Cundo el asfalto tapa los gritos de la oposición
«El que no construye, critica, el que no sabe gobernar, insulta. Pero cuando la calle empieza a brillar, hasta los perros callejeros cambian de acera.» ANACLETO
Luis Semprún Jurado
El Bohemio estaba en calma, esa calma tensa que precede a las revelaciones. Anacleto me mostraba un plano de Maracaibo que había desplegado sobre la mesa, pero no era un plano cualquiera: tenía marcadas con tinta verde las arterias intervenidas, los puntos de luz recuperados, las plazas rescatadas del olvido, cuando el pichón de periodista, que llegaba con el teléfono caliente de notificaciones de "Zulia sin Censura", no pudo evitar la pulla: «Anacleto, Ponne anda diciendo que el reasfaltado de la C2 es puro maquillaje, que en San Jacinto siguen los huecos y que la ciudad sigue igual que antes.» Anacleto no levantó la vista del plano. Encendió un cigarrillo con lentitud, exhaló el humo y lo vio deshacerse contra la luz del ventanal. Cuando habló, su voz era la de un general que repasa un parte de guerra: «Dígame una cosa, camarita: ¿cuántas toneladas de asfalto vertió Ponne cuando presidía el Concejo? ¿Cuántas plazas recuperó? ¿Cuántos metros de cañadas limpió?» El silencio del pichón fue más elocuente que cualquier respuesta. «Eso pensé.» Anacleto señaló con la colilla el tramo de la Circunvalación 2 marcado en el plano. «Mire esto: 30.000 toneladas de asfalto en cuatro meses. San Jacinto, 13.700 toneladas, El Marite, El Muro, Curva de Molina, todos intervenidos. No son promesas, son números. Y los números, a diferencia de los videos de Ponne, no mienten.» La profesora, que hojeaba un informe del IMA, intervino con su voz de biblioteca: «El dato es aún más revelador si se analiza en contexto. La C2 no se tocaba a fondo desde la primera gestión de Di Martino, hace más de dos décadas. Los gobiernos intermedios, los que Ponne defendía desde su curul, la dejaron convertida en un campo de batalla: huecos, falta de iluminación, maleza, inseguridad. Hoy, la intervención incluye no solo asfalto nuevo, sino iluminación LED y pintura de brocales. Es una restitución integral.» «Y eso, mi estimada profesora, es lo que les duele.» Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, el ritual del pensamiento. «Ponne no critica que la C2 esté mala; critica que la estén arreglando. Porque cada metro de asfalto nuevo es un metro de prueba de que su gestión fue un páramo de desidia. Si Di Martino logra que Maracaibo vuelva a brillar, ¿quién va a recordar los discursos de Ponne sobre la Zulianidad de maletín?» El boticario, desde la barra, soltó un gruñido de satisfacción: «Y no es solo la C2. Pasé por la plaza La Cruz, en Santa María, y está irreconocible. Iluminada, limpia, con gente sentada en los bancos. Eso estuvo cuatro años abandonado, con aguas servidas desbordadas y maleza hasta el pecho.» Anacleto asintió, con una media sonrisa: «La plaza La Cruz es el epitafio perfecto de la gestión anterior. La encontraron vandalizada, destruida, con los colectores caídos. Los cuatro niveles de gobierno, nacional, estadal, municipal y poder popular, unidos, la recuperaron y la entregaron a la comunidad. Eso no es maquillaje, es cirugía reconstructiva.» El viejo periodista, que había estado en silencio, soltó una carcajada seca: «Y mientras tanto, ¿qué hace Ponne? Saca un video de una bolsa de basura en una esquina y lo presenta como prueba del fracaso. Es la táctica del avestruz digital: esconder la cabeza en el escombro para no ver la ciudad que resucita.» Anacleto se levantó y caminó hacia el ventanal. Desde allí se veía, a lo lejos, el perfil de la ciudad. «El problema de Ponne es más grave que la basura o el asfalto, camaritas. Es un problema de actas. Porque mientras Di Martino muestra facturas de asfalto, informes de intervención, plazas reinauguradas, Ponne solo muestra videos granulados desde un teléfono. Y en política, como en los tribunales, la evidencia documental pesa más que el testimonio del acusador.» Se volvió hacia la mesa, y su rostro, iluminado por la luz de la media mañana, tenía la serenidad del que ha visto demasiadas tormentas como para asustarse con un chubasco. «Hablemos de lo que Ponne no muestra en sus videos. No muestra los 750 metros lineales de la cañada Caribe que el IMA está limpiando en Ciudadela Faría, después de años de abandono; no muestra los murales que están embelleciendo las fachadas de los edificios; no muestra que la Dirección de Residencias y Urbanismo (DARU) está trabajando con las comunidades para garantizar que los administradores cumplan con sus obligaciones tributarias; no muestra que más de 700 empresas de publicidad que nunca declararon impuestos, durante la gestión que él defendía, están siendo regularizadas para que paguen lo que deben