Los archivos gritan, el petróleo manda y el imperio tiembla

El príncipe debe temer no al que le ataca, sino al que conoce sus secretos.”  NICOLÁS MAQUIAVELO

Los archivos gritan, el petróleo manda y el imperio tiembla

Luis Semprún Jurado 

La mañana en El Bohemio estaba cargada, como esos días de lluvia que nunca terminan de estallar. El café humeaba, la radio mascullaba noticias y la tensión se podía cortar con cuchillo. No era silencio, era otra cosa: era expectación. Todos sabíamos que Anacleto, sentado a mi lado, tenía guardada una de sus descargas… y no tardó en soltarla. Se acomodó, prendió un cigarro con la parsimonia de un juez que sabe que el veredicto ya está escrito, y como quien deja caer un ladrillo en un charco, soltó: «Camaritas, hoy el mundo entero escucha cómo Trump anuncia que Venezuela es un “narcoestado terrorista”, que “hay una flota en el Caribe”, que “un submarino nuclear vigila la costa” y que lo mejor que puede hacer Maduro es renunciar. Y los medios repiten como loros: "Venezuela está en peligro”, “Maduro va a caer”. Bueno… para eso les pagan. Pero ni Venezuela está en peligro, ni Maduro ha renunciado, ni ha huido,  y Trump… creando cortinas de humo. Sigue de error en error y de fracaso en fracaso por seguir creyendo en las mentiras de Narco Rubio, perdón… quise decir Marco, un cubiche que odia a Venezuela y que está asesorado por la oposición fracasada que dirige MCM, La Sayona: 25 años con la misma cantaleta. ¿A qué creen ustedes que le teme más el “felon convicted”? ¿A que en EEUU empiecen a criticar sus fracasos? ¿A que Venezuela, con sus reservas de petróleo y minerales, se arrime a China, Rusia e Irán, abriendo las puertas de los BRICS?, ¿o a que se develen los archivos de Epstein, que lo pueden desnudar como cómplice y cliente de Jeffrey?» Nadie contestó. Cada uno tenía su respuesta en la punta de la lengua. El boticario hizo ademán de hablar, pero Anacleto no lo dejó. «No se engañen. El ruido del Caribe, los barcos de guerra, el submarino con bandera extranjera merodeando nuestras aguas, la acusación de que Venezuela es “cartel”, “amenaza” y “cabeza de la serpiente”... todo eso no es más que una vieja táctica. Cuando no puedes apagar el incendio en casa, inventas fuegos en el patio ajeno.» Un estudiante de periodismo levantó tímidamente la mano. «¿Entonces, maestro, lo del narcotráfico…?» Anacleto soltó la carcajada seca de siempre. «¡Ay, camarita! Mira que ingenuidad la tuya. ¿Dónde están los cultivos de coca? ¿En Venezuela? No. ¿Dónde se procesan toneladas de cocaína? ¿Aquí? No. ¿Quién exporta a gran escala? ¿Venezuela? No. ¿Y quién consume más droga en el mundo? Pues los mismos que nos acusan. Allí, en las calles del norte, donde el fentanilo arrasa como peste medieval, no ves ni submarinos ni bloqueos, ni funcionarios; solo funerarias llenas. La hipocresía es tan grande que se huele desde aquí.» El viejo periodista, que llevaba toda la mañana removiendo el azúcar sin probar el café, murmuró: «Pero las acusaciones del Departamento de Justicia…» «¡Bah!» lo cortó Anacleto con un gesto de fastidio. «Acusaciones que se repiten como letanías, pero que no tienen concordancia con los informes de Naciones Unidas. Esos sí dicen que en Colombia, con siete bases gringas operando, la coca crece como selva. Allí sí están los laboratorios, los cultivos y las rutas. ¿Y qué hace el imperio? Nada. Porque Colombia es su socio. Así que no me hablen de “narcoestado” cuando el verdadero negocio fluye por los puertos vigilados por ellos mismos.» El coronel retirado, que siempre se hacía presente con su voz de trueno, golpeó la mesa con el vaso. «Entonces, ¿qué buscan con todo este ruido?» Anacleto soltó otra carcajada seca. «Sigo siendo de la idea, como he expuesto en charlas anteriores, que todo es un pote de humo para: Primero que nada tapar sus fracasos, no solo en 34 condenas por acusaciones legales ni en sus políticas domésticas que solo dividen y empobrecen, sino: de su guerra arancelaria contra China, Rusia, India… que solo perjudicó a los consumidores gringos; de su mediación en Gaza, donde su apoyo ciego a Netanyahu solo aceleró el genocidio; de su encuentro en Alaska con Putin, donde fue humillado y luego mintió sobre el resultado; de sus sanciones a Venezuela, Nicaragua y Brasil, que no les hicieron cosquillas, pero sí aislaron a EE.UU. y su mayor fracaso de todos: su incapacidad para detener el narcotráfico… mientras tiene siete bases militares en Colombia. Anacleto miró como quien acaricia a un perro fiel y continuó: «Camaritas… no busca salvar a sus jóvenes del veneno blanco, ni combatir la amapola que los envenena, ni acabar con las redes financieras que lavan dólares. Ellos manejan el negocio de las drogas con la DEA. Lo que quieren es frenar que Venezuela ponga sus recursos al servicio de un mundo multipolar. Temen que el petróleo se deje de vender en dólares… se les esfumaría el poder, y eso sería el principio del fin del imperio del dólar. Balzac lo retrató con precisión: “Los poderosos tiemblan más ante la quiebra de su fortuna que ante la ruina de su honor”.» La profesora preguntó levantando una ceja. «¿Y los archivos de Epstein?»  Un silencio espeso llenó el café. «Ah, ese es el otro punto fuerte de mi teoría: los temidos Archivos de Epstein» dijo Anacleto. «¿A qué le teme más Trump? ¿A sus fracasos? ¿A que el petróleo venezolano esté en manos de China e India? ¿O a esos archivos? ¿Qué opinan? Si se publican esos Archivos en el centro estarán ellos: el "felon convicted" y la mujer que nunca habló. ¿Y qué pasaría?  Adiós a su carrera política, a la presidencia y le tocarán sus años de cárcel. Si sus fracasos se viralizan, pierde su gobierno únicamente. Y si Venezuela vende petróleo fuera del dólar, entonces el imperio pierde su corona económica, “un error político y nada más”.» Anacleto aspiró el cigarrillo, dejó escapar el humo en una nube lenta y continuó con esa sonrisa malvada que tanto incomoda. «¡Ese es el meollo! Esos documentos, esos nombres, esos vuelos y fiestas... ¡son dinamita! Camaritas, ¿por qué creen que cada vez que un juez amenaza con abrir un folio, se arma un alboroto en el Caribe? No es Venezuela lo que los desvela, sino la posibilidad de que las fotos, las listas y las declaraciones expongan a los que siempre se sintieron intocables. Trump lo sabe, su entorno lo sabe, y la prensa del norte también lo sabe.» El boticario, con gesto teatral, preguntó: «¿Entonces lo de la invasión es una cortina de humo?» «¡Exacto!» exclamó Anacleto. «Una distracción de manual. Como cuando en los ochenta inventaron guerras para tapar el “Irán-Contra”. ¿Recuerdan? Aviones de la CIA cargados de cocaína para financiar escuadrones de la muerte en Centroamérica, mientras en los barrios de Los Ángeles explotaba la epidemia del crack. Cambian los nombres, cambian los presidentes, pero la receta sigue igual.» Un curioso, libreta en mano, preguntó: «¿Y qué pasa si de verdad intentan entrar en Venezuela?» Anacleto rió con sorna. «Pues se llevarían una sorpresa. Aquí no se juega con escopetas de feria. Hay un entramado de defensa aérea que no se exhibe en televisión, pero existe: S-300, Buk, Tor, Pantsir, interceptores Su-30 y radares chinos capaces de ver lo que otros llaman invisible. Aquí, camarita, no se entra barato. Lo saben en Washington y lo saben en el Pentágono. Una amenaza de invasión puede servir para titulares, pero en términos de cálculo militar el costo sería muy alto. Además, nuestros aliados China y Rusia lanzaron sus advertencias: “Cuidado te metes con Venezuela”.» La profesora preguntó con voz grave: «Entonces, ¿qué es lo que realmente le aterra?» Anacleto aplastó el cigarro en el cenicero y se inclinó hacia todos. «A ese mentiroso compulsivo le aterran dos palabras: archivos y poder. Archivos, porque los papeles de Epstein pueden derribar su careta de emperador y exponer a medio “stablishment”… y hasta ir preso. Poder, porque si Venezuela se une a la ruta de los BRICS, el dólar se tambaleará. Y un imperio sin moneda dominante es un imperio desnudo.» Se quedó en silencio un instante. Luego, con voz más baja, añadió: «El verdadero síntoma es el miedo; miedo a su pasado y miedo a un futuro donde el mapa ya no lo dibujan ellos. Y ese miedo, camaritas, no se cura con portaaviones ni con discursos.» El viejo periodista cerró su libreta, como dando por concluida la lección. Anacleto citó a Balzac, la frase ideal para el momento: «“La hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Y este circo del Caribe no es otra cosa que eso: un homenaje hipócrita a la verdad que temen.» Además dejó una sentencia que aún retumba en las paredes de El Bohemio«El armario siempre se abre, camaritas. Y cuando se abra, no habrá portaaviones que lo tape.»

