El olor que delata: La basura, el guiso y el ocaso de un "Caudillo Municipal"
«En política municipal, el único olor que perdura no es el de la basura, sino el de la hipocresía. Y ese aroma, camaritas, tiene nombre de empresa y apellido de factura impaga.» ANACLETO
Luis Semprún Jurado
El ventilador de El Bohemio cortaba el aire caliente con la pesadez de una sentencia. Sobre la mesa del rincón, no había mapas del Caribe, sino facturas. Fotocopias desvaídas de recibos de “empresas de recolección de desechos”, listados de camiones “estaca” con placas borrosas. Anacleto las esparcía como un tahúr que muestra el naipe ganador final. El olor a café rancio se mezclaba con el polvo de los expedientes. El pichón de periodista, con la pantalla del celular iluminándole la cara de asombro, no pudo contenerse. «Anacleto, es una maraña. Ponne grita por una bolsa en la calle, pero estos papeles…» «Estos papeles, camarita, son la partida de defunción de una mentira.» Anacleto encendió un cigarrillo, la llama titiló frente a sus lentes de carey. «Daniel Ponne no está defendiendo la limpieza de Maracaibo. Está defendiendo el modelo de negocio que hizo de la basura una mercancía, y de la desidia municipal, una mina de oro. Lo que él llama ‘libre empresa’ era, en realidad, un consorcio del desastre. Los dueños de las empresas, los dueños de camiones estaca… todos socios en el negocio de cobrar en dólares y recoger en pesadillas.» La profesora, con un volumen de Adam Smith irónicamente abierto en el capítulo sobre los monopolios, alzó una ceja. «Curioso. Los paladines de la privatización suelen elogiar la eficiencia. Aquí, la auditoría muestra lo contrario: tarifas exorbitantes, flota inservible, y una ciudad convertida en un pasivo ambiental de 330,000 toneladas que hubo que remover. No es capitalismo. Es capitalismo de compadrazgo.» «Exacto, profesora.» Anacleto golpeó suavemente una factura con el índice. «Sun Tzu decía que ‘la suprema excelencia consiste en someter al enemigo sin luchar’. La excelencia de Ponne y los suyos fue someter a Maracaibo sin recoger. Crearon el problema, lo monetizaron, y cuando llegó alguien con escobas y compactadores de verdad, salieron a gritar ‘¡profanación!’. Es el cinismo elevado a arte performático. Su campaña en ‘Notipín’ no es periodismo; es la coreografía del culpable que señala al bombero por ensuciarse las botas.» El boticario, desde la puerta, escupió su veredicto con la crudeza de quien vive en la parroquia: «¡Y la gente se lo cree! Ve el video de la bolsa y piensa que todo sigue igual.» «Por un instante, tal vez, camarita.» asintió Anacleto, exhalando una espiral de humo perfecta. «Pero la memoria de la calle es más larga que un tuit. El maracucho no olvida el hedor de los años Ponne-Ramírez, cuando la Circunvalación 2 era un basurero tectónico y los compactadores eran una leyenda urbana. Hoy, aunque la basura no desaparezca mágicamente, ve los camiones nuevos, ve el asfalto que resurge de bajo la mugre. Y en el contraste, nace la pregunta que a Ponne le quema: ‘¿Y usted dónde estaba cuando esto era un muladar?’ Esa pregunta es el veneno que está matando su relato.» El viejo periodista, con una sonrisa de sabueso que huele la sangre, intervino: «Lo genial es la contradicción. Acusa a Di Martino de ‘improvisar vertederos’, cuando lo que Di Martino hizo fue inventariar y mover la montaña de desechos que ellos dejaron estancada como monumento a su incapacidad. Los ‘vertederos improvisados’ de hoy son las estaciones de transferencia logística para sanear los vertederos permanentes de ayer. Es como quejarse de que el médico ensucie de sangre el quirófano mientras te opera de un tumor que otro doctor te dejó crecer.» «Una metáfora quirúrgica precisa.» Anacleto ajustó su pañuelo a cuadros. «Y el tumor tenía nombre: SEDEMAT. Esa ‘caja negra’ donde se cocinaban las exoneraciones a amigos, el financiamiento de campañas con fondos del aseo… Ponne no teme a