a la ciudad.» El pichón de periodista, con los ojos abiertos como platos, murmuró: «¿700 empresas? ¿Eso es cierto?» «Cifras oficiales del CPU, camarita.» Respondió Anacleto con ironía. «Miguel Silva, su presidente, declaró hace apenas unos días que durante años esas empresas operaron en la informalidad, sin pagar un centavo al municipio, mientras Ponne y los suyos miraban para otro lado. Hoy, la Alcaldía las está poniendo a derecho. Eso no es persecución, es justicia fiscal. Y el que debe, que pague.» El sindicalista, que había permanecido en silencio, habló con su voz grave de hombre de calle: «Y mientras regularizan las vallas, también recuperan el boulevard 5 de Julio, que estaba hecho un desastre. ¿Eso también lo critica Ponne?» Anacleto soltó una risa breve, sin alegría: «Critica todo lo que no puede controlar. El boulevard 5 de Julio, la Zona 11, la Avenida El Milagro... todo está siendo intervenido. Pero hay un detalle que Ponne omite: la Zona 11, esa obra mal concebida que eliminó estacionamientos, afectó la red de gas y obstaculiza la recolección de basura, fue aprobada durante la gestión que él defendía. Hoy, la Alcaldía tiene que corregir los errores urbanísticos que ellos cometieron. Es como si el que rompe la casa se quejara de que el albañil hace mucho ruido al arreglarla.» Hizo una pausa larga, el tiempo justo para que el peso de las palabras se asentara. Luego, con una voz más baja, casi un susurro, continuó: «Pero hay un frente de conflicto que Ponne no ha podido explicar, por más que intenta desviar la atención. Me refiero al saqueo de las sedes municipales. Cuando Di Martino asumió la Alcaldía en agosto de 2025, se encontró con algo más que basura en las calles: se encontró con las oficinas vacías. Mobiliario, computadoras, acondicionadores de aire... todo había desaparecido. Un desvalijamiento institucional cometido en las semanas previas al traspaso de mando.» La profesora, que había estado tomando notas, levantó la vista: «Eso, si puede probarse, constituye un delito grave. Malversación de fondos públicos, hurto agravado...» «Y ahí está la pregunta que Ponne no quiere que nadie haga, profesora.» Anacleto se inclinó sobre la mesa, los codos apoyados, los dedos entrelazados. «¿Dónde estaba el Concejo Municipal mientras ocurría ese desvalijamiento? ¿Dónde estaba la comisión de contraloría, que él presidía? ¿Dónde estaban las actas, las inspecciones, los informes que debían impedir que se llevaran hasta los bombillos de las oficinas? El silencio de Ponne sobre este punto es más revelador que todos sus videos juntos.» El coronel retirado, con esa intuición militar que dan los años de servicio, apuntó: «Lo que Ponne teme no es que le pregunten por la basura de hoy, sino que le pidan cuentas por lo que dejaron pasar, camaritas.» Se secó el sudor de la frente y prosiguió: «El saqueo de las sedes municipales no ocurrió en un día; fue un proceso que requirió tiempo, logística y, sobre todo, complicidad. Si el Concejo no lo vio, fue porque no quiso verlo. Y si no quiso verlo, es porque había algo más que mirar.» Anacleto encendió otro cigarrillo. El humo dibujó un aro perfecto que el ventilador degolló sin clemencia. «Balzac escribió que 'detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen'. Detrás de cada gran desvalijamiento institucional, hay una gran omisión legislativa. Ponne puede seguir grabando videos, puede seguir denunciando 'profanaciones' y 'vertederos improvisados', pero no puede borrar el hecho de que, mientras él presidía el Concejo, las oficinas de la Alcaldía se vaciaban como si fueran la mudanza de un inquilino moroso.» Se levantó, caminó hacia la barra, y se detuvo para que Carmen le sirviera más café. «Al final, camaritas, la pelea no es por la basura ni por el asfalto. La pelea es por la memoria. Ponne necesita que Maracaibo olvide su pasado para poder inventar un presente que nunca existió. Pero el asfalto nuevo tiene una virtud: tapa los huecos, pero también tapa los gritos de quienes se quedaron sin argumentos. Y cuando la C2 brille de noche, iluminada con LED, y la gente pueda transitar sin miedo a romper un tren delantero, nadie va a recordar los videos granulados de un concejal desesperado. Recordarán, eso sí, quién dejó la ciudad hecha un muladar y quién la está levantando.» Me hizo una seña que comprendí al instante. Caminamos juntos hacia la puerta y salimos. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. En la mesa del rincón, el plano de Maracaibo seguía allí, con sus marcas verdes, sus 30.000 toneladas de asfalto, sus 750 metros de cañada limpia, sus 700 empresas regularizadas. No era un mapa: era un parte de guerra. Y la guerra, aunque Ponne no lo admita, la está perdiendo en cada esquina donde el asfalto nuevo brilla bajo el sol.
