Hace 70 años, Aparicio le dijo a su mamá: "Por fin eres madre de un bigleaguer"
"Cuando me ví en el Comiskey Park el 17 de abril de 1956, que vi la camisa que decía Aparicio, número 11, me entró un alivio..." recordó hace varios años, el único venezolano en Cooperstown
Neuquén (Dimas J. Medina) Un día como hoy viernes 17 de abril, hace exactamente 70 años, Luis Ernesto Aparicio se convirtió en el sexto venezolano en debutar en el beisbol de las grandes ligas.
Era martes y próximo a cumplir sus 22 años de edad –nació el 29 de abril de 1934 en la popular barriada marabina de Santa Lucía-, Luisito Aparicio escribió a su señora madre, Herminia Montiel, el siguiente telegrama:
"Al fin tú eres madre de un “big-leaguer”
Como alumno del gran “Chico” Carrasquel, el hijo de “El Grande de Maracaibo”, Luis Aparicio Ortega recordó haber llorado aquel martes 17 de abril de 1956:
“Figúrate lo que para mí significa ser un “big leaguer. Hoy he llorado a solas después que se me dijo sin estar yo prevenido, que me iban a dejar como short stop regular de Chicago”, escribió Luisito Aparicio en el extenso telegrama enviado a su señora progenitora.
El día de su debut en el mejor beisbol del mundo, Aparicio bateó de 3-1 en el triunfo de su equipo 2x1 frente a los Indios de Cleveland.
Hijo de El Grande
Cuando nació en la popular parroquia Santa Lucía de Maracaibo, su papá se encontraba jugando beisbol con los Tigres de Licey en República Dominicana. Por eso, su padre lo vino a conocer tres meses después de su nacimiento.
Y heredó precisamente la versatilidad por la cual su padre fue bautizado “El Grande de Maracaibo”. Y como miembro también de una familia de conocidos deportistas, ya que su mamá Herminia Montiel era hermana del reconocido atleta zuliano José Encarnación “Pachencho” Romero, el hijo de El Grande de Maracaibo estuvo a punto de no seguir los pasos a su padre, porque lo primero que jugó fue fútbol.
Como “mascota” o “bat boy” del equipo “Gavilanes” donde se inició su papá como shor stop, el heredero no sólo estaba predestinado por la historia a suceder a su papá, sino que el día en que decidió sustituirlo, fue bendecido por la patrona de todos los zulianos: Nuestra Virgen del Rosario de Chiquinquirá o La Chinita.
“El 18 de noviembre es el día más importante que tenemos los zulianos” expresó en una entrevista-biográfica que otorgó al colega Augusto Cárdenas, el único venezolano en el Salón de la Fama de Cooperstown. “Creo que La Chinita tenía eso planificado, porque mi debut iba a ser el día anterior -17 de noviembre de 1953-, pero cayó un palo de agua por el que se tuvo que suspender el juego. Eso estaba escrito”.
Y en el viejo estadio Olímpico de Maracaibo o “Alejandro Borges”, el heredero aclaró en esa misma entrevista-biográfica, que lo primero que recibió de su padre en el aquel juego donde su equipo perdió frente a Pastora 7X4, no fue su guante: “Papá me entregó fue el bate”, ya que Gavilanes era visitante y como primer bate en el line-up, “lo primero que recibí fue el bate”
Camino a la fama
Tras su memorable debut, el heredero comenzó a perfilarse como uno de los mejores en el shor stop de nuestro país. Tanto así que tres años después, ya estaba uniformado con las Medias Blancas de Chicago, donde culminó su primer año con numeritos favorables tanto en la ofensiva como en la defensiva. Al final de la temporada, el heredero fue reconocido como el Novato del Año en la Liga Americana.
Después de convertirse en el primer venezolano en obtener el premio Novato del Año, el hijo de Herminia y El Grande de Maracaibo, comenzó a escribir su historia.
Luego de su debut en la gran carpa el 17 de abril de 1956, Aparicio jugó 18 años con Chicago, Baltimore y Boston, siendo campeón de la Serie Mundial en 1966 con los Orioles.
Participó en 13 juegos de estrellas, ganó 9 guantes de oro, ejecutó 1.553 doble plays, estafó 506 bases y conectó 2.667 hits, para un average 262, que lo llevó el 10 de enero de 1984, a ser electo miembro del Salón de la Fama en Cooperstown.
La familia
Antes de concluir en 1973 su carrera con las Medias Blancas de Chicago, el hijo de El Grande de Maracaibo sabía que el beisbol le iba a dar todo. Precisamente durante aquel 1956 cuando debutó en las mayores, el hijo de Herminia comenzó también a formar su familia.
El 13 de junio de 1956 cuando Chicago fue a Nueva York a jugar contra los Yankees, su compañero de equipo Jim Rivera le presentó a su prima Sonia Llorente, una boricua de apenas 16 años. Ese mismo día, aquella jovencita no sólo cautivó al orgullo de Santa Lucía, sino que al cabo de tres meses, ya estaban casándose.
Se conocieron en un restaurant de comida mexicana llamado “El Rancho Grande”, propiedad del ex boxeador Patsy Álvarez. El futuro esposo de aquella jovencita calificó aquel primer encuentro como inolvidable: “Era día de San Antonio, patrono de los enamorados”
Tras recibir la bendición de su futura suegra, Cándida Rosa, el hijo de “El Grande” y Llorente sellaron su matrimonio el 2 de septiembre de aquel 1956. El padrino fue nada más y nada menos que el célebre narrador argentino Buck Canel. ¡Qué molleja! Y la boda se celebró en el mismo restaurant donde se conocieron tres meses atrás
Con tan solo 17 años, la esposa del short stop de Chicago tuvo a su primer hijo: Luis Ernesto (en 1957); después nacieron Sonia Milagros (1958), Sharon Iris (1960), Karen Rose (1964) y Nelson Manuel (1965). Los dos primeros nacieron en Nueva York y Chicago y los tres último en Maracaibo.
Si bien el hijo de El Grande de Maracaibo admitió haber sido un “tipo muy fregado”, “mi esposa además de ayudarme y aguantarme ese comportamiento, también me enderezó”.
Quizás por esa razón, el hijo de Herminia heredó también esa seriedad que sólo su círculo familiar más íntimo puede descifrar.
Figura viviente del deporte venezolano
Desde 1984 cuando fue exaltado al Salón de la Fama –la noticia sobre su exaltación ocurrió el 10 de enero de 1984-, el hijo de El Grande de Maracaibo no sólo sigue siendo una de las figuras vivientes del deporte venezolano, sino también es una de las grandes referencias en el mundo del beisbol.
Y por eso, en el año 2004, cuando cumplió sus 70 años, recibió de la Universidad del Zulia el Doctorado “Honores Causa”. El mismo reconocimiento lo entregó ese mismo año la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt” –Unermab- de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo.
Y como el número 11 está vinculado a la figura grande de Luis Aparicio, en el año 2009 la gobernación del estado Zulia y el Consejo Legislativo de esta entidad decretaron 11 de noviembre como el Día de Luis Aparicio Montiel, único beisbolista en el Salón de la Fama de las Grandes Ligas, para conmemorar anualmente en toda la región zuliana la vida, obra y valores del campo corto estrella del béisbol venezolano.
“Cuando me vi en el Comiskey Park el 17 de abril de 1956, que vi la camisa que decía Aparicio, número 11, me entró un alivio. Desde esa vez no usé más nada que el 11”.
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