la basura; teme a la ‘auditoría que sigue el rastro del dinero’. Cada vez que ataca al IMAU, en realidad está gritando para que no abran el cajón donde guarda los recibos sin soporte. Es la política del espejo sucio: te acuso de lo que yo hice, para que en la confusión, mi lodo pase por el tuyo.» La estudiante de sociología, hojeando los informes de recolección, preguntó con escepticismo: «Pero si el modelo anterior era tan malo, ¿por qué la gente no lo veía?» «Porque, camarita», respondió Anacleto, con un tono casi pedagógico, «el poder no siempre se ejerce a palos. A veces se ejerce a basura acumulada. Normalizas el colapso hasta que la disfuncionalidad se vuelve paisaje. Y entonces, quien intente cambiar el paisaje, será el ‘invasor’, el ‘improvisador’, el que comete un "crimen patrimonial". Maquiavelo lo sabía: ‘Los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida del patrimonio’. Ponne apostó a que Maracaibo olvidaría el patrimonio de limpieza que perdió. Y perdió la apuesta.» Se levantó, caminó hacia el ventanal. Afuera, la plaza brillaba bajo el sol, recién baldeada. «Ahora, mientras Ponne se ahoga en su propio telegrama, la ciudad se prepara para el Carnaval. Playas aptas, calles iluminadas, comparsas. Di Martino no está ganando con discursos; está ganando con hechos que se caminan y se bailan. Y en esa batalla, un video de una bolsa de basura es un susurro patético frente al rugido de una ciudad que, por fin, vuelve a respirar sin taparse la nariz.» Tomó su taza y fue a la barra. Carmen le sirvió en silencio, un ritual que sellaba la tertulia. Anacleto se sentó en un taburete, de espaldas. Los papeles de las empresas recolectoras de desechos seguían sobre la mesa, silenciosos y elocuentes. No eran solo facturas. Eran la prueba fétida de que la pelea nunca ha sido por la basura, sino por el derecho a seguir facturando sobre la podredumbre. Y esa pelea, en el tribunal sin apelación de la calle maracucha, ya tenía un veredicto.
La anatomía de un guiso: del “capitalismo de compadrazgo” al colapso ambiental -
El modelo de aseo urbano defendido por Daniel Ponne entre 2021-2025 no respondía a criterios de eficiencia, sino a una ingeniería financiera perversa. Había empresas “y que” recolectoras de desechos que operaban como ‘empresas fantasmas’ con flota insuficiente, subcontratando a dueños de camiones “estaca” que incumplían normas sanitarias. Esta cadena de intermediación, avalada por ordenanzas del Concejo Municipal, permitía cobrar tarifas dolarizadas a comercios mientras el servicio real era una quimera. La auditoría de 2025 reveló el mecanismo: SEDEMAT, ente recaudador, funcionaba como caja negra para exonerar aliados y financiar política local. El resultado no fue solo basura acumulada (330,000 toneladas heredadas), sino la conversión de un servicio público en un esquema de extracción de renta. La defensa actual de Ponne de la “libre empresa” es, en rigor, la defensa del derecho a ese guiso ya extinto.
De vertedero permanente a estación de transferencia: la campaña de ‘selección interesada’ olfativa - La estrategia comunicacional de Ponne y medios afines se basa en una ‘táctica de espejo roto’: tomar un fragmento de la realidad actual (un acopio temporal de escombros) para presentarlo como la totalidad, omitiendo el contexto histórico de abandono. Lo que denuncian como “vertederos improvisados” son, en realidad, estaciones de transferencia logística para mover la montaña de desechos que su gestión dejó estancada. Esta operación de ‘espejo roto’ olfativo busca generar indignación emocional (“profanan la ciudad”) para desviar la atención del hecho central: por primera vez en años, existe un “plan integral con flota propia” y “ruta de disposición final”. La crítica no es a la basura, sino a que se esté removiendo la evidencia física de su fracaso. Atacan la solución para blanquear el problema que crearon.
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