que ahora descansan en paz. Y los vivos, que pueden ir a visitarlos sin miedo a que les roben hasta los zapatos.»
El sindicalista, que había estado en silencio, habló con su voz grave de hombre de calle. «Y lo de la Universidad, Anacleto. La medalla que le dieron a Caldera. ¿Eso no es un espaldarazo político?»
«Es un espaldarazo, sí.» Anacleto dejó el café a medio terminar y se ajustó los lentes de carey, con esa mirada que solo tienen los que saben que en el Zulia, cada obra es una batalla contra el salitre, el olvido y la burocracia. «Pero también es un reconocimiento a la gestión. LUZ no es un botín político fácil, y sus autoridades han sido históricamente opositoras. Que le hayan dado la Orden Honor al Mérito a Caldera significa que el hombre ha cumplido. Punto. No hay que leerle más páginas a un libro que ya está escrito.»
Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar, como siempre, siguió hasta el ventanal, y de espaldas a la mesa, pero con la voz clara, observó: «Gabriel García Márquez escribió que 'la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla'. Cuando los jóvenes de mañana pregunten cómo resucitó Maracaibo, no les contemos solo las cifras. Contémosles también que hubo dos hombres que, aunque competían, hicieron que la ciudad volviera a brillar. Que uno puso asfalto en el norte y el otro puso luces en el sur. Que uno mandó ambulancias a la Costa Oriental y el otro sacó la basura del centro. Y que los dos, cada uno a su manera, le devolvieron al maracaibero lo que nunca debió perder: la certeza de que, cuando la política se pone a trabajar, hasta los muertos descansan mejor.» Dio un sorbo de café y continuó: «Honoré de Balzac escribió que 'la gloria de los administradores consiste en hacer mucho con poco'. Caldera y Di Martino están haciendo mucho con lo que tienen. Que sigan, que compitan, que se esfuercen… Porque mientras la competencia sea por quién asfalta más, quién ilumina mejor, quién entierra con más dignidad, el único perdedor será el que se quede quieto. Y en Maracaibo, camaritas, la quietud ya la probamos y… no nos gustó.»
El ventilador siguió girando. Sobre la mesa del rincón, la lista de obras quedó allí, con los nombres de Caldera y Di Martino escritos en tinta verde. Nadie la borró. No hacía falta.
Afuera, Maracaibo seguía su curso, con sus apagones, su calor y su terquedad infinita. Pero también con sus luces nuevas, su asfalto fresco y la certeza de que, por primera vez en años, la ciudad tenía a dos tipos compitiendo por hacerla más habitable.
Luis Caldera: el ingeniero que sacó al Zulia del sopor - La gestión de Luis Caldera en lo que va de 2026 ha sido una de “manos a la obra” en los 18 municipios del Zulia. Su enfoque ha sido territorial: desde la rehabilitación de la carretera Machiques-Colón para que la leche y el ganado salgan del Perijá, hasta el dragado de ríos en el Sur del Lago para evitar inundaciones en Colón y Catatumbo. En la Costa Oriental, ha priorizado el asfaltado y la iluminación de la Intercomunal, una vía clave para el transporte de personal petrolero. En Maracaibo, ha realizado el Plan Maestro de Asfaltado en la Circunvalación 1, y 3, acompañado de la recuperación del alumbrado público con tecnología LED. En salud, ha rehabilitado el Hospital Universitario de Maracaibo (SAHUM) y el Hospital Central, inaugurando salas de trauma-shock y nefrología. En transporte, ha reactivado el sistema Metromara y ha impulsado la puesta en marcha de más vagones del Metro. Y en educación superior, esta semana recibió la Orden Honor al Mérito de la Universidad del Zulia (LUZ) por su gestión en la recuperación de la infraestructura universitaria, que incluye la entrega de equipos de computación, servidores, 10 unidades de transporte universitario y la rehabilitación del Comedor Central de la Ciudad Universitaria. Caldera no solo ha gobernado: ha construido puentes entre el poder político y la academia, algo que parecía imposible hace apenas dos años.
Gian Carlo DiMartino: el alcalde que le devolvió la cara a Maracaibo - El regreso de Gian Carlo Di Martino a la Alcaldía de Maracaibo ha sido un parteaguas en la gestión local. Su operativo «Maracaibo Brilla» ha instalado miles de luminarias LED en parroquias que llevaban años a oscuras, como Venancio Pulgar, Idelfonso Vásquez y Antonio Borjas Romero. Ha reactivado las cuadrillas de Sagas para la corrección de fugas y gasificación de sectores enteros en Francisco Eugenio Bustamante y Raúl Leoni, donde la gente cocinaba con leña o bombonas carísimas. Ha desplegado el Plan de Asfaltado 2026 en el Corredor Vial Sabaneta, Circunvalación 2 y Avenida La Limpia, con demarcación y señalización; 30.000 toneladas de asfalto en cuatro meses. En la recolección de desechos, ha reorganizado las rutas en parroquias críticas como Chiquinquirá y Juana de Ávila, eliminando puntos críticos de basura que se habían convertido en vertederos a cielo abierto. En seguridad ciudadana, desplegó a Polimaracaibo y Protección Civil durante la Semana Santa, reinauguró áreas recreativas en la Vereda del Lago y, hace apenas unos días, desarticuló la banda de «Los Sepultureros», que operaba en el Cementerio San José robando lápidas de bronce y mármol para revenderlas en talleres clandestinos. Di Martino no solo ha gobernado: ha puesto orden en el caos.
La competencia que beneficia: dos gestiones, un mismo propósito - Lejos de las especulaciones de las redes sociales sobre una supuesta «guerra» entre el Gobernador Luis Caldera y el Alcalde Gian Carlo Di Martino, la evidencia muestra que ambos han trabajado dentro de sus competencias y con resultados tangibles. Mientras Caldera ha priorizado las grandes obras estructurales y la articulación con el poder nacional e internacional, Di Martino se ha enfocado en la gestión local, el contacto directo con el ciudadano y la recuperación de la cotidianidad. Ambos han competido por mostrar resultados, pero esa competencia no ha sido un obstáculo: ha sido un motor. El ciudadano de a pie no pregunta quién puso la luz o el asfalto; pregunta si la luz llegó y si el asfalto duró. Y en lo que va de 2026, la respuesta ha sido positiva en ambos frentes. Lo que los sembradores de cizaña llaman «competencia», Anacleto lo llama «eficiencia inducida». Y mientras esa eficiencia se traduzca en obras, luces, agua y dignidad para los muertos, que la competencia siga.
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