Choque en los cementerios: ¿Rescate Urbano o Reciclaje de Culpabilidad?

«En la política municipal, los muertos tienen dos vidas: una bajo la tierra y otra en los discursos de quienes los usan de escudo para esconder su propia desidia.» ANACLETO

Choque en los cementerios: ¿Rescate Urbano o Reciclaje de Culpabilidad?
Choque en los cementerios: ¿Rescate Urbano o Reciclaje de Culpabilidad?

Por: Luis Semprún Jurado

El Bohemio olía a café recién colado y a intriga municipal. Pasada la media mañana, la luz que entraba por las cortinas tamizaba el humo de los cigarrillos, dibujando fantasmas que parecían discutir sobre presupuestos. Sobre la mesa del rincón, el portafolio de cuero de Anacleto estaba abierto, pero no sobre mapas del Caribe, sino sobre recortes de prensa local: «100 toneladas de basura extraídas de El Cuadrado», «Ponne acusa profanación». Sus lentes de carey, ladeados, parecían apuntar a cada titular como a un blanco. El pichón de periodista, con el celular en mano mostrando un video granulado, disparó la primera: «Anacleto, ¿qué piensa del papel de francotirador que ha asumido Ponne desde el Concejo? Ataca todo: la basura, el asfalto, hasta a los muertos.» Anacleto sonrió, un gesto que no llegaba a los ojos. Dio un sorbo lento a su café. «Francotirador es un término muy noble, camarita. Implica puntería, paciencia, un objetivo claro.» Encendió un cigarrillo. «Lo de Daniel Ponne es más bien tiro al blanco con los ojos vendados. Dispara contra todo lo que brilla, esperando que algo suene a hueco. Es el último recurso del operador político que ve cómo la ciudad que dejó en la desidia empieza, contra todo pronóstico, a sacudirse el polvo. Y le aterra que el polvo le caiga encima a él.» El viejo periodista, con una risa de quien ha visto muchos caudillos caer, carraspeó. «Su narrativa es que Di Martino hace maquillaje. Que pinta fachadas mientras los problemas de fondo, agua, luz, siguen ahí.» «¡Claro que siguen ahí!» lo interrumpió Anacleto, exhalando una bocanada de humo. «Como siguen en toda Venezuela. La pregunta no es si existen. La pregunta es: ¿quién, durante cuatro años, tuvo la llave del gallinero y dejó que el zorro se comiera las gallinas? Sun Tzu decía que ‘la peor de las políticas es atacar una ciudad’. Pero más tonto aún es dejarla pudrir y luego quejarse de que el que llega huela el cadáver. Ponne y su grupo dejaron a Maracaibo oscura y sucia. Ahora se rasgan las vestiduras porque el nuevo alcalde trae escobas y pintura. Es el cinismo elevado a arte municipal.» La profesora, con aire de indignación contenida, intervino: «Pero sus críticas a los cementerios… tocan una fibra sensible, religiosa, de respeto. Acusa de profanación.» «Ah, la profanación.» Anacleto ajustó sus lentes, y su tono se volvió de hielo. «Hablemos de profanación, profesora. La verdadera profanación no es remover la maleza que cubre una tumba. La verdadera profanación es, como encontró la auditoría, robar los fondos destinados a cuidar ese reposo eterno. Es permitir que los cementerios se conviertan en selvas de inseguridad donde se roban hasta los restos. Eso es profanar la memoria y la dignidad de los vivos que confiaron. Lo otro, lo que muestra Ponne en sus videos de selección interesada, es teatro de la hipocresía. Es señalar una lápida rota de hace décadas para ocultar las cuentas rotas de ayer.» El boticario, apoyado en la barra, gruñó con la sabiduría del que atiende quejas todos los días: «La gente en la Curva de Molina y en el centro lo señalan a él, a Ponne, como corresponsable del abandono. ¿Su campaña es entonces un pataleo?» «Es el estertor de una dirigencia que confunde el sillón con el derecho divino.» Anacleto asintió. «Maquiavelo escribió que ‘los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio’. Ponne y los suyos perdieron el patrimonio político de Maracaibo. Y ahora, en lugar de hacer autocrítica, prefieren intoxicar el pozo. Critican que se limpie lo que ellos ensuciaron. Es de una bajeza estratégica tan monumental que solo puede nacer de la desesperación.» La estudiante de sociología, hojeando un informe de gestión, preguntó tímidamente: «¿Y los videos de NOTIPIN? Esa narrativa de que el rescate es mentira…» «PsyOps municipales, camarita.» Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, el ritual del pensamiento. «Operaciones psicológicas de bajo presupuesto. Muestran un encuadre cerrado de escombros, y omiten las cien toneladas ya fuera. Es la técnica del mago distraído: haz que miren la mano vacía mientras la otra guarda el conejo… o, en este caso, los recibos de los fondos desaparecidos del SEDECEMA. Es una simbiosis tóxica: el medio ‘alternativo’ crea el bulo emocional (‘¡profanan a tus muertos!’), y el político lo repite desde la tribuna, tratando de vestir de indignación moral lo que es solo pánico contable.» Hizo una pausa, mirando hacia la plaza, como si desde allí pudiera ver la ciudad entera. «Daniel Ponne no está contando los granos de arena en la playa, como dije. Está tratando de vender esa misma arena como si fuera el castillo que nunca construyó. Y el maracucho, que ha padecido la oscuridad y la basura, no es tonto. Ve la luz nueva en la plaza, ve los camiones nuevos recogiendo la podredumbre acumulada. Puede que el agua y la luz no lleguen como un milagro, pero ver que alguien, por fin, empuña la escoba después de años de verla colgada, es un mensaje más potente que mil videos editados con mala fe.»