La geometría del asfalto: cómo 30.000 toneladas enterraron el relato opositor
La Circunvalación 2, el anillo vial más importante de Maracaibo, se convirtió durante la gestión anterior en un símbolo del abandono municipal. Los conductores sorteaban huecos del tamaño de cráteres, la falta de iluminación generaba inseguridad, y la maleza invadía los hombrillos. En los primeros seis meses de la nueva administración, la realidad cambió de manera radical. Más de 30.000 toneladas de asfalto han sido vertidas en las principales arterias, con énfasis en la C2 y sus adyacencias. Sectores como San Jacinto, 13.700 toneladas, El Marite, El Muro y Curva de Molina han recuperado su transitabilidad. La inversión no es solo en asfalto: incluye iluminación LED y pintura de brocales, devolviendo a la vía la imagen que tuvo en sus años dorados. Paralelamente, la recuperación de espacios públicos como la plaza La Cruz, en la parroquia Chiquinquirá, demuestra que el plan de ornato no es un maquillaje, sino una política sistemática. La plaza, abandonada durante cuatro años con aguas servidas desbordadas y estructuras vandalizadas, fue reinaugurada con una intervención integral que incluyó saneamiento, iluminación y trabajo comunitario.
El saqueo institucional: la herida que la oposición no quiere mostrar
Uno de los hallazgos más graves de la nueva administración fue el estado de las sedes municipales. Al asumir el cargo en agosto de 2025, el equipo de Di Martino reportó la desaparición sistemática de bienes públicos: aires acondicionados, computadoras, mobiliario de oficina e incluso enseres básicos habían sido retirados de las dependencias en las semanas previas al traspaso de mando. Este desvalijamiento, que las investigaciones en curso tratan de cuantificar, apunta a una responsabilidad que trasciende a los operadores directos. La pregunta que el Concejo Municipal, presidido entonces por Daniel Ponne, no ha podido responder es simple: ¿dónde estaba la contraloría legislativa mientras se vaciaban las oficinas? Las comisiones de servicio público, que debían supervisar el uso de los bienes municipales, no emitieron informes, no realizaron inspecciones, no dejaron constancia de ninguna irregularidad. Este silencio, que hoy resulta ensordecedor, sugiere una complicidad por omisión que los videos de denuncia no pueden ocultar.
La regularización fiscal y el rescate del espacio público
En paralelo a las obras visibles, la gestión de Di Martino ha emprendido una tarea silenciosa pero igualmente significativa: la regularización de más de 700 empresas de publicidad que operaban en la informalidad sin pagar impuestos al municipio. Estas empresas, que durante años utilizaron el espacio público como un bien gratuito, están siendo puestas a derecho mediante inspecciones y un régimen de incentivos fiscales. La recuperación del boulevard 5 de Julio y la revisión del proyecto de la Zona 11, una obra aprobada en la gestión anterior que eliminó estacionamientos, afectó la red de gas y obstaculizó la recolección de basura, forman parte del mismo esfuerzo por devolver orden y legalidad a la ciudad. Mientras la oposición se concentra en denunciar escombros puntuales, la Alcaldía avanza en la corrección de vicios estructurales heredados. La ciudad no solo se limpia: se ordena fiscalmente, se reorganiza urbanísticamente y se prepara para recuperar el brillo perdido durante años de desidia institucional.
Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestras redes sociales, síguenos en Instagram, Twitter y Facebook como @DiarioElPepazo
El Pepazo




