El mártir que se ahogó en su propia ficción
«La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.» GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Luis Semprún Jurado
El Bohemio tenía ese silencio de media mañana que solo interrumpe el golpe de una taza contra el platillo. Sobre la mesa del rincón, Anacleto había desplegado una colección de recortes que olían a papel viejo y a rencor acumulado: 2017, 2019, 2024, 2026. Fechas que eran más que números: eran las estaciones del vía crucis de un hombre que creyó que la dignidad era un traje que podía lucirse sin ensuciarse en el barro de la realidad. El pichón de periodista, siempre con el teléfono en la mano, fue el primero en romper el hechizo. «Anacleto, liberaron a Juan Pablo Guanipa. La oposición habla de mártir, de multitudes esperándolo, de un gobierno que le teme. ¿Qué hay de cierto?» Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las verdaderas noticias, como el buen café, necesitan reposar antes de servirse. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas del ventilador. «Camarita, cuando un gobierno suelta a un preso con una mano y le muestra el expediente con la otra, no es miedo lo que siente. Es la certeza de que el tipo ya no tiene con qué hacer daño.» Señaló los recortes con la colilla humeante. «Mire esto: 2017, ganó la Gobernación y la perdió por no juramentarse ante una ANC que hoy ni existe; 2019, pasó a la “clandestinidad” mientras su hermano empezaba a mover los hilos de la Alcaldía; 2024, cayó preso no por sus ideas, sino porque Pedro, su propia sangre, confesó que estaban usando la basura de Maracaibo para pagarle los mítines a 'La Sayona'. Eso no es un mártir, camarita. Eso es un administrador fallido de fondos ajenos que terminó devorado por su propia torpeza.» El boticario, desde la barra, gruñó con la rabia del que ha visto demasiado. «¿Y la 'multitud' que lo esperaba? Porque en los grupos de Telegram decían que era una marea humana.» Anacleto soltó una carcajada seca. «La única marea que esperaba a Guanipa era la del silencio, camarita; el mismo silencio que el de las calles de Maracaibo que todavía esperan el dinero del aseo que Pedro, su hermano, admitió haber desviado. Gabriel García Márquez dejó constancia de que 'la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos'. Eso es lo que hace la oposición con Guanipa: intentan vender la épica de un recibimiento multitudinario para que olvidemos que su libertad actual es fruto de una confesión familiar y un acuerdo político, no de una victoria popular.» La profesora, que hojeaba una cronología judicial, levantó la vista con su precisión de archivo. «El expediente es claro. Pedro Guanipa, su hermano y Director de Despacho de la Alcaldía de Rafael Ramírez, fue capturado en la frontera y confesó: los fondos municipales destinados a la recolección de basura y mantenimiento urbano terminaban en manos de Vente Venezuela. Más de 6.000 dólares semanales solo para propaganda y movilización, mientras Maracaibo se hundía en el abandono. Eso no es persecución política; es corrupción probada con nombre y apellido.» «Y ahí está el detalle que Ponne y su equipo nunca mencionan en sus videos», continuó Anacleto. «Juan Pablo no cayó porque el gobierno lo cazara; cayó porque el hermano, con la cámara del fiscal enfrente, trazó la ruta de los billetes que salían de las arcas municipales. Fue esa sangre de su sangre la que lo entregó. Y eso, camaritas, es una tragedia que ni Sófocles habría escrito sin sonrojarse.» El viejo periodista, con esa intuición de sabueso que dan los años, apuntó: «Y ahora, después de la amnistía de 2026, el tipo sale con un lenguaje más recatado que monja de clausura. Ya no habla de 'hasta el final', ni de 'resistencia', ni de 'derrocar tiranos'. Habla con la boca chiquita, mide las comas, evita los titulares. ¿A qué se debe ese cambio, Anacleto?» «A que entendió, camarita, que la amnistía no es un derecho, es un beneficio que otorga el Estado cuando lo considera pertinente, bajo condiciones muy específicas.» Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro. «Julio Cortázar decía que 'las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma'. Pero en el caso de Guanipa, lo que desborda no es el alma, es el expediente. Sabe que al primer grito destemplado, al primer llamado a la quema de calles, la libertad se le convierte de nuevo en sentencia. Su recato no es evolución ideológica; es cláusula de supervivencia.» El pichón de periodista, con los ojos abiertos como platos, preguntó: «Pero entonces, ¿el gobierno le tiene miedo? ¿O no?» «Rómulo Gallegos, en Doña Bárbara, escribió que 'el miedo es un animal que se cría solo'», respondió Anacleto con una sonrisa torcida. «El gobierno no le tiene miedo a Guanipa. Si le tuviera miedo, lo habrían dejado pudrirse en El Helicoide. Lo soltaron porque saben que su capital político se evaporó cuando se supo que el dinero del aseo de Maracaibo financiaba las caravanas de 'La Sayona'. Ahora es un actor de reparto en un Zulia que ya no le cree, y su libertad es un préstamo con intereses muy altos, y el primero de ellos es la irrelevancia.» El sindicalista, que había permanecido en silencio, habló con su voz grave de hombre de calle: «O sea, que el 'mártir' resultó ser un administrador de fondos que se quedó con el vuelto.» La carcajada de Anacleto retumbó en todo el café. «Exacto, camarita. Y no solo eso: su propio hermano lo puso en bandeja de plata. ¿Sabe lo que duele más que una condena política? Que la sangre de tu sangre te señale con el dedo índice bien firme y diga: 'Sí, señor fiscal, por aquí se desviaba la plata'. Eso