El legado imperecedero de María Teresa Finol de Urdaneta
Fue María Teresa una dama que trascendió las metas de la vida, trascendió lo efímero del ser para dedicarse de lleno a la tarea más noble, el amor a su familia y el cuidado del prójimo, especialmente los más vulnerables. Doña María Teresa poseía ese don especial que la distinguía. Una cualidad innata que solo pocas almas logran cultivar.
Ángel Montiel
La sociedad zuliana ha sido históricamente bendecida con un espíritu indomable, pero pocas figuras brillan con la intensidad y el compromiso desinteresado de Doña María Teresa Finol Galué de Urdaneta Besson. Ella no fue solo una dama de sociedad, fue una gigante moral, cuyo accionar social y profunda espiritualidad se unieron para dejar una huella imborrable en el corazón de todos los zulianos.
En un mundo desamorado a menudo turbulento, cruel y centrado en el individualismo egoísta, la figura de María Teresa Finol de Urdaneta se alza como una gran antorcha, una estrella luminosa, recordándonos siempre el verdadero significado del servicio desinteresado, teniendo su norte de vida en la humildad y un amor incondicional a su esposo mi entrañable amigo y compañero en los mismos ideales Gilberto Urdaneta Besson y su familia.
Fue María Teresa una dama que trascendió las metas de la vida, trascendió lo efímero del ser para dedicarse de lleno a la tarea más noble, el amor a su familia y el cuidado del prójimo, especialmente los más vulnerables.
Doña María Teresa poseía ese don especial que la distinguía. Una cualidad innata que solo pocas almas logran cultivar.
No era simplemente desprendimiento fue mucho más que eso, ella transitó la vocación del trabajo incansable, una energía inagotable, puesta al servicio de los demás. En la práctica de su existencia demostró que la fe sin obras es estéril.
Ella no solo sentía compasión por los pobres, dedicó su tiempo, recursos y mucho corazón para mitigar el dolor de la miseria y ofrecerles una oportunidad.
Su amor se centró de manera particular en los “niños de la calle”. Para ellos, Doña María Teresa no era solo una benefactora, sino una madre sustituta, un refugio seguro. En una sociedad que a menudo se prefiere mirar para otro lado y no ver la necesidad y el sufrimiento, ella veía en cada niño abandonado una dignidad y un
potencial esperando ser despertado.
Este enfoque práctico y afectuoso transformó vidas, ofreciendo educación, sustento, y lo más importante, esperanza cristiana.
El homenaje más sincero a María Teresa Finol de Urdaneta es reconocer que su vida fue un acto valiente de fe incondicional, una entrega generosa.
Ella vivió la promesa cristiana. Tras haber partido el 28 de julio de este año 2025 en Estados Unidos su existencia no terminó allí, sino que se transformó en una esperanza viva para todos los que creemos en el poder redentor del amor.
Es un honor haber podido conocerla y escribir este homenaje sincero, personal y
el de mí familia a una mujer tan excepcional y querida.
¡María Teresa vivirás por siempre!
@angelmontielp
angelmontielp@gmail.com
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