Se levantó, caminó hacia el ventanal. Su reflexión final fue para la calle, no para el café. «Al final, esta pelea no es sobre cementerios. Es sobre la narrativa de la culpa. Ponne necesita que Maracaibo siga siendo ‘la ciudad que no pudo’, para que su fracaso se diluya en el paisaje del desastre general. Di Martino necesita demostrar que, incluso en la Venezuela difícil, se puede gobernar con las manos, no solo con los discursos. Uno apuesta al cinismo; el otro, a la evidencia tangible. Y en política local, donde la gente vive y muere con los baches y los cortes de luz, la evidencia, por mínima que sea, suele pesar más que el relato más elaborado. Porque el relato se discute en el Concejo; la evidencia, se camina.» Tomó su taza y fue a la barra. Carmen sirvió en silencio. Se sentó en su taburete, dando la espalda. La tertulia municipal había terminado. Afuera, en la Plaza Bolívar que ahora "brillaba un poco más", la batalla por el relato de Maracaibo seguía, entre toneladas de basura real y toneladas de basura digital. Y en El Bohemio, quedaba flotando la certeza de que, a veces, la política más sucia se libra alrededor de los lugares donde debería reinar, únicamente, el silencio.

El guión del escándalo: cómo se construye una mentira patrimonial - La denuncia del concejal Daniel Ponne sigue un manual previsible de intoxicación política: 1) Emocionar al máximo: usar términos como "profanación", "silencios de los difuntos", "aberración". 2) Apelar a instancias superiores: citar a la Academia de la Historia y Patrimonio Cultural, insinuando que "ya actuaron", aunque solo sea una solicitud de paralización basada en su denuncia. 3) Descontextualizar el daño: hablar de "destrucción de nichos de 1879" sin mencionar el estado de abandono total y profanación previa en que se encontraron. 4) Ocultar el origen de los fondos: la nota omite por completo la auditoría que reveló la desaparición de los recursos del SEDECEMA durante su gestión de supervisión. El decreto Nº 630 que hoy esgrime como escudo es el mismo que su administración ignoró durante años mientras los cementerios se convertían en selvas inseguras. No es defensa del patrimonio; es la teatralización de una culpa, usando a los muertos ilustres como escudos humanos para una batalla política que ya perdió en las calles.

La contradicción que delata: de la "selva" al "ataque político" - La respuesta de la Alcaldía, a través del director del SEDECEMA Alfonso Cedeño, expone la fisura fundamental del relato opositor: reconocen el abandono previo ("una selva", "todas las tumbas ya profanadas") pero son acusados de ser los profanadores. Esta contradicción es insalvable. La alianza con una empresa funeraria especializada (Exequiales de Occidente) y la invitación abierta al Centro Rafael Urdaneta y a la Secretaría de Cultura para supervisar, demuestran una estrategia de transparencia operativa frente a la opacidad contable de la gestión anterior. Mientras Ponne habla de "héroes cuyas familias ya no existen para reclamar", la actual administración muestra camiones removiendo basura real y capillas recuperadas. Es el clásico choque entre la política del espectro (fantasmas del pasado usados como munición) y la política del hecho (limpiar hoy lo que ayer se dejó pudrir). Uno exige paralizar; el otro, con las manos sucias de tierra y basura, muestra por qué no se puede volver a paralizar la ciudad en el nombre de una memoria que ellos mismos dejaron morir entre la maleza.

 

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