no lo borra ninguna amnistía, ningún comunicado de prensa, ninguna foto con la familia en la puerta de la cárcel.» Se levantó y caminó hacia el ventanal. Desde allí, la ciudad se veía tranquila, ajena al ruido de los teclados envenenados. «Lo que tenemos aquí, camaritas, es la exhumación perfecta de un cadáver político. Guanipa quiso jugar al héroe de la resistencia, al que se niega a juramentarse por 'dignidad'. Pero la dignidad, cuando se financia con la basura que la gente no puede botar, deja de ser dignidad para convertirse en estafa con pretensiones. Y cuando la estafa sale a la luz, el héroe se queda sin pueblo, sin discurso y sin futuro.» Se volvió hacia la mesa, y su rostro, iluminado por la luz de la media mañana, tenía la serenidad del que ha visto demasiados naufragios como para conmoverse con uno más. «El gobierno no le teme, camarita. El gobierno lo exhibe como el ejemplo de lo que pasa cuando la ambición de poder se paga con el bolsillo del vecino. Y mientras Juan Pablo intenta redimirse en el discurso, el ciudadano de a pie recuerda que su libertad actual es fruto de un acuerdo político, pero su caída fue provocada por la confesión de su propia sangre, admitiendo que el patrimonio público fue el botín de una aventura insurreccional fallida.» Tomó su sombrero de paja desflecado, me hizo la seña acordada y caminó hacia la puerta. Allí nos encontramos…Se detuvo en el umbral de la puerta, se volteó y dijo: «La política del perdón es el último acto de una obra donde el protagonista se quedó sin aplausos y sin libreto. Guanipa salió de la celda, pero entró en la jaula de su propia irrelevancia. Y el Zulia, camarita, el Zulia ya aprendió que entre el martirio de mentira y la gestión de verdad, hay un abismo que ninguna amnistía puede tapar.»
Salimos. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Sobre la mesa del rincón, los recortes de prensa quedaron esparcidos como las piezas de un rompecabezas que nadie quiere armar, con algunos curiosos ojeándolos. Afuera, la ciudad seguía su curso. Y en el expediente judicial, la confesión de Pedro Guanipa seguía allí, imborrable, recordándole a Juan Pablo que la lealtad familiar tiene un límite: la evidencia.
El expediente judicial: cuando la sangre confiesa lo que el discurso niega - La detención de Juan Pablo Guanipa en 2024 no fue un acto de persecución política, sino la culminación de una investigación que partió de la captura de su propio hermano, Pedro Guanipa, en la frontera. Bajo custodia, Pedro confesó ante el Ministerio Público el entramado de financiamiento ilegal: fondos municipales de la Alcaldía de Maracaibo, destinados a la recolección de basura y mantenimiento urbano, eran sistemáticamente desviados hacia las estructuras de Vente Venezuela. Más de 6.000 dólares semanales financiaban la logística, propaganda y movilización de "La Sayona" mientras la ciudad se hundía en el abandono. Esta confesión, grabada y presentada como prueba, desmontó cualquier narrativa de "persecución ideológica", demostrando que la caída de Juan Pablo fue consecuencia de una corrupción administrativa probada que vinculaba su liderazgo político con el desfalco a los contribuyentes maracaiberos. Juan Pablo entonces nunca fue un “preso político” sino un “político preso”.
La amnistía bajo condiciones: el recato como cláusula de supervivencia - En 'El Príncipe', Maquiavelo advirtió que 'es mucho más seguro ser temido que amado, si se ha de carecer de una de las dos cosas'. Pero en el caso de Guanipa, el Estado logró algo más sofisticado: lo hizo temer las consecuencias de no ser obediente. La libertad de Juan Pablo Guanipa en febrero de 2026, luego de ser de nuevo detenido por violar las condiciones acordadas y haber recibido el beneficio de “casa por cárcel” y liberado al aprobarse en segunda discusión le Ley de Amnistía, en el marco de los Acuerdos de Pacificación Nacional, no es un INDULTO INCONDICIONAL, sino un beneficio procesal con restricciones explícitas. El cambio radical en su retórica, de la arenga incendiaria al lenguaje medido y prudente, no es una evolución ideológica, sino el cumplimiento tácito de las condiciones impuestas: cese de actividades desestabilizadoras y comparecencia periódica ante autoridades. Esta amnistía no borra la inhabilitación política de 15 años que pesa sobre él, condenándolo a la irrelevancia electoral. El Estado no liberó a un enemigo peligroso; soltó a un actor neutralizado cuyo capital político fue dilapidado en el manejo irregular de recursos municipales, asegurando su control y mediante la pérdida definitiva de credibilidad popular.
El vacío social: la multitud invisible y el fin de una dinastía política - La narrativa del "recibimiento multitudinario" a la salida de prisión ha sido desmentida por registros visuales y reportes de inteligencia social, evidenciando que el liderazgo de los Guanipa se ha reducido a un círculo burocrático de Primero Justicia. El divorcio entre el dirigente y la base zuliana se profundizó cuando se hizo público que el dinero destinado a solucionar los problemas críticos de Maracaibo, aseo, vialidad, ornato, fue utilizado para el proselitismo de élite. Mientras Juan Pablo intenta posicionar su "resiliencia", la opinión pública lo percibe como el beneficiario de un pacto político que le permite evitar la condena total a cambio de una jubilación anticipada. El mito del mártir se desmorona frente a la evidencia de que su caída fue provocada por la confesión de su propia sangre, admitiendo que el patrimonio público fue el botín de una aventura insurreccional fallida
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