Los Archivos de Epstein se han convertido en la verdadera arma de destrucción masiva a la que Trump le tiene pavor. La filtración de expedientes y testimonios relacionados con su otrora “mejor amigo” han creado un fantasma que ronda la política gringa. No se trata solo de nombres que circulan en listas o vuelos en el “Lolita Express”, sino de la posibilidad de que se confirmen viejas sospechas. No solo el estadounidense, sino el resto del mundo creen que Trump y Melania aparecen, no solo mencionados, sino incriminados en esos archivos, lo que constituiría una prueba de delito. ¿Quince años siendo uña y mugre y no sabía ni participó en nada? No olviden que los republicanos del senado han estado protegiendo la identidad de unos depredadores de niños al impedir la publicación de esos expedientes. ¡Y se hacen llamar “honorables y decentes”! Cada vez que un juez anuncia la desclasificación de nuevos folios, la reacción mediática y política busca desplazar la atención a otro lado. El temor no está en lo que se prueba hoy, sino en lo que podría probarse mañana: un archivo que desnude la impunidad histórica de las élites y que, de paso, se convierta en dinamita electoral. Epstein murió “suicidado”, Maxwell y los archivos siguen vivos.

Venezuela no ha ingresado formalmente como miembro pleno de los BRICS, pero su camino hacia el bloque es real, claro y estratégico. Tras la cumbre de Johannesburgo en 2023, fue invitada a participar en el proceso de expansión, y desde entonces ha avanzado en negociaciones clave con China, Rusia e India para integrarse al Banco de Desarrollo Nuevo (NDB) y al sistema de pagos alternativo al SWIFT. El país posee las reservas de crudo más grandes del planeta, y su orientación hacia un bloque, que busca reducir la dependencia del dólar, pondría en jaque el monopolio financiero de Washington. El verdadero “peligro” no es un cargamento ficticio de cocaína, sino un barril de petróleo que empiece a cotizarse en yuanes o en rublos o en petros, que le haría perder su monopolio. La diplomacia estadounidense sabe que la verdadera fortaleza de su moneda depende tanto del mercado energético como de la fe geopolítica. Si Venezuela mueve su tablero, el dólar deja de ser un dogma y pasa a ser una moneda más. Y ese solo escenario basta para encender las alarmas en Wall Street y en el Pentágono. Por eso, responde con sanciones, con acusaciones, con flotas en el Caribe. No por seguridad. Por supervivencia

El despliegue militar en el Caribe es una cortina de humo cada vez más peligrosa que se repite desde 2020, con la “operación antidrogas”: barcos de guerra, declaraciones altisonantes, recompensas millonarias y titulares que presentan a Venezuela como epicentro del crimen transnacional. En agosto de 2025, el USS Iwo Jima, con una flota de escolta y el submarino USS Newport News, sería desplegado en el norte del Mar Caribe, cerca de las aguas venezolanas con el pretexto del "combate antidrogas". Pero el 80% del tráfico sale por el Pacífico, no por el Caribe. Así que el despliegue no es contra el narcotráfico. Es contra la soberanía de Venezuela; una maniobra para intimidar directamente a su gobierno. Los datos oficiales de la ONU ubican los cultivos y laboratorios en Colombia, Perú y Bolivia, no en Venezuela. Lo que sí existe aquí es un sistema de defensa aérea sofisticado, S-300, Pantsir, radares chinos y aviones Su-30, que convierte cualquier intento de invasión en un riesgo de alto costo. La amenaza real no está en Caracas, sino en Washington, donde cada cortina de humo busca tapar crisis internas, judiciales y electorales. La flota en el Caribe no combate drogas sino silencios incómodos. ¿Desafiará la advertencia de China, Rusia e Irán, aliados de Venezuela? Su amenaza no asusta, sólo despierta unidad y resistencia.

 

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